Carta · tomo VII
A FERMIN GET, SUPERIOR DE MARSELLA
2660 [2562,VII,116-119] A FERMIN GET, SUPERIOR DE MARSELLA Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Recibí sus dos cartas del 19 y del 26 de marzo.
Ha hecho usted bien en ponerme al corriente de los malos tratos que de nuevo han infligido al pobre hermano Barreau.
Y ha hecho mejor en pensar que me llenaría de aflicción por ello, ya que efectivamente estoy tan apenado por ello que me es imposible expresarle mi dolor.
Y lo que más lo aumenta es que en todas las injusticias que han cometido con ese pobre hombre, siempre vislumbro algún motivo anterior que él mismo les ha podido dar a los turcos para ello; por ejemplo, en esta última ocasión, si es verdad que no ha salido fiador ni mucho menos por ese comerciante griego residente en Marsella, tal como aseguran los testigos, sí que pudo haberles dicho a los judíos que era persona decente y de solvencia y que no había nada que perder con él; deduzco que ha sido así por lo que ________ Carta 2659.
— Urbain et Lévesque, o.c., t.
I, 29, nota 5. 1.
Meses durante los cuales se llevó a cabo la misión de Metz. 2.
Pedro Bédacier.
Carta 2660.
— Archivo de la Misión, copia sacada del original en casa del señor Hains, Marsella. 106
Tomo VII · p. 116me ha dicho el Padre Le Vacher; si esto es así, ha dado motivos a esos acreedores para emprenderla en contra suya, en medio de ese mal humor en que les ha dejado su deudor.
Sigo estando de acuerdo en que hemos de retirarlo de allí, pero no estoy convencido de las razones que usted me indica para que abandonemos la obra comenzada.
Me parece que se necesita a un misionero en aquel país, tanto para asistir a los esclavos en sus enfermedades como para robustecerlos en la fe en todas las ocasiones.
Es verdad que podrían suplirles los sacerdotes y religiosos esclavos; pero no lo hacen.
Incluso ellos mismos están tan disipados que se necesita una persona de autoridad para contenerlos.
Por otra parte, hay motivos para dudar de si los sacramentos administrados por algunos de ellos son válidos para los pobres cautivos.
Pues bien, si la salvación de un alma es de tan gran importancia que hay que exponer la vida temporal para procurarla, ¿cómo podríamos nosotros abandonar a un número tan grande de ellas por miedo a algunos gastos?
Y aun cuando de su estancia allí no se siguiera más bien que demostrar a esa tierra maldita la belleza de nuestra santa religión, al enviar allá a unos hombres que atraviesan los mares, que abandonan voluntariamente su país y sus comodidades y se exponen a mil ultrajes por el consuelo de sus hermanos afligidos, me parece que los hombres y el dinero estarían bien empleados.
No obstante, pensaremos en todo lo que nos dice con una atención especial, por ser usted el que nos lo escribe, y trataremos el asunto entre nosotros.
De momento nuestra mayor preocupación es la de saber cómo podremos enviar con seguridad el dinero que se está reuniendo, tanto desde aquí hasta Marsella, como luego desde Marsella a Argel; y, una vez allí, de qué manera podremos garantizarlo contra la avaricia insaciable de los turcos y aplicarlo al fin para el que va destinado.
Hay por aquí algunas buenas personas que andan trabajando en descubrir la manera de hacerlo y piensan en ello delante de Dios.
Le ruego que haga usted lo mismo por su parte.
Intentaremos pagar la letra de cambio que usted nos gira para los capellanes; pero haga lo posible por dejarlos contentos con diez escudos cada uno.
Me alegra saber que ha enviado usted doscientas piastras a Túnez y que se ha presentado una buena ocasión para enviar lo demás 107
Doy gracias a Dios por las misiones que está haciendo en las galeras; pido a Nuestro Señor que las bendiga.
Le envío una letra de cambio de 100 libras, que habrá de pagarle el señor Juan Abeille; haga el favor de enviar esta cantidad a Argel, a Nicolás Renouard, para que pueda volver a Francia.
Dicen que está ya libre y que solamente debe los derechos de puerto; nos han rogado que, si no tiene bastante con esas cien libras le encargue a dicho señor Abeille que entregue todo lo que se necesite.
Ese joven es del Havre de Gracia.
Le ruego que me diga si ha recibido usted lo que faltaba de aquel dinero que el dueño de un barco debía a los esclavos de aquel mismo lugar del Havre, y por el cual tuvo usted que presentar una denuncia en Marsella y en Aix.
Nos piden cuenta de ello.
Haga el favor de indicarme cómo está este asunto.
Hemos recibido una carta y un escudo para Martín de Lancre, forzado en la Mercares, que se encuentra actualmente en Marsella.
Le ruego que se lo entreguen.
Ha querido Dios privarnos del buen Padre Senaux 1, que era el alma de la casa de Troyes, y uno de los padres más prudentes, pacientes, mansos y celosos que tenía la compañía, siempre de salud delicada, pero siempre en manos de Dios.
Lo encomiendo a sus oraciones y a las de su pequeña familia.
Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión
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