Carta · tomo VII
A JUAN MARTIN
2714 [2616,VII,195-196] A JUAN MARTIN París, 5 julio 1658 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Hace bastante tiempo que no le he escrito y todavía más que no he recibido carta suya.
No sé a qué será debido, a no ser que sea su ausencia de Turín y sus muchas ocupaciones en el campo; y no acabo de convencerme de que no disponga usted ni siquiera de una hora para darme a conocer el estado de su salud y el éxito de sus trabajos después de cuaresma.
Puede usted imaginarse lo preocupado que estoy.
Le ruego, padre, que me dé puntualmente noticia de todo.
En mi última le pedí que enviara a Génova a los padres Stelle y Beaure.
Creía que lo habría hecho ya; pero me escribe el padre Lejuge que están todavía en Turín.
Le ruego, padre, que los haga partir cuanto antes, y que se quede usted con el padre Laurence que pasó ya dos años en el seminario y está en condición de hacer los votos; si está dispuesto a hacerlos, haga el favor de permitirle que los haga.
Le ruego que me diga si ha pagado ya al señor Delaforcade los portes de las cartas desde que está usted en el Piamonte, pues es justo que se le pague lo que ha adelantado. ________ Carta 2714 (CF).
— Archivo de Turín, original. 172
Las noticias que tenemos por aquí son que, gracias a Dios, nos encontramos todos en bastante buen estado de salud, después de haber estado enfermos la mayoría con un pequeño resfriado que ha corrido.
Tenemos dos o tres grupos de misioneros trabajando; y, por lo que me dicen de las otras casas, todo va bastante bien, gracias a Dios.
El barco que partió para Madagascar el pasado mes de marzo, en donde iban cuatro de nuestros padres, se vio tan agitado por una grande tempestad al día siguiente de su partida y durante ocho días a continuación que estuvieron durante todo aquel tiempo en peligro de verse sumergidos en el agua, con los mástiles y el timón rotos y aquellas pobres gentes expuestas a merced de las olas y del viento; pero finalmente Dios les hizo llegar a Lisboa, en Portugal, en donde hicieron reparar el barco y volvieron a la mar; pero poco después fueron atacados por un barco de guerra español, que los apresó y los llevó a España, de donde esperamos que Dios quiera devolvérnoslos.
Es ésta una buena ocasión para adorar las disposiciones de la Providencia y someter a ella nuestros pobres razonamientos.
Soy en su amor su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al padre Martin, superior de la Misión, en Turín.
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