Carta · tomo VI
A JUAN MARTIN
1 de diciembre de 1656
2267 [2175,VI,138-141] A JUAN MARTIN París, 1 de diciembre de 1656 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Me he alegrado mucho al recibir noticias de ustedes en su cariñosa carta del 13 de noviembre.
Las nuestras son las siguientes.
Todos nos encontramos bastante bien, gracias a Dios.
Una parte de nuestra gente anda misionando por varias diócesis, Y ________ 1.
Jn 12, 25.
Carta 2267 (CF).
— Archivo de Turín, original. 133
la otra se prepara para la ordenación.
Nuestro seminario está muy poblado; el Padre Berthe es su director.
Tenemos también un gran número de alumnos, de los que unos estudian teología con el Padre Watebled y los otros filosofía con el Padre Eveillard.
El colegio de Bons-Enfants, bajo el Padre Dehorgny, está también lleno y el seminario de San Carlos va aumentando con los cuidados del Padre Talec.
Nuestros pobres misioneros de Polonia han tenido que sufrir el rigor de dos o tres asedios y finalmente se han visto despojados de todo, hasta de sus hábitos.
Les sobrevino la peste y fue atacado por ella el Padre Desdames; pero la bondad de Dios ha sido tan grande que les ha conservado la vida en medio de estos graves peligros de guerra, de hambre y de contagio.
Creo que actualmente están fuera de peligro y bajo la protección de la reina.
Dios ha querido conceder otra gracia muy especial a la compañía en las personas de los padres Boussordec, Herbron y del hermano Cristóbal, que se habían embarcado en Nantes para ir a Madagascar y que se han salvado del funesto naufragio que sufrió su barco; éste, habiendo levado anclas el 30 de octubre, se vio enseguida rechazado por un viento contrario, que le obligó a volver a la bahía y detenerse frente a Saint-Nazaire.
El día de Todos los Santos, dichos padres dijeron la santa misa en el barco; pero como el meneo del barco les molestaba, fueron a tierra el día siguiente para ir a celebrar a una iglesia, dejando al hermano en el barco.
Hecho esto, cuando quisieron volver a bordo no encontraron a nadie que se atreviera a llevarles en una chalupa, ya que el mar estaba muy agitado, a pesar de que intentaron varias veces volver allá.
El día 3 de noviembre, entre las diez y las once de la noche, la tempestad fue tan violenta que destrozó al barco sobre un banco de arena, en medio de la ría, a unos tres cuartos de legua, en donde más de ochenta personas perdieron la vida.
Algunos prepararon una balsa para salvarse y nuestro hermano encontró la forma de subirse a ella; y con un crucifijo en la mano, sin asustarse, extendiendo su manto para que sirviese de vela, flotó desde Saint-Nazaire hasta Paimboeuf, o sea, más de dos leguas, en compañía de 15 ó 16 personas, asegurándoles que no morirían si tenían verdadera con 134
Tomo VI · página PDF 134fianza en Dios (fíjese bien en la fe de ese muchacho).
Y en efecto, sucedió lo que les decía, ya que todos se salvaron, excepto uno que murió de frío y de miedo.
¿No le parece, Padre, una protección especialísima de Dios sobre estos tres misioneros y especialmente sobre este buen hermano, que a pesar de su timidez natural tuvo sin embargo el coraje suficiente para animar a los demás en aquel peligro tan inminente?
Le ruego que dé las gracias a la divina bondad.
Había tan malas costumbres en aquel barco que el Padre Boussordec me indica que había dicho más de veinte veces que aquel barco no llegaría a buen puerto.
Le pido a Nuestro Señor que sea él el nuestro y que le dé también a usted fuerzas para salir con bien de esa gran misión que ha emprendido, en la que solamente podemos ayudarle con nuestras oraciones.
Por eso se las ofrecemos frecuentemente a Dios.
Le estamos preparando además un buen obrero que podrá ayudarle en adelante y que saldrá después de nuestra ordenación o antes, si es posible.
Nos gustaría mucho poder enviar con él a un hermano, pero nos resulta difícil encontrar uno tal como usted lo necesita.
Por eso, si encuentra usted un buen muchacho por ahí, le aconsejo que se sirva de él.
Le doy gracias a Dios por la feliz llegada del buen padre de Musy.
Su afición a la lengua y al trabajo le capacitará enseguida para sus funciones.
Lo que más temo es que sucumba usted bajo el peso de su trabajo; por eso le recomiendo que modere sus esfuerzos y que cuide de su salud.
La de nuestros hermanos de Roma y Génova sigue siendo buena, según me escriben; pero la verdad es que todavía están en peligro.
Espero que Dios les libre de él.
Saludo a su pequeña comunidad, de la que soy, y especialmente de usted, en Nuestro Señor, el más humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al Padre Martín, superior de los sacerdotes de la Misión de Turín. 135
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