Carta · tomo VI
A DONATO CRUOL Y, SUPERIOR DE LE MANS
12 de septiembre de 1657
2470 [2374,VI,455-457] A DONATO CRUOL Y, SUPERIOR DE LE MANS París, 12 de septiembre de 1657 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Tenemos necesidad de usted por aquí.
Le ruego que se venga en la primera ocasión que se le presente.
Tendré mucha alegría en volver a verle y le pido a Nuestro Señor que le conduzca felizmente.
Me ha escrito usted varias cartas, lo mismo que el Padre Molony, sin que les haya contestado.
No ha sido por falta de afecto, ciertamente; ¡que no se les ocurra ni pensarlo!; ha sido porque no he podido tomar ninguna decisión sobre las cosas que usted y él me proponían.
Sin embargo, hemos hablado varias veces de ellas y finalmente hemos opinado que lo mejor sería resolverlas juntamente con usted.
Por eso esperamos a que venga usted mismo y entonces veremos lo que hay que hacer.
Le ruego que se lo diga al Padre Molony y que le presente mis excusas.
Me había propuesto escribirle yo mismo, pero no podré hacerlo por ahora, ya que es de noche.
Desde hace poco ha querido Dios enviarnos más aflicciones que nunca.
Tenemos por muertos a todos nuestros hermanos de Génova.
La peste está por allí tan enconada y maligna que ha dejado desierta a toda aquella pobre ciudad.
Las calles se encuentran cubiertas de cadáveres, sin que quede nadie vivo para ________ Carta 2470 (CF).
— Archivo de la Misión, original. 423
poder sepultarlos.
El contagio entró en nuestra casa y arrebató en primer lugar al Padre Ennery y al Padre Francisco Vincent; más tarde se cebó en los padres Duport y Lejuge.
No sabemos qué habrá pasado después.
Había dos de nuestros padres asistiendo en un hospital a los enfermos y por consiguiente expuestos al peligro.
No escapará nadie sin un milagro.
Lo que colma nuestro dolor es que Dios nos ha privado también de los tres últimos sacerdotes que habían ido a Madagascar, a saber, los padres Dufour, Prévost y de Belleville.
Este último murió en el viaje de ida, y los otros poco después de haber llegado al lugar de su Misión.
¡Bendito sea Dios por todas estas pérdidas, que son tan grandes para la compañía, según nuestra manera de hablar!
Sin embargo, todos estos difuntos son realmente bienaventurados, ya que, como decía Nuestro Señor, han salvado sus almas al perderlas; por eso hemos de esperar más asistencia de ellos para el tiempo y para la eternidad que si estuvieran todavía entre nosotros.
Dios nos ha concedido la misericordia de conservar al Padre Bourdaise, y a él la gracia de bendecirle copiosamente.
Nos ha mandado una pequeña relación de las buenas acciones y de las virtudes apostólicas de estos queridos difuntos, a quienes encomiendo a sus oraciones y a las de su familia, juntamente con los vivos y difuntos de la casa de Génova.
Soy en Nuestro Señor su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión
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