Carta · tomo VII

A LA SEÑORITA CHAMPAGNE 1

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VII
Extensión
1.162 palabras
Página inicial
164 (PDF)
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2709 [2611,VII,186-189] A LA SEÑORITA CHAMPAGNE 1 25 junio 1658 Señorita: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Le agradezco la confianza con que usted me honra.

He recibido su carta con el deseo de servirle y la he leído con gozo, al ver los sentimientos de su corazón. ________ 1.

Los hospitales de Calais rebosaban de soldados heridos en la batalla de las Dunas, o contagiados por la epidemia. 2.

Francisca Manceau, Margarita Ménage, María Poulet y Claudia Muset.

La epidemia que iban a combatir las afectó a las cuatro y se llevó a las dos primeras.

La reina mandó elevar un monumento a las dos víctimas.

Carta 2709.

— Reg.

I, f.º 55. 1.

Sobrina de la señorita du Fresne y novicia en la abadía de Nuestra Señora de Sézanne 164

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1.º No me extraña que sienta usted alguna repugnancia por los ejercicios de la religión; al contrario, lo extraño sería que no la sintiese.

Dios prueba tarde o temprano a las almas que llama a su servicio por medio de penas semejantes y más vale que se sienta usted probada desde el comienzo de su vocación que no en el progreso o en el final, ya que así aprenderá usted cuanto antes a conocerse y a humillarse, a desconfiar de usted misma y a confiar en Dios, en una palabra, a ir acumulando paciencia, fortaleza y mortificación, que son las virtudes que más necesitará usted durante su vida. 2.º No dudo de que le gustaría a usted seguir siendo libre como era antes, pero ese gusto sería obra de la naturaleza y no duraría mucho tiempo.

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No es posible servir a dos señores y, si quiere usted gozar de la libertad de los hijos de Dios, tiene que seguir usted a Jesucristo por el camino estrecho de la sujeción que lleva a la salvación; pues, por muy bien dispuesta que usted estuviera para- obrar bien marchando por el camino amplio de la propia libertad, podría usted extraviarse como se extravían de ordinario aquellos que no se unen a Dios más que con hilillos de seda, ya que es muy grande la inconstancia humana. 3.º Le ruego, señorita, que piense un poco en el Hijo de Dios, que vino a este mundo no sólo para salvarnos con su muerte, sino para someterse a todos los deseos de su Padre y atraernos hacia él por el ejemplo de su vida.

Todavía estaba en el vientre de su Madre cuando se vio obligado a obedecer a un edicto del emperador.

Nació fuera de su país, en una época muy dura del año y en medio de una extrema pobreza.

Poco después tuvo que padecer la persecución de Herodes y marcharse al destierro, donde sufrió sus propias incomodidades y por compasión las de la Virgen y san José, que padecían mucho por causa de él.

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Después de volver a Nazaret fue creciendo, sujeto siempre a sus padres y a las reglas de una vida oculta para servir de modelo a las almas religiosas que, habiendo abrazado una vida parecida, tienen que someterse a sus superiores y a las obligaciones de su estado.

Y no cabe duda de que entonces pensaba también en usted, con ese eterno designio que tuvo de salvarla por medio de ese retiro absoluto que usted ha comenzado.

Pues bien, si usted dirige a su vez los ojos a ese divino Salvador, verá usted, señorita, cómo él sufre incesantemente, cómo reza, cómo trabaja y cómo obedece. «Si vivís según la carne, 165

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dice san Pablo 2, moriréis»; y para vivir según el espíritu que vivifica, es preciso vivir como vivió Nuestro Señor: renunciar a sí mismo, hacer más bien la voluntad de otro que la suya propia, usar bien de las contradicciones y pensar que los sufrimientos son mejores para nosotros que las satisfacciones. «¿No era menester que Cristo padeciera estas cosas?», decía a sus discípulos que hablaban de su pasión 3.

Era para darnos a entender que, lo mismo que él no entró en su gloria más que a través de las aflicciones, tampoco podemos pretender nosotros llegar a ella sin sufrimientos. 4.º Se sufre de diversas maneras.

Los apóstoles y los primeros cristianos sufrieron la persecución de los tiranos y toda clase de ultrajes; se ha dicho que todos los que quieran seguir a Jesucristo habrán de sufrir tentación 4.

Si piensa usted un poco en su vida pasada, verá que no ha estado exenta de ello; y en cualquier estado en que usted estuviera, incluso en el del matrimonio, y un matrimonio con todas las ventajas, encontraría usted cruces y amarguras.

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Se encuentran pocas personas en el mundo que no se quejen de su condición, aunque parezca agradable.

La verdad es que la mejor condición es la que nos hace más semejantes a Nuestro Señor tentado, rezando, obrando y sufriendo; y por ahí es por donde él conduce a las almas que quiere elevar a una perfección más alta. 5.º Así pues, señorita, no tiene usted que retroceder por el hecho de no encontrar ningún gusto en los ejercicios de la virtud; la virtud no es virtud más que en la medida en que uno se hace fuerzas para practicarla. «La vida del hombre no es más que un combate», según decía Job 5.

Por consiguiente, hay que combatir si no quiere uno ser vencido.

Y como el diablo es un león rugiente, dando siempre vueltas a nuestro alrededor para devorarnos, no dejará de atacarle en esos buenos propósitos que usted tiene de ser totalmente de Dios, a fin de desanimarla en este empeño y derribarla, si puede, previendo que, si usted persevera, él se verá confundido.

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Por tanto, es conveniente que le resista usted con energía mediante la oración y el cumplimiento fiel de las prácticas de la comunidad, poniendo sobre todo en Dios una confianza filial y sin ________ 2.

Rom 8, 13. 3.

Lc 24, 26. 4.

Mt 16, 24. 5.

Job 7, 1. 166

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gular.

No le faltará su gracia; al contrario, abundará en su alma tanto más cuanto mayores sean las adversidades y cuanto más decidida esté a superarlas con su misma gracia.

Dios no permite jamás que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas. 6.º Por todas estas razones, señorita, me parece que haría usted bien en resistir a las dificultades.

Cuanto más se entregue usted a Nuestro Señor, más bendiciones recibirá.

Su yugo es suave para el que lo abraza de buena gana; y su carga será ligera, si la compara usted con la de Jesucristo, que padeció tanto por usted, o si piensa usted en la recompensa y en el consuelo que ha prometido a los que le sirven constantemente, sin quejas, en el lugar y de la manera que él desea, según espero que hará usted.

Esto es, señorita, lo que a mí se me ocurre, que someto a su consideración.

No le hubiera dicho nada de esto, si no me lo hubiera usted pedido y si no hubiera visto al final de su carta que lo que usted desea es conocer la voluntad de Dios para cumplirla.

Le ruego que le conceda esta gracia.

Soy en su amor, señorita...

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