Carta · tomo VIII
A RENATO ALMÉRAS, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN RICHELIEU
3352 [3216,VIII,385-386] A RENATO ALMÉRAS, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN RICHELIEU 22 agosto 1660 Su carta y la del hermano Gaudier, que me ha escrito sobre el estado de su salud, me han librado de una gran pena por la esperanza que me dan de su próximo restablecimiento, fundado en muchas razones, por lo que le doy gracias a Dios.
Entonces, ¿cuándo tendremos el consuelo total de verle recuperado?
¡Cuánto lo deseo!
¡Que Dios nos conceda esta gracia!
Se la pido muchas veces, no sólo por mi interés particular, que no es pequeño, ya que al estar lleno de estima y de cariño para con usted soy el primero en sufrir por su mal y por su ausencia, sino también por el bien de toda la compañía, la cual, habiendo recibido de usted, gracias a Dios, una gran edificación, tiene todavía necesidad de su socorro y sus ejemplos.
Le digo esto, Padre, con sentimientos de gratitud para con Dios y para con usted, y no digo más, porque esto basta para el fin que pretendo, que es indicarle que hará un sacrificio a Dios conservándose y curándose.
Se lo suplico muy humildemente.
Pero, me dirá, ¿es que acaso depende esto de mí?
Sí, así lo creo, en cuanto que esto depende del reposo y de los remedios que estén a su alcance y sobre todo del beneplácito de Dios, que no le negará las fuerzas de cuerpo y de espíritu necesarias para los planes que tiene sobre usted en la compañía, si se lo pide por su Hijo Nuestro Señor que, habiendo suscitado a esta compañía para su servicio, le ha llamado también a ella con tanta utilidad por su gracia.
Así pues, no ahorre nada de lo que pueda contribuir a su salud y al adelanto de su regreso que tanto anhelamos.
Pero no se atreva a viajar sin el parecer de los médicos, especialmente durante los calores.
Tendremos paciencia. ________ Carta 3352.
— Reg. 2, 269. 396
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