Carta · tomo VI

A JUAN MARTIN

24 de agosto de 1657

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VI
Extensión
1.109 palabras
Página inicial
386 (PDF)
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2445 [2349,VI,412-415] A JUAN MARTIN París, 24 de agosto de 1657 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Después de haber estado mucho tiempo aguardando carta de usted, ha llegado finalmente una del día 11 de este mes, ________ Carta 2445 (CF).

— Archivo de Turín, original 386.

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que habla de otra escrita el día 4 y que no he recibido; siento mucho la pérdida de esta última, ya que por lo visto contenía algunos detalles de la misión de Savigliano y de la situación en que se encuentra actualmente su familia; espero que no se trate de una pérdida, sino simplemente de un retraso.

En la última me hacía usted una descripción de aquel lugar, de su situación, de la bondad de los pueblos, que se inclinan fácilmente hacia el bien, y de la utilidad de un seminario, si llegara a fundarse; y añade usted que piden obreros de la compañía y que, si aprueba esa fundación, le envíe cuatro o cinco.

Doy gracias a Dios por semejante disposición y le ruego que, si es su voluntad hacer que se lleve a cabo ese proyecto, facilite los medios para ello.

Entretanto tengo que decirle que no podemos de momento tomar aquí ninguna resolución sobre el mismo, ya que no me indica usted quiénes son los que le han pedido misioneros ni qué seguridades han dado para su mantenimiento.

Haga el favor de indicármelo y ya veremos.

Me parece que me escribió usted anteriormente que se trataba de una ciudad episcopal y que estaba la sede vacante.

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Sería necesario saber si el cabildo y el señor vicario general le han hecho esta propuesta, si hay ya un alojamiento indicado, etcétera.

No sé cómo el Padre Richard puede estar aguardando nuestro permiso para irse a su país, si le pedí expresamente que no pensara en ese viaje, ya que no veía por su parte ningún motivo especial 1 para hacerlo, sino más bien muchas razones para que se quedase en donde está.

Le ruego, Padre, que haga todo lo que pueda para disuadirle, exponiéndole los inconvenientes de estos viajes, los peligros, lo inútiles que resultan, la pérdida de tiempo, el mal ejemplo que se da a la compañía, las necesidades de su casa, los frutos de sus misiones, la buena disposición de los buenos y la abundante cosecha que les espera.

Si él se pone a pensar en todo esto, verá que ese impulso que le mueve es una tentación y que es voluntad de Dios que se prive de esta satisfacción. ________ 1.

Primera redacción: ningún motivo razonable.

La palabra especial es de mano del santo 387

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Lo mismo digo a propósito del padre de Musy.

¡Ay!

Si uno de ellos se marchara, ¿cómo podría usted retener al otro?

Y si los dos se van, ¿cómo podrán vivir en paz habiendo dejado que fracase, en lo que de ellos depende, la obra de Dios por esos intereses temporales que sirven de pretexto a su propia voluntad?

¡Que Dios les dé la gracia de cumplir la suya!

Me he enterado por las cartas del Padre Blatiron, escritas a principios de julio, de la gran desolación en que se encontraba la pobre ciudad de Génova y el enorme peligro en que estaba nuestra pobre familia.

Desde entonces no he recibido noticias suyas; pero el Padre Jolly me ha comunicado que ha recibido carta del 13 de dicho mes y que el contagio había atacado casi al mismo tiempo a tres misioneros, a saber, al Padre Ennery, al Padre Francisco Vincent y al hermano Juan; que el primero se había ido a Dios el día cuarto de su enfermedad y que los otros estaban todavía con vida.

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Esta noticia nos ha afligido mucho; por lo que a mí se refiere, me parece que nunca lo he estado tanto como hasta ahora, no sólo por la pérdida de un misionero tan bueno como era el Padre Ennery, sino también por el grandísimo temor que tengo de que Dios haya llamado a algunos otros y quizás a todos.

Aquí pedimos incesantemente a Dios por todos ellos, vivos y muertos, y no dudo de que ustedes harán otro tanto.

Así pues, pienso en aquella pobre casa como desierta, lo cual nos obliga a poblarla de nuevo, después de que haya querido Dios limpiar a aquella república infectada.

Por eso he recibido la propuesta que me hace usted de un nuevo establecimiento en el Piamonte como un medio que Dios nos presenta para tener y formar nuevos sujetos para toda Italia.

Entretanto hemos puesto los ojos en algunos de nuestros alumnos para enviárselos cuanto antes, a fin de que después de haber aprendido la lengua le den oportunidad de dejar a todos satisfechos.

Les prepararemos para ello.

Por aquí no tenemos otra novedad; estamos bastante bien, gracias a Dios.

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El Padre Alméras ha vuelto a Bourbon, acompañado de los padres Perraud, Watebled y Eveillard.

Si se hubiera perdido la carta extraviada, me alegraría usted mucho si me dijera lo que contenía, porque pienso que debía 388

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haber allí muchos motivos de consuelo.

Le doy gracias a Dios por todas las bendiciones que da a sus empresas y tareas, y le ruego que le siga bendiciendo y robusteciendo cada vez más.

Saludo y abrazo cordialmente a toda su pequeña comunidad.

Soy en Nuestro Señor, Padre, su muy humilde servidor.

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Esta carta no saldrá hasta hoy, día último de agosto; nos descuidamos de enviarla la semana pasada y desde entonces ha querido Dios que recibiéramos su carta del día 4, que me ha dado una alegría muy grande al ver las bendiciones singulares que ha dado a sus esfuerzos.

Se la he leído a la compañía para obligarla a dar gracias a Dios y para poner algún contrapeso a los motivos de aflicción que tenemos, no solamente por los estragos que está causando la peste en Génova, sino también por la pérdida de los tres últimos misioneros que se fueron a Madagascar y de - los que Dios ha querido disponer.

Le escribiré más detalladamente en otra ocasión.

Le ruego que renueve el ofrecimiento de mi obediencia al señor marqués.

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He recibido la carta que se había perdido, a la que no puedo darle más respuesta sino que, respecto a la propuesta que le hace el señor marqués nuestro fundador, habrá que decirle, si le parece bien a usted, que él es nuestro Padre y nosotros sus hijos adoptivos, que nos sometemos enteramente a sus designios respecto a su fundación como en todo lo demás; le ruego que se lo diga así, Padre, y ya verá cómo Dios bendice sus gestiones 2.

Dirección: Al Padre Martín, superior de los sacerdotes de la Misión de Turín ________ 2.

Todo lo anterior, desde el comienzo del párrafo, es de mano del santo 389

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