Carta · tomo VIII

A DOMINGO LHUILLIER, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN CRÉCY

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VIII
Extensión
502 palabras
Página inicial
140
Ver tomo

3198 [112,XV ,140-141] A DOMINGO LHUILLIER, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN CRÉCY [Finales de febrero 1660] 1 Padre: Ha querido Dios privarnos del buen Padre Portail.

Murió el sábado catorce de este mes, que era el noveno de su enfermedad; comenzó por una especie de letargo, que se convirtió luego en fiebre continua y en otros espasmos.

Después tuvo la conciencia y el habla bastante libres.

Siempre había tenido miedo a morir, pero al ver acercarse la muerte, la consideró con paz y resignación y me dijo varias veces, cuando le visitaba, que no le quedaba ninguna huella de sus temores pasados.

Terminó como había vivido, usando bien de sus sufrimientos, practicando las virtudes, deseando honrar a Dios y consumir sus días como Nuestro Señor en el cumplimiento de su voluntad.

Fue uno de los dos primeros que trabajaron en las misiones y contribuyó siempre a las demás ocupaciones de la compañía, a la que hizo notables servicios; de forma que habríamos perdido mucho en su persona, si Dios no dispusiese todas las cosas para mayor bien y no nos hiciese encontrar nuestro beneficio donde creemos recibir algún daño.

Tomo VIII · p. 140

Hay motivos para esperar que este servidor suyo nos será más útil en el cielo que lo hubiese sido en la ________ Carta 3198.

— Copia sacada del «Recueil Nodet», publicada en los Annales de la C.M. (1943-1944), 240.

Los dos primeros párrafos, relativos a la muerte de A.

Portail y a la enfermedad de la Señorita Le Gras, se encuentran en otras cartas de aquellas fechas (nº 3195 y 3202).

N. del T.: Figura con el n.º 112 en el tomo XV del suplemento a C OSTE, en Mission et Charité 19-20 (1970). 1.

Según la fecha de la muerte del Padre Portail, que aquí se anuncia (14 de febrero) y su relación con las cartas del 27 de febrero y del 5 de marzo. 240

Tomo VIII · p. 140

tierra.

Le ruego, Padre, que cumpla con él los deberes acostumbrados.

Cuando falleció, también la señorita Le Gras estaba en las últimas y creíamos que se iría antes que él; pero todavía vive y se encuentra mejor, gracias a Dios, que no ha querido apesadumbrarnos con una doble aflicción.

Alabo a Dios por la mansedumbre con que ese buen pensionista vive con ustedes.

Es verdad que necesita usted su habitación para los sacerdotes que hayan de ir; no obstante, si hasta entonces quiere seguir viviendo con ustedes, lo podrá seguir alojando por quinientas libras, suponiendo que él esté decidido a entregarlas, y entonces, si no le queda ya ninguna habitación para darle, se podrá retirar.

Me consuela lo que me dice de esa persona y doy por ello gracias a Dios.

Aprovecharé alguna ocasión para escribirle, a fin de animarle a continuar.

El Padre Maillard le envía cien libras 2, Siento que sea tan poco.

Otra vez, con la ayuda de Dios, le enviaremos más.

Dios le conceda la plenitud de su espíritu, a fin de que sus efectos rebosen sobre todos los que se acerquen a usted.

Tomo VIII · página PDF 241

Soy en su amor, Padre, su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión

Tomo VIII · página PDF 241

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