Carta · tomo VII
A JUAN BARREAU
2984 [2884,VII,619-622] A JUAN BARREAU París, 27 junio 1659 Mi querido hermano: [La gracia de Nuestro] Señor sea siempre con nosotros. [Recibí su] carta del día 3 de mayo, que me ha [alegrado mucho] al ver cómo se han amansado los turcos y cómo se van solucionando [los asuntos].
¡Bendito sea Dios!
Pero tengo miedo de que se trate sólo de apariencias.
Siempre hay motivos para temer por el dinero y que, [recordando] lo pasado, se empeñen en cobrar ________ Carta 2984 (CF).
— Archivo de la Misión, original.
Una rotura ha hecho desaparecer parte del texto. 524
lo que se les debe [a costa] de los franceses, cuando puedan hacerlo con ventaja.
Le escribo al Padre Le [Vach]er 1 que se informe de los barcos que vuelvan de Argel para ver si las cosas están seguras; yo les pediré aquí consejo a las personas entendidas y prudentes para ver si conviene enviar pronto al Padre Le Vacher con el dinero, o sólo una parte del mismo.
Esté seguro, mi querido hermano, de que deseo tanto como usted que termine todo esto.
Siento una gran pena, mucho mayor de cuanto podría decirle, de saber que está usted solo en medio de tantos apuros.
Pero hasta ahora Dios nos ha hecho ver que los retrasos anteriores eran del orden de su providencia y todavía no vemos con suficiente claridad cuál es su voluntad en la ayuda que usted espera (me refiero al tiempo y a la manera de dársela).
Solamente sé que, como no buscamos más que pura,mente su voluntad, nos concederá la gracia de encontrar en ella su liberación y su tranquilidad.
Entretanto le ruego que le dé paciencia para esperar un poco más.
Le doy gracias a su divina bondad [de que por su misericordia] haya usted podido mantener íntegro [su crédito] entre los esclavos, con los que tiene [tanta caridad].
Es de suma importancia que [vigile] usted para hacer siempre lo mismo.
Evite destinar el dinero para otros [fines distintos] de aquel para el que se le envió. [No saque] de una parte para dar por otra, sino deje a cada uno lo que le pertenezca, para poder devolvérselo en cuanto quiera.
Los deberes de justicia son preferibles a los de la caridad.
Y en cuanto a lo que dice que hay esclavos reclamados por los mercaderes, a quienes no puede usted negar las treinta piastras que les faltan para poder regresar, le diré que, si tiene usted dinero de sobra, esto es, de lo que es suyo, puede usted adelantarles algo; pero lo que no debe hacer es pedir prestado o sacarlo del dinero de otros, ni tampoco salir fiador ni comprometerse por ninguno; si no, estaríamos siempre volviendo a empezar y, lo que es peor, nos sería imposible librarle de sus deudas una vez más.
No hay que hablar de volver a hacer una colecta en París por usted.
Le toca a usted mantenerse o retirarse.
Mantenerse le resultará fácil, si me hace caso: no se mezcle en nada que no tenga que ver con su propio cargo, no se meta en tratos ni negocios con nadie del mundo, más que en cuanto le obligue a ello su oficio, ni emprenda nunca nada por encima de sus fuerzas. ________ 1.
Felipe Le Vacher. 525
[Sobre la comisión] que los señores de Gastines y de Campou le [quieren dar], puede hacerse de dos maneras: o bien convenciendo a los turcos y urgiéndoles [a hacer lo que] esos señores desean, o bien... sencillamente.
Creo que no debe usted encargarse de sus asuntos. [Más vale] seguir la primera manera, esto es, el camino de la persuasión.
Convendrá que ellos envíen [a otro] para sus asuntos en Argel.
Pero me parece muy prudente que actúe usted con ellos en forma de [propuesta], contentándose con exponer a las autoridades las razones y las intenciones de sus representados y urgirles a que las sigan, ya que entonces no podrán reprocharle de haberles comprometido a hacer nada en contra de su voluntad o de sus intereses.
Los ángeles cuidan de nosotros de esa manera: nos inspiran el bien mansamente y casi sin que nos demos cuenta, y nos dejan luego en plena libertad para hacerlo o para dejarlo.
Tengo motivos para pedirle que no vuelva a mezclarse en nada que no sean los asuntos del consulado, pues, además del comercio en que antes se metió por los diamantes y otras cosas, he visto que hace poco se encargó usted de hacer llegar perlas a Francia y le ha escrito de ello a su hermano.
Todo esto, mi querido hermano, es inconveniente y va contra la voluntad de Dios, que no le ha llamado allá más que para su oficio y no para comerciar.
Le pido a la divina bondad que le proteja y le bendiga.
Soy en su amor, mi querido hermano, su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al señor Barreau, cónsul de la nación francesa en Argel.
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