Carta · tomo VI
A UN SACERDOTE DE LA MISIÓN
2268 [2176,VI,141] A UN SACERDOTE DE LA MISIÓN Le doy las gracias por su carta y por su afectuoso regalo.
Su corazón es demasiado bueno para ponerse en manos tan malas como las mías; sé muy bien que no me lo da usted más que para que se lo entregue a Nuestro Señor, a quien pertenece y a cuyo amor desea usted que tienda incesantemente.
Así pues, que su querido corazón sea únicamente, desde ahora, de Jesucristo y que viva allí plenamente y para siempre, en el tiempo y en la eternidad.
Le ruego que le pida a Nuestro Señor que me dé alguna parte en el candor y en la sencillez de su corazón, que son unas virtudes que necesito mucho y cuya excelencia nunca lograremos comprender por completo.
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