Carta · tomo VII
A LUISA DE MARILLAC
2890 [2791,VII,460-462] A LUISA DE MARILLAC [Marzo 1659] 1 Me da vergüenza haber tardado tanto en darle las gracias a la señorita Le Gras por todos los favores que nos hace; lo hago al presente con toda la gratitud de mi corazón, y pido a Nuestro Señor que sea él su recompensa.
Tiene usted razón en rechazar la propuesta de esa clase de hermanas separadas y vestidas de forma diferente de las demás; hará bien en señalar de vez [en cuando] 2 a sus oficiales su pensamiento; yo haré lo mismo cuando tenga ocasión, con la ayuda de Dios.
¿Mandará usted a buscar a sor Georgette para conocer todos los detalles de ese asunto 3 y ver si se la envía a Richelieu o a algún otro sitio?
Si no ve usted ningún inconveniente en ello, parece que sería de desear hacerlo cuanto antes, antes de que vaya a verla la señora mariscala de Estrées, que es dama de Nanteuil 4 y que seguramente irá enseguida. ________ 1.
Parroquia de París.
Carta 2890 (CA).
— El original de esta carta pertenece a las Hijas de la Caridad de la calle Oudinot 3, París. 1.
Esta carta es de la misma fecha, poco más o menos, que la carta dirigida por Luisa de Marillac a sor Nicolasa Georgette el 28 de marzo de 1659. 2.
Palabras olvidadas por el santo. 3.
Sor Nicolasa Georgette no se entendía bien con el párroco de Nanteuil, como puede verse en la carta que Luisa de Marillac le escribió en esta ocasión, n. 4. 4.
Ana Habert de Motmaur, viuda de Carlos de Thémines casada en abril de 1634 con Francisco Annibal, duque de Estrées, conde de Nanteuil-le-Haudouin, par y mariscal de Francia, antiguo embajador en Roma. 394
Yo me encuentro mejor, gracias a Dios y a sus remedios.
He tenido un acceso de fiebre motivado por algún enfriamiento, que me daba escalofríos como de ordinario; se trata de una especie de calentura a la que soy muy propenso.
Se ha curado una de mis piernas, que llevaba mal hace casi un año; ya no tengo necesidad de curarla.
Y la otra está mejor, gracias a Dios; he mandado que me la curen de la manera que usted me ordenó.
También me atengo a sus consejos para la renovación de los cauterios, que me purgan mucho desde hace algún tiempo.
Pero prefiero creer que lo que más bien me hace son las oraciones y la novena que usted ha mandado hacer por mí.
Nunca la caridad me ha parecido tan apreciable y tan amable como ahora.
¡Bendito sea Dios que manifiesta tan bien su amor en el de usted, a quien doy de nuevo las gracias con todo mi corazón!
Lo que le he dicho de la pierna que tengo ulcerada no es que deba desear que se cure por completo.
Dirección: A la señorita Le Gras.
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