Carta · tomo VII
A UN SUPERIOR
2770 [2672,VII,278-279] A UN SUPERIOR 28 septiembre 1658 Otra vez, cuando tenga usted a los ordenandos en casa, haga ________ 1.
Nombre latinizado de Santiago Duley, futuro obispo de Limerick.
Carta 2770.
— Reg. 2, 120. 240
el favor de no dejarlos, como ha hecho últimamente marchándose al campo a reconocer un lugar donde van a hacer la misión.
No se pueden abrazar demasiadas cosas a la vez; y me parece que es inútil que usted salga, ya que les están pidiendo de todas partes.
¿Es que no puede usted decidirse a escoger una parroquia para tener las misiones sin haberla visto previamente?
Me extraña, Padre, que me siga usted urgiendo que le envíe sus libros, ya que le he escrito en varias ocasiones que va contra las normas de la compañía tener ningún libro en propiedad y mucho menos llevarse muchos de una casa para otra.
Incluso le he dicho que me veo obligado a insistir seriamente en la observancia de esta regla.
Ya era esto bastante para que viera usted en ello la voluntad de Dios y para acatarla, sin andar insistiendo continuamente en que pasáramos por encima de ella.
Pero lo que más me disgusta es que sus cartas vienen siempre llenas de acritud y de quejas, bien por lo que a usted se refiere, bien por lo que atañe a otras personas, y que a usted no le interesa.
Y no contento con dirigirse a mí, anda manifestando sus quejas a un tercero y a un cuarto; por ejemplo, a propósito de esos libros, ha demostrado usted su resentimiento a las personas con quienes convive y se lo ha escrito a los padres... de esta casa, publicando de este modo su descontento, como hacen los espíritus débiles que no pueden soportar la más pequeña mortificación.
Espero que esto no vuelva a suceder.
Estoy preocupado por la enfermedad del hermano... y pido a Nuestro Señor que le devuelva la salud.
Si creyera que ese buen hermano iba a reponerse antes en París que en ese sitio, me gustaría mucho que viniera; pero ordinariamente el cambio de lugar no sirve de mucho para que mejore la vista y para reparar las fuerzas perdidas.
Yo no veo que la gente bien acomodada de la ciudad salga de sus casas cuando se ponen enfermos y se vaya a otros lugares lejanos para reponerse; todos sufren su enfermedad en casa y utilizan los remedios que allí encuentran.
Pues bien, como ese hermano ha estado sirviendo en su casa diez o doce años, es justo que ustedes le atiendan y le cuiden ahora que está enfermo, sin querer descargarse en otra casa que tiene ya demasiados enfermos.
Así pues, Padre, le ruego que lo retenga y que le cuide debidamente. 241
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