Carta · tomo VIII
A GUILLERMO DESDAMES
3169 [3063,VIII,217-220] A GUILLERMO DESDAMES París, 9 enero 1660 Padre: Le pido a Nuestro Señor que en este nuevo año renueve nuestros corazones en su espíritu y nos una a él por toda la eternidad.
Esta es para darle noticias nuestras y pedirle las suyas.
Me consuelan mucho cuando las recibo y el tiempo me parece muy largo cuando me veo privado de ellas.
Creo que contesté a su última y no queda más que pedirle a Nuestro Señor, como lo hago, que le conserve en buena disposición, junto con el buen Padre Duperroy, y que les conceda la gracia de hacer ver cada vez más en sus personas cómo tienen que estar hechos los verdaderos eclesiásticos y cuáles deben ser sus acciones interiores y exteriores por Jesucristo Nuestro Señor.
Dios nos ha quitado a uno de este valle de pruebas, al buen Padre Perraud, que murió en esta casa el 26 de diciembre, después de cuatro o cinco meses de enfermedad; como esto le sirvió de purgatorio, tenemos motivos para esperar que estará gozando ahora de la recompensa de sus trabajos, pues trabajó largos años con fruto en la vida del Señor y en la práctica de las virtudes.
Creía estos días pasados que me vería obligado a encomendarle también al Padre Etienne y al hermano Patte como difuntos; pero han resucitado.
Los hemos tenido por muertos y Dios les ha conservado la vida como por milagro.
Partieron de Nantes el 6 de diciembre para ir a La Rochelle por mar.
Sólo se necesitan 24 horas para llegar, pero no tuvimos noticias de ellos hasta finales de mes.
Me escribían desde todas partes que habían perecido y un joven de París que estaba en la misma barca y que, al verse en brazos de la muerte — ésa era su expresión — , se echó en una barquichuela en la que se salvó felizmente, escribió acá a su madre que, después de que el Padre Etienne diera la absolución general a treinta personas que había en dicha barca, la había visto hundirse con toda esa gente, de forma que no teníamos ninguna duda de la veracidad de aquel accidente.
Pero al día siguiente de comunicarnos esta ________ Carta 3169 (CF).
— Archivo de Cracovia. original. 203
carta desconsoladora, recibimos dos de ese buen sacerdote, que nos han asegurado de lo contrario, diciendo que, después de haber pronunciado esa absolución, Dios les envió un soplo de viento tan favorable que les hizo evitar un banco de arena donde iban a encallar; y que, aunque estuvieron quince días en peligro inminente, por no tener mástil ni velas, al haber roto la tempestad las que tenían, ni siquiera víveres, por no haber tomado más que los necesarios para ir a La Rochelle, la bondad de Dios los condujo sin embargo a San Juan de Luz, que está en la frontera de España, con buena salud y buen apetito y finalmente a La Rochelle, donde están a punto de embarcarse para Madagascar con los padres Daveroult, de Fontaines y Feydin, sacerdotes de la compañía, que estaban muy desolados creyendo que habían perdido a su superior; y aquí estábamos con un dolor y una consternación inconcebibles.
Pero Dios, que da la muerte y la vida, nos ha consolado devolviéndonos a esos siervos suyos que creíamos ahogados.
Tomaron el coche en San Juan de Luz para juntarse con sus compañeros.
Le ruego, Padre, que nos ayude a agradecer a Nuestro Señor estas gracias y a encomendarle el viaje y la Misión de esos cinco misioneros, sin olvidar en el amor de Nuestro Señor a su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Una vez escrita la presente, he recibido su carta del 2 de diciembre, en la que veo que ha estado usted enfermo, lo que me habría causado mucha pena si no me hubiese asegurado al mismo tiempo que ya estaba curado.
Le ruego, por su santo nombre, que se conserve todo lo que pueda para su servicio.
Vuelve a pedirme una vez más que entre los sacerdotes que le vamos a enviar haya uno bien preparado y experimentado para todo y capaz de ser director; ya nos fijaremos en eso con la ayuda de Dios; pero los hombres de este estilo son necesarios donde están; y como hay pocos, nos será difícil satisfacerle enteramente al principio, pero poco a poco los que le destinemos se irán haciendo tal como usted desea con el ejercicio y con su ejemplo. 204
¡Bendito sea Dios por estos tratados de paz!
¡Quiera su bondad infinita realizar esta obra, que no está en manos de los hombres y que es digna de su poder y su misericordia!
También doy gracias a Dios por la tranquilidad de espíritu de las hijas de la Caridad por la ocupación que tienen y por la satisfacción que la reina recibe de ello.
Contribuya todo cuanto pueda a unirlas y a animarlas cada vez más.
Dirección.
Padre Desdames, superior de los sacerdotes de la Misión de Santa Cruz de Varsovia.
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