Carta · tomo VII
A EDMUNDO JOLL Y, SUPERIOR DE ROMA
2769 [2671,VII,277-278] A EDMUNDO JOLL Y, SUPERIOR DE ROMA 27 septiembre 1658 Me parece que no cabe esperar ningún resultado de la propuesta de Toledo antes de que se firme la paz entre las dos coronas; creo que ha sido eso lo que ha querido decirle el señor de ________ 1.
Jn 6, 68. 2.
Esta frase es de mano del santo Carta 2769.
— Reg. 2, 247. 239
Loeus 1, sin decírselo claramente, con sus respuestas generales y evasivas.
Como, gracias a Dios, nosotros no queremos más que lo que él quiere, esperaremos con mucha paciencia el tiempo que ha ordenado su Providencia para la ejecución de sus designios.
Esto mismo es lo que le digo respecto a la residencia para su familia, ya que probablemente no le darán esa que usted ha visto, por las dificultades que existen, y no podrá presentarse durante algún tiempo ninguna otra que les vaya bien y que no tenga dificultades.
¡ Quiera Dios hacernos recibir todos los acontecimientos con la misma buena disposición!
Esto es, tener la misma indiferencia ante los buenos que ante los malos.
Dios nos lo concederá sin duda si nosotros suprimimos nuestros deseos y nuestros gustos en su presencia, dejándonos gobernar por su sabiduría y creyendo que todo lo que sucede es lo mejor para nosotros, aunque sea contrario a nuestros sentimientos.
Si Dios castiga a los que ama, hemos de pensar que nos ama cuando los asuntos nos van mal.
Me alegro de su interés en urgir la expedición de las bulas de San Lázaro.
Es el sello que debe afirmar a esta comunidad e incluso a toda la compañía que, después de Dios, tiene su centro y su fundamento en este lugar.
Por eso mismo comprenderá usted la importancia de ese servicio que usted le rinde, al proporcionarle los medios para defenderse de los ataques que le amenazan.
Porque andan pensando en echarnos de aquí, si pueden, tal como ya le dije.
Hemos de temer cualquier cosa después de un proceso que acabamos de perder en contra de todas las apariencias divinas y humanas, respecto a la finca de Orsigny, que también hemos perdido.
¡Bendito sea Dios!
El nos ha concedido la gracia de recibir este golpe como venido de su mano paternal, que nos quita un poco de los bienes temporales para aumentar nuestra confianza en su bondad y nuestra paciencia en las adversidades, que son unas virtudes muy necesarias a los cristianos y a los misioneros.
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