Carta · tomo VI

A HONORATO BELART 1

6 de agosto de 1657

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VI
Extensión
1.060 palabras
Página inicial
385
Ver tomo

2426 [2330,VI,385-388] A HONORATO BELART 1 París. 6 de agosto de 1657 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

He recibido las dos cartas que usted me ha escrito, de los días 10 y 16 de julio.

Me parece que dice usted más de lo que yo veo, pues tengo demasiadas pruebas de su afecto al seminario para dudar nunca de él; esto hace que suspenda mi juicio sobre las quejas que me han dado de su comportamiento demasiado seco hasta que usted me haya dicho qué es lo que ha pasado.

No estaría tan preocupado como estoy si no me hubieran indicado desde tres o cuatro sitios distintos los malos efectos que se han seguido de ello.

Por una parte he sabido la indignación que sintió uno de sus seminaristas y el escándalo que por ello recibieron los demás debido a las injurias que usted pronunció en presencia de todos, llamándole varias veces desvergonzado y tratándolo con ________ 1.

San Francisco de Sales.

Carta 2426.

— Archivo de la Misión, copia del siglo XVII o XVIII.

También se encuentra en este archivo la minuta de la carta, escrita por el secretario. 1.

Tomo VI · p. 385

El nombre del destinatario va indicado al pie de la primera página de la minuta.

Honorato Gélart nació en Montreuil-sur-Mer (Pas-de Calais), entró en la congregación de la Misión el 2 de agosto de 1647, a la edad de 17 años, hizo los votos el 8 de octubre de 1649. 363

Tomo VI · p. 385

otras palabras duras 2.

Por otra parte me han escrito que se han salido del seminario gran número de sacerdotes y de clérigos por no poder digerir la acritud de sus reprimendas.

He sabido también de otra fuente que otros, que estaban dispuestos a entrar en él, han cambiado de idea al saber que es usted demasiado duro.

Y finalmente, Padre, me han dicho que los que están ahora bajo su dirección están molestos al verse tratados con tanta aspereza y andan poco edificados de los celos que aparecen en usted cuando les hablan los antiguos o se meten en asuntos de su dirección.

La verdad es que si esos avisos hubieran procedido de una persona solamente tendría razón para no detenerme en ellos; pero, como me lo han asegurado diferentes personas de varios lugares, externos y en diversas ocasiones, tengo motivos para temer que entre tantas cosas y muchas otras que sería demasiado largo explicar debe haber algo de verdad; además, sé también que cuando estaba usted en Richelieu sucedieron cosas por el estilo.

Tomo VI · página PDF 364

Por eso, Padre, le ruego que ponga reflexión en su manera de obrar y que se ponga en manos de Dios para corregir, con su gracia, todo lo que vea en usted de malo; pues, además de la ofensa que por ello recibe su divina Majestad, a pesar de la buena intención que usted tenga, suceden otros inconvenientes.

El primero es que esos señores que salen descontentos del seminario pueden cansarse de la virtud, caer en el vicio y perderse, por haber salido demasiado pronto de esa santa escuela, al no haber sido tratados con mansedumbre.

El segundo es que hablan mal del seminario e impiden que otros entren en ese lugar, en donde recibirían las instrucciones y la gracia convenientes a su vocación.

Y en tercer lugar, la mala reputación de una casa particular cae sobre toda la pequeña compañía, la cual, al perder por ese medio una parte de su buen olor, recibe un notable perjuicio para el progreso de sus funciones y ve disminuir el bien que ha querido Dios hacer por medio de ella.

Si dice usted que no ha observado esos defectos en usted, es ésta una señal de que no se conoce suficientemente bien; ________ 2.

Tomo VI · página PDF 364

En la minuta se lee: «infiriéndole otros ultrajes, hasta llegar a amenazarle con la mano». 364

Tomo VI · página PDF 364

porque, si se conociera como es debido, tal como ha de conocerse un sacerdote de la Misión 3, se juzgaría el más imperfecto de todos, creería que es usted culpable de esas cosas y atribuiría a una especie de secreta filautía 4 el no ver en usted lo que ven los demás, sobre todo después de que le han advertido de ello.

Pero, a propósito de advertencias, también me han dicho que no puede usted tolerar ninguna de su superior, y menos aún de los demás.

Si es así, Padre, ¡Dios mío!, ¡cuán tremenda es su situación y cuán lejos está de la de los santos, que se rebajaron ante el mundo y se alegraron siempre que les indicaban las pequeñas manchas que había en su conducta!

Eso es imitar muy mal al Santo de los santos, Jesucristo, que permitió que le reprocharan públicamente el mal que no había hecho y que no dijo una sola palabra para ponerse a cubierto de esta confusión.

Aprendamos de él, Padre, a ser mansos y humildes.

Tomo VI · página PDF 365

Son las virtudes que usted y yo tenemos que pedirle incesantemente y en las que tenemos que poner una atención muy especial para no dejarnos sorprender por las pasiones contrarias, que producen tan malos efectos y que destruyen de un solo golpe todo el edificio espiritual que se había ido construyendo.

¡Quiera Nuestro Señor iluminarnos con su espíritu para que veamos las tinieblas del nuestro y someterlo a los que él ha puesto para dirigirnos!

¡Que él nos anime con su mansedumbre infinita, a fin de que se derrame en nuestras palabras y en nuestras acciones para que seamos agradables y útiles al prójimo, y que él le inspire la idea de pedirle muchas veces esta gracia para mí, tal como se lo suplico y que soy, en su amor, aguardando su respuesta, su muy humilde y querido servidor.

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión ________ 3.

La minuta, cuyo texto ha sido reproducido por A BELL Y, o.c.., l.

III, cap.

XXIV , sec.

I, 34, indica: «Es una señal, Padre, de que tiene usted muy poca humildad; porque si tuviera usted tanta como le pide Nuestro Señor a un sacerdote de la Misión, etc.». 4.

Tomo VI · página PDF 365

En lugar de filautía, o amor propio. 365

Tomo VI · página PDF 365

Nuestra intención ha sido siempre que el seminario y los seminaristas dependan por completo del superior y, en su ausencia, de la persona que le represente; esto es lo que se practica en todas partes, de forma que los que dan clase reciben de ellos la dirección y la corrección y tienen que ajustarse en todo a lo que ellos indican.

En nombre de Dios, Padre, hágalo usted así.

Tomo VI · página PDF 366

Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.

Volver arriba ▶ VicenPlay