Carta · tomo VIII
A FRANCISCO FOUQUET, ARZOBISPO DE NARBONA
3420 [3281,VIII,450-451] A FRANCISCO FOUQUET, ARZOBISPO DE NARBONA 17 septiembre 1660 Admiro el aguante que Su Excelencia tiene conmigo, que sólo valgo para ejercitar su paciencia, y la bondad paternal que muestra a nuestra pequeña compañía, a pesar de nuestros retrasos y de nuestras dificultades en ejecutar sus mandatos.
Le pido muy humildemente perdón por nuestra rusticidad y le agradezco su constancia invencible en hacernos y desearnos todo bien.
Vamos a hacer uno de los mayores esfuerzos que hemos hecho hasta ahora para enviarle los misioneros que nos pide; pero suplico a Su Excelencia que acepte que le diga con toda sencillez que, al leer de nuevo el proyecto de unión de su seminario a nuestra compañía, hemos observado en él varias cosas que están en contra de nuestras costumbres.
Parece que Su Excelencia nos quiere obligar a presentar cuentas de lo temporal, que es una cosa 3 la que ningún prelado nos ha obligado hasta ahora, ni dentro ni fuera de los reinos en que nos hemos establecido; ni siquiera quisimos aceptar la casa de San Lázaro con esa sujección, a pesar de que el lugar era muy ventajoso para nuestra congregación.
Y como el señor arzobispo de París nos urgía a aceptarla con esta condición, le dijimos que saldríamos de allí antes que cargarnos con esa obligación; y él tuvo la bondad de liberarnos de ella, para retenernos, ya que sin eso nos hubiéramos retirado.
En cuanto al poder de despedir de su seminario a los de nuestra compañía que usted no quiera ya utilizar, permítame? por favor? que le diga que en todos los lugares donde hemos fundado los señores prelados han creído conveniente dejarle al superior de la congregación la dirección de las personas de la misma congregación, de forma que es él el que los retira y el que envía a otros en su lugar; y esto es lo que hemos hecho hasta ahora.
Nos dejará Su Excelencia muy agradecidos si hace este acto de unión de la misma forma con que lo han hecho los demás ________ Carta 3420.
— Reg. 2, 62. 467
prelados de Francia y de Italia.
La esperanza que nos da de que no desea que nuestro pequeño instituto sufra ningún daño en su diócesis, me hace tomarme la confianza de señalarle las cosas que le podrían perjudicar, a fin de que, según su prudencia y caridad ordinarias, tenga a bien evitarlas.
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