Carta · tomo VI
A EDMUNDO MENESTRIER
26 de agosto de 1657
2449 [2353,VI,421-423] A EDMUNDO MENESTRIER París, 26 de agosto de 1657 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
He recibido tres cartas suyas, la última del día 5 de agosto.
Enviaré a Argel la que usted me manda para un esclavo, aunque esté concebida de una forma muy ridícula.
Estamos esperando aquí al Padre T.e Vacher para dentro de cuatro o cinco días, ya que ha venido a Francia para algunos asuntos urgentes.
Si por casualidad conoce a ese esclavo, como estoy seguro de ello, le enviaré un certificado de su esclavitud para que, si tiene bienes, se les pueda vender o hipotecar para su rescate.
La verdad es, Padre, que no hay muchas posibilidades de que pueda usted hacerse con los productos de las capellanías, mientras estén en litigio, ya que el que las ha solicitado sigue insistiendo en sus derechos en Burdeos.
Hay que ver hasta dónde puede llevarnos este pleito.
Si las personas que han sido sus fundadores aceptan con agrado sus servicios, es preciso una de dos, o que le hagan gozar de esas capellanías o que le paguen las 900 libras que le han prometido.
Y en el caso de que no hagan ni una cosa ni otra, ya le he dicho que no está lejos Nuestra Señora de la Rose; será un lugar de refugio para usted, lo mismo que es un lugar de consuelo para todo el mundo.
Si se presenta la ocasión de exponer sus necesidades al señor obispo de Agen, lo haré, pero no sé por medio de quién.
Usted no deje de escribirle, exponiéndole poco más o menos lo que contenían sus cartas anteriores, en la duda de que las haya recibido; porque, en efecto, tiene usted motivos para dudar de ello, ya que no le ha contestado.
Doy gracias a Dios de que su pequeña familia vaya adelante y de que tengan ustedes tres nuevos seminaristas.
La noticia más agradable que me puede dar usted es que Dios multiplica y bendice el seminario, tanto por la obligación que tiene su casa de entregarse a esa buena obra y de procurar su continuo progreso, como porque es casi el único medio de enderezar al ________ Carta 2449 (CF).
— Archivo de la Misión, original. 394
estado eclesiástico, tan decaído de su antigua perfección.
¡Quiera su divina bondad llenarle de su caridad con tanta abundancia que pueda usted derramarla sobre las almas de toda condición!
Es lo que están procurando hacer nuestro hermanos de Génova con peligro de sus vidas.
Algunos ya la han dado, y quizás todos.
Creo que ya sabe usted que la peste ha dejado casi desierta a aquella ciudad, que se encuentra en medio de una lamentable desolación; pero lo que quizás no sepa usted todavía es que el contagio ha entrado finalmente en nuestra casa, o mejor dicho, que nuestros padres le han salido al encuentro, asistiendo a los apestados.
Hasta tal punto que el Padre Ennery ha muerto el día 12 de julio y el Padre Francisco Vincent estaba por aquellas fechas a punto de seguirle, junto con un hermano coadjutor italiano, que cayeron atacados al mismo tiempo; todavía estaban con vida el día 13, pero sin esperanza alguna de curación.
Algunos del resto de la familia estaban a su lado para asistirles, mientras que los demás asistían a los enfermos del campo que estaban reunidos en un hospital; de esta forma, Padre, se veían todos expuestos al peligro.
No sabemos lo que les habrá pasado desde entonces.
Dios sabe cómo estarán.
Le pedimos continuamente por ellos, vivos o muertos, y le ruego que hagan ustedes lo mismo.
Estamos llenos de aflicción y yo tengo el corazón transido de pena.
Son ocho o diez obreros de los mejores de la compañía, aptos para todo y en cualquier parte.
Por lo que a ellos se refiere, serán bienaventurados por haber muerto de esa forma, en el ejercicio actual de la caridad; pero la compañía sufrirá una pérdida irreparable.
Me acabo de enterar que ha llegado a Nantes un barco de Madagascar, que nos trae noticias de nuestros misioneros; no sé si serán buenas o tristes, porque todavía no he recibido sus cartas.
Por aquí seguimos bastante bien, gracias a Dios.
El Padre Alméras ha vuelto a Bourbon, acompañado de los padres Perraud, Watebled y Eveillard.
Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión 395
Tomo VI · página PDF 395El certificado no nos supondrá más que un desembolso de unos 40 sueldos; pero si nuestro notario hubiera querido cobrarnos algo, le habríamos dado un escudo.
Es un favor que nos hace, o mejor dicho, una limosna, que no tiene usted ninguna obligación de hacerles a esos señores.
Dirección: Al Padre Edmundo, superior de los sacerdotes de la Misión, en Agen.
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