Carta · tomo VI
A PEDRO CABEL, SACERDOTE DE LA MISIÓN DE SEDAN
15 de septiembre de 1657
2476 [2380,VI,470-472] A PEDRO CABEL, SACERDOTE DE LA MISIÓN DE SEDAN París, 15 de septiembre de 1657 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Aunque ya hace bastante tiempo que no le escribo, no he dejado de dar gracias a Dios por lo bien que han ido todas las cosas durante la estancia de la corte entre ustedes; después de la gracia de Dios, se lo atribuyo a su interés, a su piedad y a sus buenas disposiciones.
Le ruego a la divina bondad que ________ Carta 2476 (CF).
— Archivo de la Misión, original. 435
siga y aumente sus bendiciones sobre usted.
Me parece que es esto todo lo que puedo y debo contestar a las cartas que me ha enviado.
Le acompaño dos cartas del Padre Coglée, que empieza a ponerse mejor, gracias a Dios.
Por aquí hemos recibido varias malas noticias casi al mismo tiempo.
El contagio ha dejado casi totalmente desierta a la ciudad de Génova.
Las calles están cubiertas de cadáveres, sin que queden personas vivas para poder enterrarlos.
Dos de nuestros sacerdotes se habían expuesto al contagio por asistir a ]os enfermos, desde entonces no he recibido noticias suyas.
Lo único que sé es que el mal entró en nuestra familia y que nos arrebató al buen Padre Ennery y luego al Padre Francisco Vincent; más tarde cayeron igualmente enfermos los padres Duport y Lejuge, que se encontraban sin esperanzas de vida el día 20 de julio.
Es lo que me ha comunicado de Roma el Padre Jolly, a quien se lo había escrito el Padre Blatiron.
Ya puede usted imaginarse cuánta es nuestra aflicción por la pérdida de unas personas que eran unos verdaderos misioneros.
Pero lo que más nos llena de pavor es el miedo de que desde entonces Dios haya dispuesto de todos los demás, ya que esta peste es de las más voraces y maligna que jamás se han visto.
Y no es eso todo, Padre.
También ha querido Dios privarnos de los tres últimos sacerdotes que habían partido para Madagascar, a saber, los padres Dufour, Prévost y de Belleville.
Este último murió en el viaje de ida y los otros dos poco tiempo después de haber llegado.
Esto es algo que colma nuestro dolor.
¡Pero alabado sea Dios por todas estas pérdidas tan grandes para la compañía, según nuestra manera de pensar!
Sin embargo, como todos estos buenos servidores de Dios son realmente bienaventurados ya que, como decía Nuestro Señor, han salvado sus almas al perderlas, debemos esperar más ayuda de ellos para el tiempo y para la eternidad que si estuvieran todavía entre nosotros.
Dios nos ha concedido la gracia de conservar al buen Padre Bourdaise, y ha bendecido sus trabajos de 436
una forma admirable.
Nos ha mandado una pequeña relación, en la que nos habla también de las buenas acciones y de las virtudes apostólicas de estos queridos difuntos, que ha consolado mucho a la compañía.
Le ruego que los encomiende a Dios, junto con su comunidad, tanto a los vivos como a los difuntos.
Tenemos por aquí al Padre Le Vacher, de Argel, que ha venido para buscar alguna solución a los malos tratos que nuestro hermano Barreau está sufriendo de los turcos.
El Padre Ozenne está asistiendo a los heridos y a los enfermos del sitio de Cracovia, lo mismo que está haciendo también el Padre Michel con los de Montmédy.
El Padre Desdames lo ha perdido todo en Varsovia, que ha sido de nuevo sitiada, tomada y saqueada por los suecos, y luego abandonada.
La firmeza de este buen misionero es admirable, ya que no ha querido abandonar su puesto ni por la guerra, ni por la peste, ni por la pobreza, ni por todas estas cosas juntamente, a pesar de que ha sido atacado varias veces y de que la reina le había invitado a retirarse de allí.
Ella misma es la que me lo ha contado en una carta expresamente escrita de su mano, en la que manifiesta que está sumamente edificada.
También lo está, y mucho, por las virtudes y la paciencia del buen Padre Duperroy, que se encuentra gravemente enfermo de un absceso que tiene en el estómago y que procede de una peste mal curada.
Si tuviera fuerzas para regresar, tendríamos el consuelo de verlo pronto por' aquí.
Haga el favor de seguir pidiendo a Dios por todas las necesidades de la compañía y por los ordenandos que tenemos ahora por aquí.
Saludo cordialmente a todos nuestros queridos hermanos de Sedán, de los que soy en el amor de Nuestro Señor, y de usted en especial, su muy humilde y querido servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al Padre Cabel. 437
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