Carta · tomo VI
A LUIS RIVET, SUPERIOR DE SAINTES
26 de agosto de 1657
2450 [2354,VI,423-426] A LUIS RIVET, SUPERIOR DE SAINTES París, 26 de agosto de 1657 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
He recibido su carta del día 5.
El Padre Berthe, que se encuentra actualmente por Bretaña, pasará pronto por la casa de ustedes para hacer la visita.
Haga el favor de decirle lo que usted piensa sobre el Padre Daveroult y, después de que él me haya expuesto su opinión sobre esa propuesta que usted hace de quitarlo de allí, veremos la manera de hacerlo.
Es verdad que lo que usted me dice del Padre Liebe es algo que se puede deducir de su forma de actuar; pero, gracias a Dios, tiene un buen espíritu y buenas intenciones, y la mansedumbre de su espíritu le sirve para ganar los corazones e inclinarlos al bien; por eso le pido a Nuestro Señor que le conceda la modestia y el espíritu de recogimiento, que le faltan.
No dudo de que usted se lo habrá recomendado y que la visita que le ha hecho habrá sido muy útil.
Doy gracias a Dios de que tengan ustedes tres seminaristas y estén esperando al cuarto.
La noticia más agradable que me pueden dar es que Dios se complace en multiplicar y en bendecir al seminario, tanto por la obligación que tiene su casa de dedicarse a esa buena obra y de procurar su fomento, como porque ése es el único medio de enderezar al estado eclesiástico, tan decaído de su primera perfección.
¡Quiera la divina bondad ________ Carta 2450.
— Archivo de la Misión, copia del siglo XVII o XVIII. 396
concederle a usted y a todos los demás la gracia de trabajar en ella eficazmente!
También le ruego que quiera enderezar a esas Caridades que va usted a visitar y llenarlas de la suya en tanta abundancia que puedan a su vez derramarlas en todas las almas de cualquier condición y sexo.
Es lo que intentan hacer nuestros hermanos de Génova con peligro de sus vidas.
Algunos ya la han dado, y quizás todos.
Me imagino que ya sabrá usted que la peste ha dejado casi desierta a dicha ciudad, que se encuentra en una lamentable desolación; pero lo que quizás no sepa es que el contagio ha entrado finalmente en nuestra casa, o mejor dicho, que nuestros obreros han salido a su encuentro, al asistir a los apestados.
Hasta el punto de que el Padre Ennery ha muerto ya y el Padre Francisco Vincent estaba a punto de seguirle, así como un hermano coadjutor italiano, que todavía vivían el día 13 de julio, pero que se encontraban en un estado desesperado.
Algunos del resto de la familia estaban a su lado para asistirles, mientras que los demás atendían a los enfermos del campo reunidos en un hospital; de esta forma estaban todos expuestos.
Desde entonces no hemos recibido noticias suyas.
¡Sabe Dios en qué situación se encontrarán ahora!
Pedimos continuamente a Dios por ellos, vivos o muertos, y le ruego que hagan ustedes lo mismo.
Estamos tremendamente afligidos y yo tengo el corazón transido de pena.
Son unos hombres de los mejores de la compañía, aptos para todo y en cualquier parte.
Por lo que a ellos se refiere, son bienaventurados por morir así en el ejercicio actual de la caridad, pero la compañía sufrirá una pérdida irreparable.
Acabo de saber que ha llegado a Nantes un barco que viene de Madagascar y que nos trae noticias de nuestros misioneros; no sé si serán buenas o malas, pues todavía no he recibido sus cartas.
Por aquí seguimos bastante bien, gracias a Dios; también su madre se encuentra bien.
El Padre Alméras ha vuelto a Bourbon, acompañado de los padres Perraud, Watebled y Eveillard.
Le envío la comisión del consejo Supremo para que reclame contra los que se nieguen a pagar los diezmos.
No me parece bien que acuda usted a un proceso por unos cuantos corderos, 397
ya que le han pagado con otros diezmos menudos; en cuanto a los diezmos más importantes de la finca del señor caballero de Albret, haga usted lo que le indiquen sus consejeros.
No pueden ustedes confesar en una misión a las personas de otra diócesis; es preciso que ellos o ustedes piden para ello el permiso de su obispo respectivo.
Tampoco pueden ustedes confesar por todas partes y a toda clase de personas, como me pregunta, sin el permiso de los párrocos o de los superiores de las iglesias en donde estén ustedes.
Soy en Nuestro Señor su muy humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Le escribo al Padre Langlois que es necesario que venga acá para solucionar su asunto, que es también nuestro.
Le ruego, Padre, que entretanto atienda usted al seminario y que le entregue todo el dinero que necesite.
Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.