Carta · tomo VI
A JUAN MARTIN
23 de febrero de 1657
2312 [2218,VI,237-239] A JUAN MARTIN París, 23 de febrero de 1657 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Acabo de recibir su carta del 9 de febrero.
Le doy gracias a Dios por esas disposiciones que le da al Padre Planchamp y por todas esas cosas buenas que me dice de él.
Según eso, le escribo que podrá hacer los votos cuando hayan acabado los dos años de su seminario, en presencia de usted, según la práctica de la compañía.
También me alegro mucho de saber que el hermano Albino 1 se ha entregado a Dios de esa manera y con la preparación que ha hecho.
Dígale que le abrazo en espíritu y que de todo corazón le pediré a Nuestro Señor que confirme en el cielo la acción que acaba de realizar en la tierra, de forma que permanezca eternamente unido a su divina Majestad, a la que se ha consagrado con sus votos 2.
La ayuda que usted está esperando de aquí no ha salido todavía, con gran pena de mi parte, que le he prometido tantas veces enviársela cuanto antes.
Le ruego que me perdone y que presente mis excusas al señor marqués.
Este retraso se debe a varios incidentes imprevistos que se han presentado y a algunas nuevas ocupaciones que se le han echado encima a un buen ________ Carta 2312 (CF).
— Archivo de Turín, original. 1.
Albino Gontier. 2.
El 9 de febrero 233
sacerdote saboyano que le habíamos destinado y que le retienen todavía en la casa en donde está.
Ya hemos enviado allá un sacerdote en su lugar, pero tiene necesidad de formarse un poco antes de poder cumplir con sus funciones y antes de que pueda dejarlas el otro, que es como el corazón de la familia.
Desde aquí aceleraremos SU venida a París y su posterior marcha para Turín; procuraremos que le acompañe un hermano, tal como usted desea.
Entretanto, como le veo tan atareado bajo el peso de sus misiones, le he pedido al Padre Jolly que le envíe al padre de Martinis, bien por el camino de Marsella, donde tendrá que pasar la cuarentena, o bien por el de Milán, si cesa la peste en Roma como hay motivos de esperar.
Es un sacerdote muy bueno, muy sumiso y que da muy buen ejemplo; su superior me ha hablado muy bien de él.
¡Apenas acaba de llegar a casa, en donde yo deseaba que descansara usted un poco, y ya me habla de volver al trabajo, adonde creo ya habrá regresado!
¡Quiera Dios darle fuerzas con su gracia y que, santificando cada vez más a su alma, santifique también por medio de ella a las de esos pueblos!
No veo ninguna dificultad en que trabajen ustedes en las ciudades que no tienen obispado ni justicia soberana, con tal que sus trabajos en ellas sean proporcionados a sus fuerzas.
Saludo a su pequeña comunidad y le pido a Nuestro Señor que la bendiga y dé fruto a sus trabajos.
Por aquí estamos bastante bien, gracias a Dios.
Tenemos 60 ordenandos y en el seminario interno hay unos 40 seminaristas.
En el colegio de Bons-Enfants hay más eclesiásticos de los que pueden alojarse, pues hay 65 de fuera.
No sabemos qué hacer para recibir a otros muchos que se presentan; hemos puesto camas en donde nunca las ha habido e inventamos medios para colocarles a todos.
El seminario de San Carlos está también muy poblado.
Dios quiere bendecir casi por todas partes a la compañía en sus funciones; y digo casi para exceptuar a nuestros pobres hermanos de las Hébridas y de Polonia que, rodeados de todas las aflicciones de la guerra, no pueden comunicarnos ni lo que sufren ni lo que hacen, pues solamente recibimos de ellos noticias ya viejas y bastante inciertas.
Los encomiendo sus oraciones, y generalmente todas nuestras necesidades. 234
Se está trabajando en París por la fundación de un gran hospital para dar de comer, instruir y proporcionar trabajo a todos los pobres mendigos, para que no veamos más a ninguno por la ciudad ni en las iglesias.
Es un proyecto muy bien estudiado y que sigue adelante.
Quieren incluso que la pobre Misión lleve su dirección espiritual; el rey y el parlamento se lo han encargado con el beneplácito del señor arzobispo, incluso antes de haber consultado con nosotros 3, y han ordenado también que sean las hijas de la Caridad las que se ocupen de esos pobres.
¡Quiera Dios darnos su gracia para este nuevo trabajo, si es su voluntad encomendárnoslo, ya que todavía no estamos del todo decididos a hacernos cargo de él!
Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al Padre Martin, superior de la Misión de Turín.
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