Carta · tomo VI
A GUILLERMO DEL VILLE, SACERDOTE DE LA MISIÓN DE ARRAS
6 de enero de 1657
2280 [2187,VI,154-156] A GUILLERMO DEL VILLE, SACERDOTE DE LA MISIÓN DE ARRAS 6 de enero de 1657 Han llegado los tres postulantes que nos ha enviado 1; los hemos acogido con afecto, como venidos de su parte.
Me indica usted la razón por la que nos había enviado a aquel cojo, que se marchó recientemente; yo ya me había imaginado, Padre, que le habían urgido para ello y que, al no tener fuerzas para resistir las presiones de quienes querían enviarlo, se vio usted obligado a condescender con ellos.
Quiero creer que ha sido eso mismo lo que ha ocurrido con uno de estos tres, llamado..., en el que no ha encontrado usted las cualidades que se necesitan para la compañía; sin embargo, nos lo ha enviado para darles gusto a los que intercedieron por él, no teniendo ánimos para rechazarlo viendo en él cierta buena voluntad.
Y siento mucho que así sea, por el disgusto que tendrá al saber que no lo hemos recibido en el seminario.
Le hemos encontrado demasiado flojo en latín; le envío una composición que nos ha hecho y ya verá usted lo muy lejos que se encuentra de los estudios que debería tener.
Todas ________ 2.
Juan Bautista Taone.
Carta 2280.
— Reg. 2, 38. 1.
Maximiliano Francisco Cuveron, Carlos Taquet y un tercero que no perseveró. 148
las personas a las que he dicho que examinen sus señales de vocación, han juzgado que no las tenía y le han aconsejado que se marchara.
Esto me obliga a rogarle expresamente que no obligue a los riesgos del viaje a nadie que no le parezca llamado por Dios.
No lo son todos los que se presentan, por lo menos aquellos que no tienen las disposiciones de cuerpo y de espíritu convenientes a nuestro Instituto y a nuestras tareas.
Los dos años de prueba no son para reconocer si tienen las disposiciones requeridas, ya que es preciso haberles reconocido antes sino para que se afiancen más en ellas y para que sobre esa base eleven el edificio de las virtudes que constituyen a un buen misionero.
Por tanto, Padre, hemos de mantenernos en una libertad de elección tan grande que esté por encima de todas las consideraciones humanas.
Nuestro Señor decía: «No sois vosotros los que me habéis elegido; soy yo el que os he elegido y ordenado» 2, para que sepamos que solamente es él el que tiene derecho a llamar a las funciones evangélicas.
Esto hace que haya tanta diferencia entre una vocación y otra como la que hay del sol a la luna y del día a la noche; porque la que no viene de Dios no es más que la sombra de la verdadera vocación, aunque se cubra de hermosos pretextos y de muy buenos hábitos.
No dudo, sin embargo, Padre, de su discernimiento; pero, lo mismo que yo no atiendo el mío propio cuando se trata de admitir a los pretendientes entre nosotros, sino que, después de haberlos probado de diversas maneras, pido todavía el parecer de varios de la compañía, también creo que debe usted tomar muchas precauciones para que no le engañen, sobre todo en estos casos: hacer que escriban las composiciones en su presencia, enviarnos sus composiciones e indicarnos exactamente su edad, su salud, sus costumbres, sus cualidades, etcétera, para que podamos juzgar si valen para nosotros, antes de hacerles venir.
Me pregunta usted a propósito de los sacerdotes postulantes si los recibimos, aun cuando no paguen las cien libras por sus hábitos.
Sí, Padre, los recibiremos, si sólo es cuestión de eso, con tal que por lo demás sean como deben ser, ya que como estarán vestidos de eclesiásticos, suponemos que tendrá cada uno su sotana y su manteo. ________ 2.
Jn 15, 16. 149
También suponemos que los demás que no sean sacerdotes traerán cada uno su título en debida forma, y que antes de mandárnoslos les informará usted de nuestras prácticas más difíciles y de la sumisión que han de tener, a fin de que cuando lleguen no encuentren nada extraño.
Tomo VI · p. 157Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.