Carta · tomo VII
A SANTIAGO PESNELLE, SUPERIOR DE GENOVA
2928 [2829,VII,522-524] A SANTIAGO PESNELLE, SUPERIOR DE GENOVA París, 2 mayo 1659 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Recibí su carta del 7 de abril, que me ha llenado de alegría.
Me parece muy bien su firmeza en no querer confesar a los franceses en su capilla; le ruego que mantenga ese criterio, porque el permiso que di era sólo para casos de necesidad; incluso yo suponía entonces que no había ninguna iglesia a un cuarto de legua o media legua fuera de la ciudad, ya que, si la hubiera, aconsejaba que se fuera allá a confesar a esas pobres gentes, que no pueden ir a otro sitio; es que me habían propuesto la cosa de una manera muy distinta de como me la presenta usted ahora.
No me parece que la poca presencia y el poco saber de ese sacerdote italiano que se presenta para ser recibido sean motivo suficiente para no admitirlo, si tiene por lo demás cierta capacidad, sentido común y buena voluntad, tal como me dice usted que tiene.
Doy gracias a Dios de que su pequeño semillero vaya creciendo en número y en virtud.
Es preferible que el Padre Antonio Bruno y todos los demás que tienen que hacer los votos al final del período de seminario los hagan en presencia de usted, mientras dice ________ Carta 2928.
— Archivo de la Misión, copia del siglo XVII 444
usted la santa misa, y no en presencia de otro que no sea el superior, siempre que pueda usted hacerlo.
No me apena el que se dé usted cuenta de la necesidad que tiene de la gracia de Dios, ya que esto le mantiene en un estado de temor y de humildad del que no deberíamos nunca salir.
Pido a Nuestro Señor que nos mantenga firmes en ese estado y que luego nos llene de confianza para con su bondad paternal para pedirle y obtener de él las ayudas necesarias para cumplir nuestros deseos de procurar puramente su gloria en nosotros y en los demás.
Le pido especialmente que le llene a usted de la plenitud de su espíritu, para que lo derrame luego entre los señores párrocos del campo, que están ahora o que sigan yendo a su casa para hacer los ejercicios, según las órdenes del señor cardenal.
No tengo ninguna noticia de los hermanos de usted, no sé si habrá regresado ya el que se marchó a Roma; por eso no tengo los debidos elementos de juicio para resolver nada en su asunto.
Dígame si sigue todavía en Italia y, si acaso está en Rouen, escriba a los dos para proponerles sus intenciones, y entonces obraremos según eso.
Envíeme sus cartas abiertas.
La señora duquesa de Vins, que era de Provenza, murió en París hace uno o dos meses, dejando a la casa de Marsella 18.000 libras para el mantenimiento de algunos sacerdotes dedicados a hacer misiones, encargando que todos los sacerdotes de la compañía celebren después de su muerte cada uno una misa por su intención.
Le ruego, Padre, que todos los de esa familia le rindan esta obligación con espíritu de gratitud.
Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión
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