Carta · tomo VI
AL SEÑOR DUPORT, EN SOISSONS
13 de octubre de 1657
2509 [2413,VI,529-530] AL SEÑOR DUPORT, EN SOISSONS París. 13 de octubre de 1657 Señor: Doy gracias a Dios por esa exactitud que usted pone en hacer bien todas las cosas.
Es éste un motivo más que tengo ________ Carta 2508 (CF).
— Archivo de Turín, original. 1.
La carta no encontró al hermano Parre en Laón.
Se la remitieron con estas nuevas señas: «Al hermanos Juan Parre, actualmente en casa del señor de Seraucourt, lugarteniente criminal en Reims».
Y añadieron: «Si dicho hermano no estuviera allí, hay que dejársela al señor de Séraucourt».
Carta 2509 (C no F).
— Archivo de Turín, minuta de mano del secretario. 486.
para pedirle a su divina bondad esa gracia para mí mismo, yo que estoy tan lejos de ello 1 y que querría recurrir a usted para pedir su consejo en materias piadosas, guardándome muy bien de decirle lo que yo pienso sobre el tema que me ha hecho usted el honor de proponerme, si no fuera por el mandato que usted me ha dado.
Le diré, pues, señor, para obedecerle, que soy de la misma opinión que usted y que, según creo, será mejor hacer celebrar misas rezadas y pedir en particular por el alma de su querido difunto en vez de hacer un funeral solemne y público.
Si él mismo pudiera darle su parecer, creo que 2 no le daría otro distinto, ya que Dios no quedará menos satisfecho de la primera manera que de la segunda.
Sin embargo, aquí hemos tenido ese funeral solemne por todos nuestros difuntos de la casa de Génova y, además de eso, cada sacerdote ha dicho tres misas rezadas por cada uno de ellos, según la costumbre que tenemos.
Hay motivos para creer que el buen Padre Duport, que sirvió a Dios con tanto amor y tanta pureza, se encuentre ahora entre los bienaventurados.
Siendo esto así, el caritativo socorro que por él se ofrezca será más bien para agradecer las gracias que Dios le concedió que para pedir por su descanso.
Se lo digo con toda sinceridad, que nunca hemos observado ninguna imperfección en él, sino una tendencia continua a la perfección; también lo ha reconocido así el señor cardenal de Génova, que había concebido tan alta estima de su virtud que quería confiarle su alma y su salvación.
¡Que Dios nos conceda la gracia de abandonarnos por entero, como él lo hizo, en manos de su divina bondad y a mí la de someterme, lo mismo que usted, a todas las aflicciones de la vida!
Con este deseo le renuevo el ofrecimiento de mi obediencia, ya que soy en la vida y en la muerte, en el amor de Nuestro Señor,... ________ 1.
Las palabras yo que estoy tan lejos de ello son de mano del santo. 2.
Las palabras creo que son de mano del santo. 487
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