Carta · tomo VII
A SOR ANA HARDEMONT
2739 [2641,VII,232-234] A SOR ANA HARDEMONT París, 10 agosto 1658 Hermana: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
He recibido varias cartas de usted y con ellas mucha pena al ver todo lo que tiene que sufrir.
Sí, le tengo realmente compasión a; ver cómo gime su pobre corazón, oprimido por ese malestar que siente de estar allí.
¡Quiera Dios, con la misericordia de su mansedumbre, suavizar su pena y hacerle ver que es usted más feliz de lo que se imagina!
Sí, hermana, nuestra felicidad está en la cruz, y Nuestro Señor no quiso entrar en la gloria más que a través de la amargura.
El la conduce por el camino de los santos; no se extrañe de todo lo que le pasa; tenga paciencia, deje obrar a Dios, dígale que se cumpla su voluntad y no la suya.
Sé muy bien que así lo hace y que se ofrece usted a él para hacer y para sufrir lo que él quiera; pero es preciso continuar con confianza, sin dejarse llevar por el desánimo.
Si se mantiene usted firme en seguir en el sitio en que está y en superarse a sí misma en el servicio de los pobres, merecerá usted que su divina bondad cambie su tristeza en gozo y sus antipatías en contento.
Así lo hará, según ________ Carta 2738.
— Reg. 2, 241.
Carta 2739 (CF).
— Archivo de la Misión, original 202
espero.
Y con ello edificará usted a su hermana y la animará a la práctica de las virtudes.
Se imagina usted que la señorita Le Gras la ha enviado a ese país para deshacerse de usted.
¡Dios mío!
¡Qué lejos de la verdad está ese pensamiento!
Me consta que ella la aprecia y la estima y que ha querido buscar su propio bien enviándola junto a una dama de gran piedad, para el servicio de Nuestro Señor y el consuelo de sus pobres miembros.
La verdad es que debe dar gracias a Dios por la elección que su providencia ha hecho de usted para ir a Ussel 1, porque, si hubiera estado usted aquí, la habrían enviado a Calais, adonde la reina nos ordenó que enviáramos a cuatro hermanas para asistir a los heridos del ejército, y en donde cayeron todas enfermas y murieron dos 2, y las otras dos no sé si podrán recuperarse; esto nos ha obligado a mandar allá a otras cuatro que han partido con toda decisión, a pesar del peligro; y la más antigua de la compañía, que es sor Enriqueta 3, al conocer la enfermedad y la muerte de sus hermanas, ha pedido ir a ocupar su sitio, por una inspiración que Dios le ha dado de ir a exponer su vida por el prójimo, que es un acto de amor de Dios de los más agradables a su divina Majestad.
¡Bienaventuradas aquellas almas que mueren en el ejercicio de la caridad, sin contentarse con el nombre que llevan!
Y usted, hermana, que se llama también hija de la Caridad, puede considerarse feliz de estar en un sitio y en una situación en que puede ofrecer sus afanes, sus trabajos y su misma vida por la caridad, para obtener esa misma corona y quizás otra mayor.
Le ruego, pues, hermana, que se decida a permanecer en paz en ese sitio, sin aceptar la más pequeña idea de volver acá ni de ser enviada a Cahors.
Lo primero no es conveniente, ni lo otro es factible.
Pido expresamente a Nuestro Señor que le dé fuerzas y que le bendiga.
Soy en su amor su muy querido hermano y servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión ________ 1.
A petición de la duquesa de Ventadour, Luisa de Marillac había enviado a dicha ciudad en mayo de 1658, para fundar allí un hospital, a las hermanas Ana Hardernont y Avoya Vigneron, que asustadas por las dificultades iniciales se dejaron caer en el desánimo. 2.
Véase la carta 2708, nota 2. 3.
Enriqueta Gesseaume. 203
Dirección: A sor Ana Hardemont, hija de la Caridad, sirviente de los pobres enfermos de Ussel.
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