Carta · tomo VIII

A JUAN DU HAUT DE SALIES, OBISPO EN LESCAR

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VIII
Extensión
1.292 palabras
Página inicial
358
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3325 [3191,VIII,358-362] A JUAN DU HAUT DE SALIES, OBISPO EN LESCAR 11 agosto 1660 He sabido que Su Excelencia no ha recibido la carta que me tomé el honor de escribirle el año pasado, como respuesta al mandato que me había dado de enviarle cuatro de nuestros sacerdotes para Bétharram; pero no lo he sabido con certeza hasta hace pocos días, que me lo ha asegurado el señor primer presidente de Pau 1, para quien iba una carta en aquel mismo paquete, que tampoco ha recibido.

Estoy muy apenado, señor obispo, por la preocupación que habrá tenido por la pérdida de ese paquete y por el motivo que ha tenido para dudar de mi obediencia.

Sería ciertamente un ingrato si hubiese dejado de demostrársela en esta ocasión en que su bondad nos concede la gracia de llamarnos, no solamente a su diócesis, sino a un puesto de los más ventajosos del reino, para rendirle allí algún ________ Carta 3325.

— Reg. 2, 89. 1.

Thibaut de la Vie. 367

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servicio a Dios; por ello, señor obispo, estamos infinitamente obligados a Su Excelencia.

Es verdad que nos hablaba con términos oscuros que, de haberlos tomado al pie de la letra, nos hubieran podido excusar de acatar tan buena voluntad.

En efecto, después de haberme dicho que había obtenido el consentimiento de esos señores de Bétharram, añadía que nuestros sacerdotes serían recibidos allí como miembros de dicho cuerpo.

Lo cual me obligó y me obliga ahora a manifestar muy humildemente a Su Excelencia que esta proposición de entrar como miembros de ese cuerpo es incompatible con lo que somos quienes componemos un cuerpo de misioneros, ya que los que enviaríamos no podrían ser al mismo tiempo miembros de la Misión y miembros de la comunidad de Bétharram; sería preciso que saliesen de una para entrar en la otra, ya que son cuerpos totalmente diferentes, a no ser que de las dos se hiciera una sola, que se uniese el cuerpo de la Misión a la comunidad de Bétharram, o el cuerpo de Bétharram a la compañía de la Misión.

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Nuestra compañía se uniría a la otra con gusto, si pudiese, y dejaría su cualidad de congregación de la Misión para tomar el nombre de la comunidad de Bétharram.

Pero como nuestro pequeño instituto ha sido aprobado por los papas, los reyes de Francia, el parlamento de París, y por otras cortes soberanas bajo el nombre de la Misión, no podemos dejar ese nombre para tomar otro sin el consentimiento de todas esas potencias y el de nuestros bienhechores que han tratado con nosotros, los que formamos el cuerpo de la Misión.

Y pienso además, señor obispo, que no es su intención que se haga esto.

Tampoco podríamos hacerlo sin el consentimiento de las casas que componen nuestra misma compañía, e incluso de sus personas; lo cual es muy difícil.

Afirmar que solamente se trata de que esos cuatro sacerdotes se separen de la Misión para incorporarse de la comunidad de Bétharram, es algo que ellos no pueden hacer va que se han entregado a Dios para vivir y para morir en la congregación de la Misión.

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Y afirmar que la comunidad de Bétharram, tan considerable por su fundación, por la aprobación de los señores obispos de Lescar, por la santidad del lugar y por la gracia de los milagros 368

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que allí se hacen, se unirá a nuestra congregación y tomará su nombre, sus regIas y su manera de obrar, es algo que a esos señores no les gustaría hacer ni a Su Excelencia aprobar, y con razón, teniendo en cuenta nuestra ruindad.

He aquí, señor obispo, cómo se ha procedido con la unión que se ha hecho de la casa de San Lázaro en París con nuestra congregación.

