Carta · tomo VIII
A LA HERMANA MATURINA GUERIN, SUPERIORA EN LA FÉRE
3157 [3052,VIII,205-206] A LA HERMANA MATURINA GUERIN, SUPERIORA EN LA FÉRE 20 diciembre 1659 Mucho me ha consolado saber, por las cartas que ha escrito usted a las señorita Le Gras y por el hermano Juan Parre, el ________ Carta 3156 (CF).
— El original de esta carta pertenece a las hijas de la Caridad de Gante, calle de Limburg 12.
Carta 3157.
— Recueil de pièces relatives aux Filles de la Charité, 652 (Arch. de las hijas de la Caridad). 186
bien que Dios ha hecho por medio de usted y de su hermana y la bendición que le da a su pequeña familia y a sus trabajos.
Se lo agradezco de todo corazón y ruego a la divina bondad que siga santificando sus almas y bendiciendo sus ejercicios para la santificación del prójimo.
No puedo menos que darle este testimonio de mi alegría y de mi reconocimiento.
He sabido el rumor que ha corrido sobre la hermana Marta '.
Me cuesta creer lo que me han dicho y tengo motivos para estar convencido de lo contrario.
Es una calumnia para ella y una humillación para usted.
Dios permite que esto suceda a los que le sirven; incluso se ha dicho que los que crean en Jesucristo y le sigan habrán de ser perseguidos.
Hay que esperar todo esto y, en vez de extrañarse, creerse muy feliz por sufrir alguna cosa.
Es un bien según Dios ser tratado como Nuestro Señor, aunque parezca un mal según el mundo; pues bien, nuestro Salvador fue injuriado, acusado y despreciado injustamente.
¿De qué nos quejamos si nos honra con sus libreas?
Así pues, hermana, hará bien en no pararse en las palabras que se dicen y no meterse nunca en justificaciones.
Los discursos que no tienen a la verdad por fundamento se disipan con el humo y las almas que se abandonan a Nuestro Señor para hacerlo todo y sufrirlo todo serán justificadas por él y tendrán el honor y el mérito de parecerse a él.
Confíe en su bondad infinita y no dude de que le dará fortaleza en las pruebas a que quiere someter su paciencia, si verdaderamente desprecia todos los motivos de oprobio que le puedan venir de los hombres.
Le ruego que le conceda esta gracia a usted y a esa buena hermana, a quien saludo con todo el cariño de mi corazón, y a usted con ella, siendo de las dos, en el amor de Nuestro Señor, después de haberme encomendado a sus oraciones, su muy querido hermano... ________ 1.
María Marta Trumeau. 187
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