Carta · tomo VI
A JUAN MARTIN
9 de noviembre de 1657
2547 [2451,VI,587-591] A JUAN MARTIN París, 9 de noviembre de 1657 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Contesto a su carta del día 20 de octubre.
Siento mucho la indisposición del señor marqués.
Le pedimos a Dios por su conservación y su salud, tan necesarias para el estado y para la fundación de ustedes.
Ya le di aviso de la salida de tres sacerdotes de aquí para ir a Turín, que me parece partieron el día 26 de octubre.
Espero de la bondad de Dios que llegarán antes que la presente y que usted habrá dado ya órdenes para que sean debidamente recibidos y alojados en su ausencia.
El Padre Berthe irá pronto a visitarles, con la ayuda de Dios.
Ha estado recorriendo la mayor parte de nuestras casas.
Actualmente se encuentra en Gascuña a punto de salir para Marsella; de allí pasará a Saboya y luego irá a verles a ustedes.
Por todas partes le ha acompañado la bendición de Dios.
No dudo de que se alegrará usted de verle y de que su familia quedará edificada de su presencia y animada con sus consejos.
Estudie usted con él si esos tres misioneros, que están en camino, a los que él conoce de una manera especial, podrán servir para dar comienzo a un seminario, tal como usted propone, en el caso de que esté ya todo dispuesto para ello, va que se necesitará una casa propia, muebles y sujetos, que usted no tiene todavía.
Sin embargo, esos hombres no son todos para usted, sino para que vayan aprendiendo italiano y hasta que la casa de Génova esté en condiciones de seguir adelante; entonces será necesario que se los envíe usted, o por ]o menos que le envíe dos.
Vuelve usted a insistirme para que le quite la dirección de esa casa, atribuyéndose a usted mismo la causa del desánimo de sus gentes.
Le ruego que continúe, porque sé muy bien que no es usted el responsable de que no se entreguen con ardor a todo lo necesario, ya que les atrae usted a ellos con su ejemplo y con sus consejos; y si hay algunos que no muestran tanto entusiasmo en el estudio de la lengua y en la ayuda que po________ Carta 2547 (CF).
— Archivo de Turín, original. 536
drían prestarle, ha de recordar usted, Padre, que no hay superior en el mundo que no tenga que soportar muchas deficiencias en aquellos que son sus dirigidos, y que al mismo Nuestro Señor le tocó padecer mucho por causa de los suyos.
Cualquier otro que ocupase su lugar tropezaría con esas mismas dificultades que usted tiene y posiblemente se encontraría con otras que usted no tiene, ya que tiene usted gracia para evitarlas.
¡Animo pues, Padre!
Confíe usted en Dios, tenga paciencia, busque la paz, y no dude de que Dios se verá honrado en usted y en su familia.
Después de haber escrito lo anterior, he recibido su carta del 27 de octubre, en la que me dice que ha querido Dios devolverle la salud al señor marqués, de lo que doy mil gracias a la divina bondad, así como por la abundancia de su espíritu que ha derramado sobre ese siervo suyo, que se ha puesto en situación de recibir todavía más gracias del cielo por el retiro que ha hecho y las santas prácticas que ha observado, que son muy de admirar en un personaje tan ilustre y tan ocupado, como él lo está, en el gobierno de un estado.
El será algún día mi juez, y ]o considero como tal.
Quiera Dios concederle una larga vida para el bien de ese estado y para el de la iglesia en general, a la que hace tanto bien con su ejemplo y con las buenas obras que emprende.
La caridad que nos demuestra de tantas maneras me impresiona verdaderamente, y sobre todo el afecto con que demuestra que quiere contribuir al progreso de la compañía, que se tiene que sentir eternamente obligada a rezar a Dios por él y por los suyos? como yo lo hago frecuentemente en particular.
Ha hecho usted bien en dejar la misión de Bra; no había manera de poder hacer allí ningún bien en medio de ese acaloramiento y división de sus habitantes.
Me gustaría mucho que pudiera darle usted al señor nuncio la satisfacción que espera, ya que así lo desea también el señor marqués, con tal que lo acepte el señor arzobispo.
Estoy temiendo por usted la misión de Chieri, debido al público tan numeroso y al pequeño número de obreros.
Pero Nuestro Señor, que parece llamarle allá por las necesidades tan 537
conocidas y por el mérito de las personas que concurren en la ejecución de este proyecto, será su fuerza en esta ocasión.
Si puede usted excusarse de hacer la misión de Fossano, hará bien; no sólo porque hay otros muchos lugares que desbrozar, como porque se trata de una ciudad episcopal, en donde las reglas nos prohíben estas funciones.
No obstante, si no puede usted honradamente dispensarse de ello, por causa de la obediencia absoluta que debe usted a su señor prelado y fundador que le está urgiendo, habrá que pasar por encima de nuestra práctica por esta vez.
Procuraremos exponerle la cosa a Su Santidad, para que juzgue él mismo 1.
Le doy gracias a Dios de que haya llegado el Padre Mugnier y de que se entregue con tanto interés al estudio de la lengua para ganar las almas a Dios.
No he podido leer todavía su carta, ni otras muchas que acabo de recibir junto con la de usted.
Le contestaré en otra ocasión.
Entretanto le saludo con toda la demás familia.
Me parece muy bien que se haya descargado usted del servicio que había empezado a hacerles a las religiosas de Santa María.
Dios se servirá de algún otro medio para reunirlas, cuando bien le parezca.
Finalmente ha tomado la sotana y el bonete Miguel Angel.
Se ha decidido por sí mismo a entrar en el seminario, como lo ha hecho hace sólo dos días, después de haber estado indeciso por mucho tiempo 2.
Estaba muy molesto de no recibir carta suya, para saber noticias de sus padres.
Le daré la que usted me envía para él.
Estos días pasados hemos recibido una noticia que nos ha llenado de aflicción: que Dios ha querido disponer del Padre Duiguin, muerto el 17 de mayo en su Misión de las islas Hébridas, en donde puede decirse que ha hecho maravillas.
Aquellos pobres isleños lo han llorado como a un padre, tanto los mayores como los pequeños.
No me explican en detalle los frutos que Dios ha realizado por medio de él, pues no se atreven a escribir de los asuntos de la religión más que en términos generales y solamente en figura, por causa de los ingleses, que han or________ 1.
Estas palabras, desde por esta vez, son de mano del santo 2.
No perseveró. 538
ganizado una cruel persecución contra los católicos, y sobre todo contra los sacerdotes, cuando los descubren.
Así es, Padre, como quiere Dios probar a la compañía por todas partes, quitándole tantos y tan buenos obreros.
Como él es señor de vivos y de muertos, le toca disponer de todos según su voluntad; nosotros hemos de suplicarle que suscite otros nuevos que sean según su corazón para proseguir su obra.
Tenemos ya aquí al Padre Alméras, no curado del todo, pero reponiéndose poco a poco, gracias a Dios, en quien soy, Padre, su muy humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al Padre Martín, superior de los sacerdotes de la Misión, en Turín.
Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.