Carta · tomo VIII
AL SEÑOR FAVIER, LUGARTENIENTE GENERAL DEL BAILATO DE TOUL
2994 [2894,VIII,7-8] AL SEÑOR FAVIER, LUGARTENIENTE GENERAL DEL BAILATO DE TOUL 5 julio 1659 Sería menester tener su espíritu y su pluma para expresar el respeto con que he recibido su carta y el enorme agradecimiento que Dios me da para con su exuberante caridad.
Le ruego a Nuestro Señor, que ve mis sentimientos, que se complazca en hacérselos conocer.
Entretanto le doy las gracias con todo el afecto de mi corazón por tantos favores como nos concede.
Es preciso que Dios le haya dado una gran participación en su bondad para que practique incesantemente la suya, tal como lo hace usted, con una pobre y miserable compañía como la nuestra.
El mismo será también su recompensa, ya que es el fin de todas sus acciones.
Y en particular, señor, le doy mil gracias por lo mucho que ha insistido ante el señor Dulys para obligarle a fundar en Notre-Dame-des-Trois-Epis, y por la disposición en que está usted de venir acá para la conclusión de este asunto, si fuera menester.
¡Dios mío!
¡Señor, con cuántos beneficios nos colma usted!
Ya no pensábamos en la propuesta que se nos había hecho anteriormente, cuando se tomó usted la molestia de escribir sobre ella al Padre Demonchy, cre________ Génova el 30 de mayo de 1655; hizo los votos el 3 de junio de 1657;superior en Génova de 1692 a 1695. 2.
Primera redacción: de su superior, a quien han de referirse todas las ocupaciones.
Estas últimas palabras han sido tachadas.
Carta 2994.
— Reg. 2, p. 60. 12
yendo que el señor Dulys había dirigido sus pensamientos a otra parte; y todavía no sé lo que ha pasado.
Hace mucho que no hemos visto a ninguno de sus representantes; y si su señor sobrino 1 ha recibido el encargo de tratar con nosotros sobre este asunto, todavía no nos lo ha comunicado; nosotros procuraremos no preguntárselo, ya que tenemos como máxima no actuar nunca más que pasivamente y no hacer nada para fundar en un lugar, porque queremos depender enteramente de la voluntad de Dios a quien corresponde llamarnos.
Es conveniente que nos conceda él la gracia de responder a su vocación, sin que nosotros nos adelantemos a ello.
Si su voluntad nos quiere en ese santo lugar, ya nos lo señalará por medio de los que tienen poder para llamarnos; y nosotros esperamos su decisión.
También espero de la misericordia de Dios las ocasiones de obedecerle, asegurándole que seré durante toda mi vida, según mi obligación en el amor de Nuestro Señor... 2.
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