Carta · tomo VI

A PEDRO DE BEAUMONT, SUPERIOR DE RICHELIEU 1

9 de septiembre de 1657

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VI
Extensión
960 palabras
Página inicial
448
Ver tomo

2467 [2371,VI,449-452] A PEDRO DE BEAUMONT, SUPERIOR DE RICHELIEU 1 París, 9 de septiembre de 1657 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Me parece que hace solamente ocho días que le escribí y le manifesté algo de la alegría que nos da su comportamiento res________ Carta 2466 (CF).

— Archivo de la Misión, original. 1.

Palabras olvidadas por el secretario.

Carta 2467 (CF).

— Archivo de la Misión, original. 1.

El nombre del destinatario no se señala en el original.

El contenido demuestra que sólo puede tratarse del párroco de Richelieu o del de Sedán.

La carta 2476 elimina la segunda hipótesis. 417

Tomo VI · p. 448

pecto a esa familia y respecto a los seminarios y la parroquia, como en todo lo demás.

Me gustaría que viese usted mi corazón en este aspecto y cuán agradecido estoy por ello a la bondad de Dios.

Me han dicho sin embargo que no se esfuerza usted bastante por terminar con las diferencias que hay en la ciudad.

Y como es propio de un buen párroco mantener en paz a su pueblo, apagando 'las enemistades en cuanto dependa de él y haciendo que desaparezcan las querellas y los procesos desde su nacimiento, hará usted muy bien en extender sus cuidados a esta buena obra y para ello recomendar a todos esos padres que, cuando se enteren de que ha ocurrido alguna discusión o litigio entre sus habitantes, le pongan al corriente de ello.

Tomo VI · página PDF 418

Sería bueno incluso que acudiese usted a algún amigo de esa ciudad, que fuera prudente y hombre de bien, para que descubriera esas cosas y se las comunicara; o bien (y sería lo mejor) que tuviera usted dos feligreses piadosos, pacíficos e inteligentes y que los dispusiera usted para que le ayudaran en esta tarea, no solamente haciéndole saber lo que ocurre en estas cuestiones, sino reuniéndose con usted todas las semanas o cada quince días, una vez para tratar juntos sobre lo que hay que hacer y sobre la manera de proceder, a fin de que pueda usted actuar en conformidad con lo decidido; y a la reunión siguiente, podría usted decirles lo que se ha hecho para acudir a nuevos procedimientos, si hubieran fallado los anteriores.

Pero esto deberá hacerse tan secretamente que nadie sepa nada de estas reuniones y mucho menos de los temas que hayan tratado en ellas.

Le pido a Dios que le dé su espíritu para esto como para todo lo demás.

No he vuelto a recibir ninguna carta de Génova.

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Ya le dije que Dios había dispuesto del Padre Ennery, que era un misionero muy bueno, capaz, celoso, misericordioso, sumiso, desprendido y dispuesto a todo por el servicio de Dios, y que el Padre Francisco Vincent, enfermo de mucha gravedad, estaba con vida todavía el 13 de julio.

Desde entonces he recibido noticias de Turín de que los asuntos de aquella pobre ciudad de Génova van cada vez peor, que mueren 5.000 ó 6.000 personas por semana, y que incluso, cuando se acercó al puerto un barco de Savona para llevar algunos alimentos, estuvieron gritando mucho tiempo y nadie les respondió, de forma que dejaron en 418

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la orilla los víveres que llevaban; volvieron al cabo de pocos días y los encontraron tal como los habían dejado, lo cual hace creer que las cosas se han visto reducidas al estado más lamentable.

No sé si le comuniqué ya otra noticia también muy triste.

Finalmente hemos recibido carta del buen Padre Bourdaise, a quien Dios conserva y bendice en Madagascar; esa carta nos ha confirmado la gracia que Dios les hizo a los padres Dufour Prévost y de Belleville de llamarlos a sí, a saber al Padre de Belleville en el camino de ida y a los otros dos después de haber llegado al sitio de su Misión.

Esto es algo que colma nuestro dolor.

¡Pero bendito sea Dios por todas estas pérdidas, que son muy grandes para la compañía, según nuestra manera de hablar!

No obstante, todos estos buenos siervos de Dios son muy felices, ya que, como decía Nuestro Señor, han salvado sus almas al perderlas, y debemos esperar más ayuda de ellos delante de Dios para el tiempo y para la eternidad que si estuvieran todavía entre nosotros.

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Me comunican desde Polonia que el buen Padre Desdames lo ha perdido todo en Varsovia, que ha sido de nuevo sitiada, tomada y saqueada por los suecos y luego abandonada.

La firmeza de este buen misionero es admirable, ya que no ha querido abandonar su rebaño ni por la guerra, ni por la peste, ni por el hambre, ni por todo esto juntamente, a pesar de que ha sido atacado varias veces y de que la reina le ha invitado a retirarse.

Todo esto me lo ha dicho ella misma en una carta escrita expresamente de su mano, en la que me manifiesta que está muy edificada.

También lo está mucho de la virtud y de la paciencia del Padre Duperroy, que está en grave peligro por su llaga.

Los cirujanos no saben ya qué hacer con él.

Espero que, si Dios le da fuerzas para regresar, tal como se le aconseja, tendremos el consuelo de verlo pronto por aquí.

En cuanto al Padre Ozenne, está asistiendo a los enfermos y heridos del asedio de Cracovia, por orden de Su Majestad, en cuanto a lo espiritual, mientras que las hijas de la Caridad les atienden corporalmente. 419

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Tenemos aquí al Padre Le Vacher, de Argel, que ha venido por los asuntos del hermano Barreau, que ha sido muy mal tratado por los turcos.

Así es, Padre, como se complace Dios en probar a esta pequeña compañía de diversas maneras.

Encomiendo todas estas necesidades a las oraciones suyas y a las de toda esa comunidad, especialmente el descanso de los difuntos y la conservación de los vivos.

Soy en Nuestro Señor su muy humilde servidor.

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión

Tomo VI · p. 452

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