Carta · tomo VIII
A UNA RELIGIOSA DE LA VISITACION
3275 [3147,VIII,313-314] A UNA RELIGIOSA DE LA VISITACION 27 junio 1660 Mi querida hermana: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Le pido perdón por haber tardado tanto en contestarle; ha sido debido a mis ocupaciones y mis molestias, que me obligan a dejar muchas cosas que me gustaría hacer, si no me viera impedido.
Ahora, mi querida hermana, le diré que compadezco mucho sus penas, que son tantas y tan diversas; es una cruz muy ancha, que abraza su espíritu y su cuerpo pero que la eleva por encima de la tierra, y esto es lo que me consuela.
También tiene que consolarse mucho al verse tratada como Nuestro Señor y honrada con las mismas señales de amor por las que él nos amó.
Sus sufrimientos eran interiores y exteriores, y los interiores fueron continuos y sin comparación mayores que los otros.
¿Por qué cree usted, mi querida hermana, que la prueba de esa forma?
Es por el mismo fin por que él sufrió, a saber, para purgarla de los pecados y para adornarla de sus virtudes, a fin de que el nombre de su Padre sea santificado en usted y llegue a usted su reino.
En nombre de Dios quede en paz y tenga una total confianza en su bondad.
No conozco ningún alma en el mundo que tenga más motivos para ello que usted.
No se detenga en pensamientos contrarios, desconfíe de sus propios sentimientos y crea más bien en lo que le digo y en el conocimiento que tengo de usted, que no en lo que usted podría pensar o decir.
Tiene mil razones para alegrarse en Dios y para esperarlo todo de él por medio de Nuestro Señor que habita en su alma; y después de la recomendación que él le hace de que renuncie a usted misma, no veo nada que le pueda causar miedo, ni siquiera el pecado, que es el único mal que hemos de temer, ya que ha hecho penitencia del pasado y lo odia demasiado para el porvenir.
Dígale, pues, a Dios como David: «Dame, Señor, el gozo de tu salvación y confírmame con el espíritu principal» 1.
Excítese usted misma a esta alegría, tanto por la consideración de las desgracias que ha evi________ Carta 3275.
— Reg. 1, f.º 37 v.º. 1.
Salmo 4,14. 316
tado al abandonar el mundo y las gracias que le concede en la religión, como por la bendición que tiene de ser del número de los hijos de Dios y de las esposas de su Hijo, que es la gracia de las gracias, pues comprende todos los bienes y le pone ya en este mundo en posesión de las gloria eterna.
Así pues, muéstrese muy agradecida a ello, agradézcaselo muchas veces a Dios y pídale misericordia para mí, que tengo miedo de mi ingratitud y que soy en el amor de Jesucristo, nuestro libertador, su...
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión
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