Carta · tomo VII
A JUAN MARTIN
2949 [2850,VII,567-569] A JUAN MARTIN París, 23 mayo 1659 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Me he alegrado mucho al recibir su carta del día 1 de este mes, pues hacía bastante tiempo que no recibía ninguna, al ver por ella que Dios sigue bendiciéndole y dándole buena salud.
Se lo agradezco de todo corazón.
También a usted le doy las gracias por haberme encomendado a las oraciones del señor marqués, su fundador 1.
Tengo mucha confianza en su caridad y mucha necesidad de una ayuda semejante.
Por ahora me encuentro bastante bien; lo malo es que las piernas casi no me pueden sostener.
Dios me sigue concediendo la gracia de poder celebrar la santa misa, pero ya no salgo a la ciudad.
Como la conservación de ese buen señor es tan necesaria, se la pido muchas veces a Dios, al mismo tiempo que una mayor santificación de su alma.
Nuestra pequeña compañía está obligada a interersarse delante de Dios por él por la gran bondad que nos demuestra, especialmente a usted y a su familia.
Aun cuando no resultara esa gestión de la abadía 2, le estaremos eternamente agradecidos, ya que no ha ahorrado ningún esfuerzo de su parte.
¡Bendito sea Dios de que las cosas vayan por buen camino!
El Padre Jolly me ha dicho lo mismo que usted a este respecto.
La conversión de los herejes, lo mismo que la de los pecadores, es obra de la pura misericordia de Dios y de su omnipotencia, que llega antes cuando no se piensa en ella que cuando se la busca.
Sin embargo, no hay que dejar de trabajar en ello siempre que se presente la ocasión, porque así lo quiere Dios y porque resulta una de las dos cosas: o que esas almas extraviadas se aprovechan de la buena semilla que se ha sembrado en sus corazones, o que Dios se sirve de ello para justificar en el juicio el decreto de muerte que pronunciará contra ellas, diciéndoles: ¿Qué es lo que he podido hacer que no haya hecho para llevaros por el camino recto?
Seguiremos pidiéndole a Dios que saque gloria de sus trabajos ________ Carta 2949 (CF).
— Archivo de Turín, original. 1.
El marqués de Pianezza. 2.
El abadía de San Antonio. 481
y que bendiga especialmente la misión que están haciendo ustedes en Cherasco 3, que está en los dominios de Su Alteza Real.
La señora marquesa de Vins, que era de Provenza, falleció en París el pasado mes de marzo, dejando a nuestra casa de Marsella 18.000 libras para el mantenimiento de dos sacerdotes que trabajen en las misiones, con la carga de que todos los de la compañía celebren cada uno una misa por su intención.
Así pues; Padre, le ruego que usted y los suyos cumplan con esta justa obligación en espíritu de gratitud.
Por aquí no tenemos ninguna novedad; las cosas van bastante bien, gracias a Dios.
No tenemos ningún enfermo ni convaleciente más que los ordinarios, a saber, los padres Alméras, Bécu, Bourdet, Almirault y Gorlidot, que han empezado con nuevo régimen, que les va muy bien; el último que he nombrado, que fue el primero en empezarlo y que estaba ya más cerca de la muerte que de recobrar la salud, está totalmente curado; ayer nos predicó un sermón muy atinado.
Consiste ese régimen en no comer más que pan ni beber más que leche, sin tomar ningún otro remedio.
Me dice usted que se le ha presentado un sacerdote joven para entrar en la compañía, que pertenece a la congregación de San Felipe Neri, y que después de haberle animado a seguir en su congregación y haberle expuesto la dificultad que ponemos para recibir a los de otras comunidades, sigue pidiendo entrar con nosotros, deseando alejarse de sus parientes para ser totalmente de Dios, y que con esa idea ha pedido ya su despido, aunque no se lo han concedido.
La verdad es que estas razones parecen legítimas; pero, aun cuando hubiera otras más fuertes, no hay que pensar en recibirlo, porque la experiencia demuestra que los que salen de una comunidad para entrar en otra no resultan bien en ninguna; los señores de la conferencia de los martes lo saben tan bien que no reciben en ella a los que han sido de cualquier otra congregación.
Soy en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al Padre Martin, superior de los sacerdotes de la Misión de Turín. ________ 3.
Ciudad del Piamonte.
A propósito de esta misión, cf.
Abelly, o.c., 1, II, c.
I, sec.
VI, 90. 482
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