Carta · tomo VI

A LUIS SERRE, SUPERIOR EN SAINT-MEEN

6 de octubre de 1657

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VI
Extensión
503 palabras
Página inicial
471 (PDF)
Ver tomo

2499 [2403,VI,511-512] A LUIS SERRE, SUPERIOR EN SAINT-MEEN París, 6 de octubre de 1657 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Ha llegado el señor Le Moyne 1 y lo hemos recibido.

No he podido hablar todavía con él, porque me ha encontrado haciendo el retiro, pero lo haré cuanto antes, a fin de que él empiece el suyo para entrar luego en el seminario.

No podemos enviarle tan pronto el sacerdote que usted pide, no sólo porque su fundación es solamente de cuatro padres, según creo, y están ya ustedes cinco o seis, sino también porque nos vemos obligados a llenar los puestos que han dejado vacíos ________ Carta 2499 (CF).

— Archivo de Turín, original. 1.

Juan Le Moyne, entró en la congregación de la Misión en octubre de 1657, hizo los votos el 18 de octubre de 1659. 471

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nuestros queridos difuntos, que son muchos; y esto nos impide enviar en abundancia a las demás casas.

Ya le dije que Dios había dispuesto de los padres Dufour, Prévost y de Belleville, que habían ido a Madagascar, y que en Génova la peste nos había arrebatado a los padres Ennery y Vincent; pues bien, desde entonces Dios ha querido que nuestro dolor llegara al colmo privándonos también de los padres Boccone, Tratebas, Duport y Blatiron, junto con un hermano coadjutor.

¡Qué pérdida, Padre, y qué aflicción!

Es aquí precisamente donde hemos de adorar la voluntad de Dios y hacerle el sacrificio de nuestros sentimientos, por respeto a la mano que nos hiere, sometiéndonos a su voluntad siempre amable.

Así procuramos hacerlo con todo nuestro corazón; pero le confieso que no puedo consolarme de la privación de tantos y tan buenos servidores de Dios ante los motivos que tengo para creer que son mis pecados los que le han obligado a la justicia divina a quitárnoslos.

No quedan en aquella casa tan desolada más que tres sacerdotes, tres o cuatro clérigos y otros tantos hermanos.

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Los primeros son el Padre Lejuge que, después de haberse visto aquejado por la enfermedad, pudo curar, el Padre Simón, que es el único francés, y un sacerdote del seminario.

Encomiendo a sus oraciones a los vivos y a los muertos, así como también al Padre Alméras que ha caído gravemente enfermo cuando estaba tomando las aguas en Bourbon, de forma que el mismo día en que me escribieron la última carta que he recibido iba a recibir la extremaunción.

Puede usted imaginarse lo grande que es nuestra pena por la que sé que usted mismo sentirá, al amar a la compañía tanto como la ama.

Hay motivos para esperar de la bondad de Dios, que mortifica y vivifica, que de las cenizas de tantos obreros apostólicos, que han dado su vida por la salvación de los hombres a ejemplo de Nuestro Señor, su maestro, él hará la semilla de gran número de buenos misioneros.

Así se lo pido a Nuestro Señor, en el que soy, Padre, su muy humilde servidor.

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Al pie de la primera página: Al Padre Serre. 472

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