Carta · tomo VI
A EDMUNDO BARRY, SUPERIOR EN NUESTRA SEÑORA DE LORM
12 de septiembre de 1657
2471 [2375,VI,457-460] A EDMUNDO BARRY, SUPERIOR EN NUESTRA SEÑORA DE LORM París, 12 de septiembre de 1657 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Acabo de recibir su carta del 1 de este mes.
Le contestaré junto con la que me escribió usted el día 2 de agosto, como ya lo hice con todas las anteriores. ________ Carta 2471 (CF).
— Archivo de la Misión, original. 424
Convendrá que escoja usted a alguno de sus padres para encargarle de la administración y entregarle una llave del cofre donde esté el dinero, esperando a que llegue el visitador y nombre un asistente.
Es lo que se acostumbra en todas nuestras casas.
La casa de Richelieu tiene mucha necesidad de un hermano con las cualidades que tiene el hermano Dupuich; si puede usted prescindir de él, le ruego que se lo envíe al Padre de Beaumont.
Si tiene usted un reloj para prestárselo al Padre Lucas, le hará usted a él un favor y a mí me dará una alegría; si no tiene ninguno, mire si se lo puede prestar el Padre Cuissot.
Convendría que tuvieran ustedes un reloj de sol en su casa y hacer que viniera algún entendido a tratarlo y poder suplir el defecto de ese reloj de pared, que no les sirve de nada.
No he podido hablar con el Padre Bajoue desde que recibí su última a propósito de esa renta que ha dejado constituida.
Le hablaré uno de estos días.
Le doy gracias a Dios por la llegada del señor obispo de Montauban 1 y por esa buena voluntad que demuestra tener con su seminario.
Siento mucho que no haya podido dejar satisfechos a esos señores de Castelferrus 2, sobre todo porque se trata de personas que le seguirán molestando hasta que los deje contentos.
Sin embargo, hemos de esperar que la bondad de Dios y la del señor obispo pondrán remedio a todo ello.
No obstante, convendrá armarse de paciencia para las dificultades que seguramente habrán de presentarse.
Sería muy conveniente que el seminario se trasladara a Montauban; así lo desea también el señor obispo y yo me quedaría muy satisfecho.
Es cierto que anteriormente le dije a ese buen prelado que en ese caso nosotros daríamos dos mil libras para comprar una casa; pero la persona que entonces quería darnos esa limosna, ahora ha cambiado de voluntad.
Cuando tenga ocasión de volver a verla, sabré si todavía puede esperarse algo.
Le pido a Nuestro Señor que no tenga consecuencias su enfermedad, sino que se vea pronto libre de ella. ________ 1.
Pedro de Bertier (1652-1674). 2.
Pequeña localidad de Tarn-et-Garonne, en el distrito de Castelsarrazin. 425
Le escribo al Padre Cuissot que, si puede prescindir del Padre Treffort, se lo mande para que trabaje en las misiones, dado que el Padre Jeandé no está en situación de ir y el Padre Lucas no podría emprender nada por sí solo.
Si se lo manda, envíe a Cahors a dicho Padre Jeandé para que se dedique allí a lo que el Padre Cuissot crea más conveniente.
Dentro de dos o tres meses veremos si este cambio ha salido a gusto de todos; si no, procuraremos remediar las cosas con la ayuda de Dios.
Doy gracias a Dios por esas esperanzas que usted tiene de ver multiplicarse pronto a su seminario.
¡Ay, Padre!
¡Cuántos motivos tenemos para pedirle a Dios que así sea, para poder contribuir a la formación de buenos sacerdotes, tal como la iglesia los necesita, y procurar remediar los escándalos que dan los malos!
Espero que el mes próximo pueda llegar a ésa el visitador y que quedarán ustedes consolados y edificados con su presencia.
Dios ha querido afligirnos de una forma como no había hecho nunca hasta ahora.
Tenemos ya por muertos a todos nuestros hermanos de Génova.
La peste se ha mostrado tan voraz y tan maligna en aquella ciudad que la ha dejado casi desierta.
Las calles están cubiertas de cadáveres y ya no quedan personas con v da para sepultarlos; el contagio entró en nuestra casa y nos arrebató primero al buen Padre Ennery y al Padre Francisco Vincent; más tarde atacó a los padres Duport y Lejuge, sin que sepamos qué es lo que ha ocurrido después.
Había dos de nuestros padres expuestos en un hospital para el servicio de los apestados.
No se escapará ninguno sin un milagro.
Lo que colma nuestro dolor es que Dios nos ha privado también de los tres últimos sacerdotes que habían ido a Madagascar, a saber, los padres Dufour, Prévost y de Belleville.
Este último murió en el camino de ida, y los otros después de haber llegado al lugar de su Misión.
¡Bendito sea Dios por todas estas pérdidas, que son tan grandes para la compañía, según nuestro modo de hablar!
Sin embargo, todos estos difuntos son bienaventurados, ya que, como decía Nuestro Señor, han salvado sus almas al perderlas; por eso hemos de esperar más ayuda de ellos para el tiempo y para la eternidad que si estuvieran 426
todavía entre nosotros.
Dios nos ha hecho el favor de conservar con vida al Padre Bourdaise, y a él la gracia de bendecirle de mil maneras.
Nos ha enviado una pequeña relación de lo que hace y de todas las buenas acciones y virtudes apostólicas de estos que.idos difuntos.
Le enviaremos uno de estos días una copia para su consuelo.
El Padre Le Vacher, a quien conoció usted en Irlanda, ha venido de Argel a esta ciudad para pasar unos días tratando de los asunto del cónsul, que ha sido muy mal tratado por los turcos; el cónsul es nuestro hermano Barreau.
Encomiendo a sus oraciones y a las de su familia a los vivos y a los muertos de la compañía, mientras que me declaro en Nuestro Señor su muy humilde servidor V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Al pie de la primera página: Padre Barry
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