Carta · tomo VI
A LUIS SERRE, SUPERIOR DE SAINT-MEEN
22 de septiembre de 1657
2484 [2388,VI,483-485] A LUIS SERRE, SUPERIOR DE SAINT-MEEN París, 22 de septiembre de 1657 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Antes de responder a su carta le contaré nuestras pobres noticias.
El contagio ha sido tan voraz y tan maligno en Génova que no han quedado con vida suficientes hombres para enterrar a los muertos; los cadáveres, abandonados en medio de la calle, han infectado a toda la ciudad y han corrompido el aire, de forma que el mal ha acabado entrando en nuestra casa.
Y en primer lugar nos arrebató a los padres Ennery y Francisco Vincent, para seguir luego atacando a los padres Duport y Lejuge, que estaban sin esperanzas de vida el día 20 de julio último, sin que luego hayamos podido saber nada de lo que ha pasado con ellos ni con el resto de la familia, que estaba toda ella expuesta al peligro; porque, además de los que han estado asistiendo a sus hermanos enfermos, había también dos que atendían a los de un hospital infectado.
Es muy probable que no haya escapado ninguno de ellos.
Este temor nos aflige hasta el punto que se puede usted imaginar.
Pero no es eso todo.
También ha querido Dios quitarnos a los padres Dufour, Prévost y de Belleville, que habían ido a Madagascar para la propagación de la fe y que se fueron al cielo para acrecentar el número de los bienaventurados.
Los tres consumaron su sacrificio a través de la enfermedad, a saber, el Padre de Belleville en el viaje de ida al lugar de su Misión, y los otros dos después de haber llegado y haber trabajado durante algún tiempo en aquel país.
Esto es algo que colma nuestro dolor.
¡Pero bendito sea Dios por todas estas pérdidas, que son muy grandes para la compañía, según nuestra manera de ________ Carta 2484 (CF).
— Archivo de la Misión, original.
De la segunda hoja del original sólo queda por una parte el primer tercio de cada línea, y por el otro el tercero.
No hemos podido reconstituir más que el comienzo, que repite lo contenido en la carta 2478. 447
hablar!
Sin embargo, Padre, todos estos misioneros son bienaventurados ya que realmente, como decía Nuestro Señor, han salvado sus almas al perderlas y tenemos que esperar de ellos más asistencia en la presencia de Dios que si estuvieran todavía entre nosotros; con la ayuda de Dios, sus cenizas serán la semilla de un gran número de obreros apostólicos.
Dios nos ha concedido la misericordia de conservar al buen Padre Bourdaise, y a él la gracia de bendecirle abundantemente en su persona y en sus trabajos de una forma maravillosa.
Nos ha enviado una pequeña relación, en la que también nos habla de las acciones y de las virtudes extraordinarias de estos nuestros queridos difuntos y que ha consolado mucho a toda la compañía.
Nos han escrito de Polonia que la situación va siendo cada vez mejor, gracias a Dios.
El Padre Ozenne está asistiendo a los heridos y enfermos del sitio de Varsovia.
El Padre Desdames sigue todavía en Varsovia, en donde lo ha perdido todo, ya que la ciudad ha sido de nuevo sitiada, tomada y saqueada por los suecos, y luego abandonada.
Es admirable la firmeza de este buen misionero, ya que no ha querido abandonar su puesto ni por la guerra, ni por la peste, ni por la pobreza, ni por todo esto a la vez, a pesar de que ha sido atacado varias veces y de que la reina le había invitado a retirarse de allí.
Ella misma es la que me lo ha dicho en una carta escrita expresamente de su mano, en donde manifiesta que está sumamente edificada.
También lo está, [y mucho, de la virtud y de la paciencia ] del Padre Duperroy, que [ ha pasado por todas estas pruebas y está] ahora en peligro de su vida [por una llaga que le ha quedado en el estómago del una peste mal curada. [Si tuviera fuerzas suficientes para] regresar, tendríamos [el consuelo de verlo pronto por aquí]...
Encomiendo a [sus oraciones y a las de su comunidad] a los vivos y a los [muertos de los que le acabo de hablar] y en general [todas las necesidades de la compañía].
Tratemos ahora... 448
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