Carta · tomo VIII
A GUILLERMO DESDAMES
3293 [3161,VIII,326-328] A GUILLERMO DESDAMES París, 23 julio 1660 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Recibí su querida carta del día 12, por la que veo que ha llegado la hora de enviarle los socorros prometidos.
Deseo mucho que los reciba usted para su alivio, pues sabe Dios cómo me llegan al corazón su satisfacción y su salud.
Así pues, vamos a preparar tres sacerdotes, o al menos dos, y un hermano clérigo que enseña aquí filosofía.
Lo que me preocupa son las hijas de la Caridad que hay que enviar al mismo tiempo; porque, como nos ha dejado la señorita Le Gras y las otras no conocen a las hermanas, nos hemos visto obligados a disponer de las que la difunta había destinado para Polonia y enviarlas a otros si ________ 3.
El secretario añadió estas palabras en la parte inferior de la minuta del santo: «Un anciano sacerdote que vivió mucho en Sedán con este querido difunto me ha dicho que tenía, entre otros talentos, una gran experiencia en farmacia y que realizaba curas maravillosas, que había estudiado y que el Padre Vicente lo había recibido para ser sacerdote, pero que había preferido la condición de un pobre hermano».
Carta 3293 (CF).
— Archivo de Cracovia. original. 333
tios; y ahora nos encontramos un poco apurados por la elección que hay que hacer.
No obstante, lo haremos lo mejor que podamos.
Y Dios, que ve la gran obligación y el deseo tan grande que tenemos de contentar a la reina, nos asistirá, si esa es su voluntad.
Le pediremos a Dios con mucho gusto, como ya lo hemos hecho, por la confirmación de la paz y el feliz éxito de los planes de Sus Majestades y de los asuntos del reino.
Ha querido Dios quitarnos a uno de nuestros buenos y mejores hermanos; se trata de Sirven, que era en Sedán la regla viviente de la compañía, hombre prudente y listo, que hacía el bien a todo el mundo y que se entregaba de buena gana al cuidado y al alivio de los enfermos y al consuelo de los afligidos.
Toda la ciudad lo quería mucho y sus habitantes han ido a su entierro, desde los principales a los más pequeños, testimoniando mucha pena por su privación, incluso los herejes, que estaban muy edificados de su modestia y de su caridad.
Tenemos muchos motivos para creer que Dios ha coronado su alma en el cielo, dándole el reino que tiene preparado a sus elegidos que ejercen en la tierra las obras de misericordia, tal como lo ha hecho este su servidor.
Sin embargo, no hay que dejar de rezar por él, ante la incertidumbre de los juicios de Dios, que ponen a toda la iglesia en oración por los justos que han fallecido.
Tenemos por aquí a tres o cuatro enfermos de cuidado; están con fiebre continua.
Parece que Dios nos quiere visitar.
¡Bendito sea su santo nombre y que se cumpla siempre su voluntad!
Soy en su amor del Padre Duperroy, a quien abrazo con todo mi afecto, y especialmente de usted, su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección.
Padre Desdames, superior de los sacerdotes de la Misión de San Cruz. en Varsovia. 334
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