Carta · tomo VII
AL PADRE GUESPIER, EN TOURS 1
2824 [2726,VII,370-371] AL PADRE GUESPIER, EN TOURS 1 París, 20 noviembre 1658 Mi reverendo Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Es verdad que he recibido varias cartas suyas sin haberlas contestado.
Le pido perdón por ello.
Estaba esperando la llegada del señor abad de Chandenier 2, que había ido a Metz, para preguntarle por el estado del asunto de que me escribe 3.
Pero, en vez de regresar a París, se ha ido más lejos; y esto me obliga, sin esperar por más tiempo, a decirle a su reverencia todo lo que sé, esto es, que no hemos tenido nunca la intención de pagarle dos veces la misma cosa.
Siempre he creído que era razonable que, puesto que tuvo usted la bondad de ceder el púlpito a los misioneros, éstos le dieran la misma retribución que habría recibido usted si efectivamente hubiese predicado.
Así lo hicieron con el dinero que les dio la reina para ello.
Y cuando su reverencia me dijo, cuando me honró con su vista, que no le habían pagado debidamente, yo mandé darle seis pistolas de nuestro fondo, con lo que me dijo usted que quedaba satisfecho.
Me acuerdo sin embargo, mi reverendo Padre, que ya entonces tenía usted algunas pretensiones para hacerse además con la cantidad que el administrador del obispado acostumbra dar a los predicadores cuaresmales; pero le indiqué que eso no dependía de nosotros; no obstante, su reverencia se empeñó en que me tomase el honor de exponer al señor obispo de Augusta 4 que, ________ Carta 2824 (C no F).
— Archivo de la Misión, minuta de mano del secretario. 1.
Dominico de la casa de Tours, maestro en teología. 2.
Luis de Chandenier. 3.
Véase la carta 2618. 4.
Pedro Bédacier, sufragáneo del obispo de Metz. 316
aunque dichos misioneros le habían entregado cien escudos, seguía usted esperando otro tanto del señor administrador, para que, si dicho señor obispo creía conveniente que le diesen esa doble retribución, supiese que yo no me oponía a ello.
Así pues, le entregué entonces una carta en la que substancialmente se decía todo esto.
Y ahora su reverencia me vuelve a escribir dándole un nuevo giro a este asunto.
No ha sido eso lo que ha pasado.
Yo no me he mezclado para nada en este asunto, ya que por mi parte cumplí con la intención de la reina, que fue que se le entregasen treinta pistolas por haber cedido el púlpito, en lugar de una cantidad semejante que debería haberla pagado el señor administrador, si hubiera predicado; se le entregaron 24 pistolas en Metz de parte del señor abad de Chandenier y el procurador de San Lázaro le entregó las otras seis en París.
No me hubiera opuesto a que hubiera usted recibido además lo que estaba en manos del señor administrador; pero, como le dije a su reverencia, esto no dependía de mí, y acabo de saber que ese dinero, por orden de Su Majestad y con la aprobación del donante, se ha aplicado a las necesidades de la Caridad de Metz, establecida para el cuidado de los pobres enfermos; pero yo no me he mezclado para nada en esta aplicación.
Siento mucho, mi reverendo Padre, que no haya obtenido usted lo que deseaba, ni por lo que respecta al dinero, ni por lo que atañe a la cátedra en París.
Si hubiera podido, le hubiera servido de buena gana, y lo haré en cualquier otra ocasión, cuando tenga usted a bien honrarme con sus órdenes, asegurándole que soy de todo corazón, en el de Nuestro Señor, su muy humilde y obediente servidor.
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