Carta · tomo VI

AL HERMANO JUAN BARREAU

14 de septiembre de 1657

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VI
Extensión
911 palabras
Página inicial
427 (PDF)
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2472 [2376,VI,460-463] AL HERMANO JUAN BARREAU París, 14 de septiembre de 1657 Mi querido hermano: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Creo que ya le hablé de la aflicción tan sensible que sentí al conocer todo lo que ha tenido usted que sufrir, cuyo sentimiento se renueva continuamente en mí cada vez que pienso en ello: y aunque no pueda usted imaginarse lo mucho que me ha llegado al alma, no dude usted de que me ha herido en lo más vivo, ya que, como le llevo muy hondo dentro de mi corazón, es absolutamente imposible que sus sufrimientos no sean también míos.

Pues bien, por esta misma razón estoy preocupado por sus asuntos lo mismo que si fueran los más importantes que tenemos.

He hecho que hablen de ellos con el señor de Brienne.

Los he tratado en diversas ocasiones con la señora du________ Carta 2472 (CF).

— Archivo de la Misión, original. 427

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quesa de Aiguillon y con las otras damas de la Caridad, que son las únicas a las que puedo recurrir.

Todas ellas ciertamente manifiestan una gran compasión por sus penas y desean que se le socorra; pero la verdad es que no veo que ellas hagan ningún progreso en sus gestiones.

La señora duquesa me ha confesado que, por su parte, ella no puede hacer más que muy poca cosa.

La mala situación de sus negocios en la actualidad y el trato que ha recibido del señor duque de Richelieu le han causado muchos perjuicios.

Las pasadas guerras han puesto en apuros a las mejores familias y han obligado a que se cierren muchas bolsas, de forma que todas estas damas se resienten de la inestabilidad pública y se cansan de todas las peticiones que les hacen de todas partes, especialmente cuando se trata de cantidades importantes, como las que usted debe.

Y ciertamente tienen razón, porque ¿dónde se podrán encontrar los ocho o diez mil escudos que usted pide, si cuesta muchos sudores obtener otras cantidades más pequeñas para atender a las necesidades públicas, de las que no se puede uno dispensar?

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Así pues, mi querido hermano, nos encontramos con muchos obstáculos para poder ayudarle.

El Padre Le Vacher, que está esforzándose en ello con todo su corazón, es testigo de todos los intentos que realizamos y de lo poco que adelantamos.

Todavía no tenemos más que 600 libras seguras.

Puede usted tener la certeza de que seguiremos trabajando para procurarle todo el socorro que podamos; pero se necesita tiempo y paciencia.

Algunas personas han dicho que habría que tomar esas cantidades que usted debe de los mercaderes que trafican en Argel; el señor de la Haye, hijo del embajador de Constantinopla, opinaba también lo mismo.

Pero otros, al ver que esto no puede hacerse sin otras muchas quejas e inconvenientes, opina lo contrario; por eso no puede ya ni hablarse de esta solución.

Si se dice que la compañía debería entramparse para poder librarle a usted, pidiendo prestada esa suma, me gustaría mucho que pudiera hacerse; pero, aparte de la dificultad de encontrar ese préstamo o esa hipoteca cuando todo el mundo sabe que está endeudada por otros conceptos, la verdad es que no puede comprometerse más sin peligro de sucumbir.

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Su hermano nos ha dicho que ha enviado a Marsella una letra de cambio de 3.000 li428

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bras para que se las entreguen.

Con eso ya hay algo para empezar a pagar sus deudas.

Si le pagaran pronto por ese flamenco que tienen ustedes en casa, podría usted pagarles a los esclavos más apremiantes que le han prestado su dinero.

Le pido a Nuestro Señor que remedie él todas sus necesidades, pues tengo miedo de que todo esto acabe agotándole, si su providencia no le proporciona un socorro extraordinario, que está fuera de nuestro alcance.

Procuraremos sin embargo cooperar con ella en la medida de nuestras fuerzas.

Dios ha querido afligirnos al mismo tiempo de otras muchas maneras y de una forma mucho más sensible de como lo había hecho hasta ahora.

En Génova la peste nos ha arrebatado al Padre Ennery y al Padre Francisco Vincent, y atacó luego a los padres Duport y Lejuge, que estaban ya sin esperanzas de vida el 20 de julio.

Es probable que desde aquella fecha hayan muerto algunos más, y quizás toda la familia, compuesta de los mejores sujetos de la compañía.

Sólo el pensar en ello nos llena de pavor.

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Y para colmo de nuestro dolor, los tres misioneros que habían partido para Madagascar están ya en los brazos de Dios, saber, los padres Dufour, Prévost y de Belleville, éste cuando se dirigían al lugar de su Misión y los otros poco después de haber llegado.

Dios nos ha concedido la gracia de conservar al Padre Bourdaise y de bendecirle de una manera maravillosa.

Nos ha enviado una pequeña relación, hablándonos también de las buenas acciones y de las virtudes apostólicas de estos queridos difuntos.

Encomiendo a los vivos y a los muertos a sus oraciones y soy en el amor de Nuestro Señor, mi querido hermano, su muy humilde servidor.

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Le hemos escrito personalmente y hemos mandado escribir por medio del señor Forne a Amiens, para recibir el pago de ese esclavo que está con usted.

Su hermano parece estar dispuesto a enviar aquí el dinero.

Los padres de la Merced nos hacen esperar lo mismo por su parte, pero no se encuentran 429

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ahora en disposición de poder hacerlo por causa de la división en que se encuentra su orden 1.

Dirección: Al señor Barreau, cónsul para la nación francesa en Argel.

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