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Había canónigos regulares de San Agustín, y el prior con su consentimiento vino a ofrecerme su casa al colegio de Bons-Enfants, donde residíamos; nosotros lo aceptamos; y habiendo tratado con ellos con el beneplácito del señor arzobispo, que era quien daba la colación, él mismo llevó a cabo la unión y nos puso en posesión de esta casa y de todos los bienes que de ella dependían, con la condición de pagarle al mencionado prior y a cada uno de los religiosos la pensión que se había convenido, cumplir con el servicio divino y aceptar todas las cargas, como también que podrían seguir habitando allí con nosotros o retirarse, según creyeran conveniente; y, aunque al principio esta unión fue discutida por un monasterio de la misma orden 2, se vio sin embargo confirmada por cartas patentes del rey, dos decretos del parlamento y a continuación por nuestro santo Padre el Papa.

Así pues, señor obispo, parece que podría procederse a esta unión de Bétharram de esta manera, si desea que nos establezcamos allí sólidamente.

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Quizás se diga que, supuesta dicha unión de Bétharram con la Misión, los ejercicios de devoción no se practicarán allí como ahora se practican y que solamente se verán las otras prácticas de las demás casas de la Misión.

Pero se puede responder que los sacerdotes de la Misión se obligarán a ejercer en Bétharram todos los deberes acostumbrados de piedad: rezar el oficio divino, mantener la música, recibir a los peregrinos, cumplir con las fundaciones y mantener los edificios, en una palabra, satisfacer todas las obligaciones y particularmente la de pagar a los señores eclesiásticos a quienes sustituyamos la pensión que usted tenga oportuno señalar.

Para ello sería conveniente que nos hiciese ver la situación de todas las rentas fijas y casuales y la de todas las cargas antiguas y nuevas que nos quieran imponer. ________ 2.

La abadía de San Víctor. 369

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Se podrá objetar también que, una vez hecha esta unión, los señores eclesiásticos de Bétharram que no quieran hacerse misioneros se verán obligados a retirarse.

Pero no sucederá así ya que, si quieren quedarse en esa casa y trabajar en las mismas cargas y condiciones que han tenido hasta el presente, podrán hacerlo.

Se podrá objetar finalmente que el señor obispo ya no tendrá la autoridad que tenía anteriormente en dicha capilla.

A lo cual respondo, señor obispo, que tendrá allí siempre el mismo poder que ha tenido en lo referente al servicio divino y a la administración de los sacramentos y que tendrá sobre los padres de la Misión mucha más autoridad que sobre esos señores de Bétharram o sobre cualquiera de su diócesis, ya que los misioneros se han entregado a Dios y a los señores prelados para obedecerles como los servidores del evangelio a su amo, de forma que si les dicen: «Id a tal lugar a predicar, catequizar o realizar las demás funciones de la Misión», están obligados a ir y, cuando los llamen, a retirarse; y cuando les digan: «Haced esto», tienen que hacerlo, según nuestro instituto.

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Pero en lo referente a la dirección interior de las casas y de las personas de nuestra congregación, en cualquier lugar que estén, están bajo su superior general.

A él le toca cambiarlos, llamarlos y traerlos de una casa a otra, nombra a los superiores particulares y los demás cargos, enviar de vez en cuando visitadores de su parte a cada sitio, para mantener allí la caridad y la observancia de las reglas, recibir las cuentas de los gastos y de los ingresos, etcétera 3.

He aquí, señor obispo, lo que contenía mi primera carta.

Siento mucho haberle hecho una repetición tan larga y tan enojosa.

El deseo que tenemos de que todas las cosas queden claras para prevenir las dificultades que podrían nacer en caso contrario me ha obligado a extenderme de este modo.

Suplico muy humildemente a Su Excelencia que no lo tome a mal y que crea que de cualquier modo que quiera aceptar las cosas que he dicho, yo seré para siempre... ________ 3.

El proyecto de fundación en Bétharram no se llevó a cabo. 370

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