Carta · tomo VI
A UN SACERDOTE DE LA MISIÓN
2430 [2334,VI,393] A UN SACERDOTE DE LA MISIÓN ¡Qué feliz es usted, Padre, por servir de instrumento en manos de Nuestro Señor para formar buenos sacerdotes, y un instrumento tal como es usted, que los ilumina y los entusiasma al mismo tiempo!
Con eso desempeña usted el oficio del Espíritu Santo, que es el único al que pertenece iluminar y encender los corazones; o mejor dicho, es ese Espíritu santo y santificador el que actúa por medio de usted, ya que mora y obra en usted mismo, no sólo para hacerle vivir de su vida divina, sino también para restablecer su misma vida y sus operaciones en esos señores, llamados al ministerio más alto que existe en la tierra, por el que tienen que ejercer las dos grandes virtudes de Jesucristo, a saber, la religión para con su Padre y la caridad para con los hombres.
Así pues, Padre, mire a ver si hay en el mundo alguna tarea más necesaria y más apetecible que la suya.
Yo ciertamente no la conozco y creo que tampoco Dios ha tardado en convencerle a usted de ello, ya que le ha dado ese empeño para trabajar en ella y una gracia tan grande para obtener fruto.
Humíllese sin cesar y confíe plenamente en Nuestro Señor, a fin de que le haga una sola cosa con él.
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