Carta · tomo VII
A SOR AVOYA VIGNERON, EN USSEL
2744 [2646,VII,240-243] A SOR AVOYA VIGNERON, EN USSEL París, 24 agosto 1658 Hermana: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
He escrito dos cartas a la buena sor Ana 1 y sentí también entonces ganas de escribirle a usted; pero no pude hacerlo por culpa de mis muchos quehaceres.
Al presente responderé a las cartas de usted y a la que le escribió al Padre Portail.
Dice usted que Dios les da trabajo para probar su paciencia. ________ 1.
Felipe Le Vacher.
Carta 2744 (CF).
— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.
Ana Hardernont. 208
Eso es bueno, mi querida hermana, porque es la señal de que la divina bondad quiere que progresen ustedes en esa virtud, para que por su práctica todos los trabajos y aflicciones de este mundo se conviertan para ustedes en provecho y en motivo de mayor gloria.
Al cielo solamente se llega por el camino del sufrimiento; es una regla general.
Sin embargo, no todos los que sufren se salvarán, sino solamente aquellos que sufran de buena gana por el amor de Jesucristo, que fue el primero en sufrir por nosotros.
Fíjese entonces si, en vez de desanimarse, no deberá usted más bien alegrarse y confiar en Dios, que no permitirá jamás que se vea usted tentada por encima de sus fuerzas.
Añade usted que ya ha derramado muchas lágrimas y ha hecho muchas oraciones y novenas.
Todo eso está bien; Nuestro Señor dijo que son bienaventurados los que lloran 2, y que los que piden, recibirán 3.
Sin embargo no dijo que uno será escuchado inmediatamente después de su petición; y esto, para que no dejásemos de pedir.
Por eso, hermana, no debe decir usted esa frase que se le ha escapado, de que cuanto más pide, menos consigue; porque eso indica que no está usted muy resignada con la voluntad de Dios y que no confía bastante en sus promesas.
Muchas veces es Dios más bondadoso con nosotros cuando nos niega lo que le pedimos que cuando nos lo concede; y hemos de pensar que, puesto que conoce mejor que nosotros lo que es bueno, lo mejor es lo que él nos envía, aun cuando sea poco agradable a la naturaleza y contrario a nuestros deseos.
¡Dios mío!
¡Cuánto siento sus penas y cómo compadezco a la pobre sor Ana, tan oprimida por sus pesares!
Pero, en fin, es un ejercicio que Dios permite para probarles a ustedes, como usted misma dice; recíbalo, pues, como un beneficio de su mano paternal y procure usar bien de él.
Ayude a su hermana a llevar la cruz, ya que la de usted no es tan pesada como la suya; recuérdele que es hija de la Caridad y que debe ser crucificada con Nuestro Señor y someterse a su divina voluntad para no ser del todo indigna de tan digno padre.
¡Ay!
Si no supera esas pequeñas repugnancias de su espíritu, ¿cómo podrá soportar otras aflicciones mayores?
Tengo miedo de que seamos demasiado sensibles a los males pequeños y que no tengamos bastante decisión para vencer las dificultades que se encuentran en el servicio de Dios y de los pobres.
Nos ________ 2.
Mt 5, 5. 3.
Lc 11, 10. 209
gustaría encontrar en ese servicio nuestro consuelo y que todo fuera según nuestro gusto; pero no queremos servir a Dios a costa de nuestro sacrificio, sino recibir ya en este mundo la felicidad del espíritu como recompensa del trabajo del cuerpo.
Pero no será de este modo, hermana, como se hará usted agradable a Dios, sino sufriendo pacientemente tanto las penas interiores como las exteriores.
No hace usted bien en echarle a la señorita 4 la culpa de sus fatigas, ni en negarse a escribirle por el hecho de que no le agraden las cartas que ella le escribe; tampoco debe atribuir, como atribuye, la elección que se ha hecho de ustedes a otros motivos distintos de la providencia divina, que es la única que las ha llamado al lugar en que están.
Ustedes mismas se darán cuenta de ello cuando obedezcan a sus superiores por amor de Dios, y cuando no vean más que a él en las órdenes que reciban.
Le contesté a sor Ana sobre los deseos que tenía de ir a Cahors.
Si esos deseos viniesen de Dios, como usted cree, no andaría ella inquieta, como está, sino que se pondría en manos de quienes la guían.
Si ella se esfuerza en cumplir la voluntad de Dios en Ussel, hay motivos para esperar que también la cumplirá en otras partes; y si finalmente no encuentra allí la paz y se llega a hacer la fundación de Cahors o la de Montpellier, podremos enviarla a alguno de esos dos sitios; pero son asuntos sin concluir y es menester que tenga paciencia en el sitio en que ahora está, ya que es la voluntad de Dios.
No debe preocuparse ella tanto, ni usted tampoco, de si el hospital está debidamente fundado, de si marcha bien, de si le falta base para el futuro.
Sirvan ustedes a los pobres lo mejor que puedan y dejen todo lo demás en manos de Dios.
Todas sus obras tienen sus comienzos y sus progresos, y si la señora duquesa 5 no puede de momento poner todas las cosas en la situación que sería de desear, podrá hacerlo con el tiempo.
Hagan por su parte todo lo que Dios pide de ustedes y quédense tranquilas; y sobre todo quiéranse mucho ustedes dos y sopórtense la una a la otra en Nuestro Señor. ________ 4.
Luisa de Marillac. 5.
La duquesa de Ventadour 210
Les saludo con todo mi afecto y pido a Dios que les dé su santa fortaleza y su abundante bendición.
La señorita está bastante bien.
Ahora van cuatro hermanas a fundar en Metz.
Soy en Nuestro Señor su hermano y servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Al pie de la primera página: Sor Avoya Vigneron.
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