Carta · tomo VIII

A EDMUNDO BARRY

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VIII
Extensión
890 palabras
Página inicial
222
Ver tomo

3171 [3065,VIII,222-225] A EDMUNDO BARRY París, 14 enero 1660 Padre: Le ruego a Nuestro Señor que en este nuevo año renueve nuestros corazones en su espíritu y nos una a él por toda la eternidad.

Antes de responder a su carta encomiendo a sus oraciones y a las de su comunidad el alma de nuestro buen Padre Perraud, que murió el 26 de diciembre, después de cuatro o cinco meses de enfermedad; como esto le ha servido de purgatorio, tenemos motivos para esperar que está gozando ahora de la recompensa de sus trabajos, ya que trabajó largos años con fruto en la viña de Señor y en la práctica de las virtudes.

Estos días pasados creía que me vería obligado a encomendarle al Padre Etienne y al hermano Patte como difuntos; pero han resucitado.

Los hemos tenido por muertos y Dios les ha conservado la vida como por milagro.

Partieron de Nantes el 6 de diciembre en una barca que llevaba sus ropas para ir a La Rochelle, donde sería el embarque del señor mariscal de la Meilleraye para Madagascar y a donde los padres Daveroult, Feydin y de Fontaines habían id por tierra.

Tomo VIII · p. 222

Sólo se necesitaban 24 horas para hacer ese trayecto por mar, pero pasaron tres semanas sin recibir ninguna noticia cierta de esa barca.

Me escribían de todas partes que habían perecido y al final nos vimos obligados a creerlo, al ver la carta de un joven de París a su madre, donde decía que, estando en la misma barca, se había visto en brazos de la muerte y que, echándose a cuerpo perdido en un pequeño bote con otro, vieron perecer al mismo tiempo a la barca y a las treinta personas que había dentro, y que solamente se salvaron él y su compañero.

Decía además que el Padre Etienne, a instancias del capitán y de los marineros, que se veían perdidos, les dio a todos la absolución general un momento antes del naufragio.

Cuando se nos comunicó esa carta nos llenamos de dolor, pero al día siguiente recibimos cartas del Padre Etienne, que nos llenaron de gozo.

Esas cartas nos aseguraban que, después de que pronunció la absolución, Dios envió un soplo de ________ Carta 3171 (CF).

— Archivo de la Misión, original. 207

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viento tan favorable que les hizo evitar un banco de arena donde iban a encallar y que, aunque estuvieron quince días en sumo peligro, por haberles roto el huracán sus mástiles y sus velas y por no tener víveres para sostenerse, la bondad de Dios los condujo sin embargo a San Juan de Luz, que es un puerto de mar de Francia en la frontera con España, donde arreglaron su barca y repararon sus abatidas fuerzas y llegaron finalmente a La Rochelle, donde devolvieron los ánimos a los padres Daveroult, Feydin y de Fontaines, que estaban muy desolados, creyendo que habían perdido a su superior.

Aquí estábamos con una consternación inconcebible, pero Dios, a quien pertenece dar la muerte y la vida, nos ha consolado igualmente devolviéndonos a esos dos servidores suyos que creíamos ahogados.

Le ruego que nos ayude a darle las gracias por ello y a encomendarle el viaje y la Misión de esos cinco misioneros.

Volviendo a su querida carta del 17 de diciembre, alabo a Dios por el restablecimiento de los padres jesuitas en su colegio de Montauban 1 y por las otras buenas noticias que me da.

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¡Quiera su divina bondad que se produzcan los buenos resultados que espera!

Ya le he dicho que envíe al seminario de Richelieu al joven irlandés que pide entrar con nosotros, escribiéndole al Padre Beaumont que nuestra intención es que lo reciba.

Infórmese bien de las aptitudes de los demás que quieren imitarle; cuando sepa su edad, su capacidad, sus costumbres y sus disposiciones de cuerpo y de espíritu, me las comunicará y ya veremos.

Pagaremos con la ayuda de Dios las 300 libras que el señor Agan le ha prestado, cuando le plazca y a quien él ordene.

Puesto que el señor obispo no cree conveniente que reciba de sus seminaristas más que 80 ó 100 libras de pensión, hará bien en atenerse en ello, si puede salir adelante; pero, si no puede hacerlo sin comprometerse, hágale ver humildemente que ________ 1.

Como consecuencia de los graves alborotos suscitados por los hugonotes de Montauban, que no dejaban de molestar a los católicos y más en concreto al colegio de los Jesuitas, el rey había enviado a aquella ciudad al señor de Saint-Luc con cinco o seis mil soldados.

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El señor de Saint-Luc trasladó el colegio o academia de los calvinistas fuera de la ciudad, mandó destruir las fortificaciones y sustituyó el consulado bipartito con un consulado compuesto exclusivamente por católicos. 208

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no es bastante, teniendo en cuenta la carestía de los víveres y los pocos fondos de que dispone.

Me he sentido consolado al saber que los reverendos padres jesuitas tienen misiones por los alrededores de Lorm.

¡Quiera Dios enviar gran número de obreros a su iglesia y concedernos la gracia de amar esa santa ocupación y dedicarnos a ella con todas nuestras pequeñas facultades en el espíritu de Nuestro Señor, a quien le pertenece únicamente la conversión de las almas!

Soy en su amor, con toda la mía, su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección : Padre Barry, superior de los sacerdotes de la Misión de Nuestra Señora de Lorm, en Lorm.

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