La canonización de San Vicente de Paúl un 16 de junio de 1737

La canonización de San Vicente de Paúl un 16 de junio de 1737

La evidencia principal disponible permite afirmar con seguridad que San Vicente de Paúl fue canonizado por Clemente XII el 16 de junio de 1737. Ese dato coincide en la ficha oficial actual del Dicasterio para las Causas de los Santos y en la bula de canonizaciónimpresa en 1737, cuya cláusula final está fechada “sexto decimo Kalendas Julii”, es decir, 16 de junio. Ahora bien, las fuentes no son completamente uniformes en todo lo demás: una base oficial actual sitúa la celebración en la Basílica Vaticana, mientras que una fuente histórico-procedimental de altísimo peso —Benedicto XIV, heredero directo del sistema de causas del siglo XVIII— afirma que la canonización de Vicente y de otros santos fue realizada en San Juan de Letrán por Clemente XII, “ob valetudinem tuendam”, esto es, por motivos de salud del Papa. A la vez, alguna bibliografía secundaria reciente ha deslizado el 13 de junio de 1737, fecha que no queda respaldada por la bula ni por la ficha celebrativa oficial. En consecuencia, la fecha firme es el 16 de junio de 1737; el lugar más sólidamente documentado por las fuentes históricas específicas es San Juan de Letrán, aunque debe dejarse constancia de la discrepancia con la base oficial actual. 

La canonización de Vicente no fue un reconocimiento aislado a un sacerdote piadoso, sino la consagración eclesial de un modelo postridentino de santidad activa: evangelización de los pobres, reforma del clero, organización estable de la caridad y cooperación entre sacerdotes, laicos y mujeres consagradas. La propia ficha oficial del Dicasterio resume esa identidad al presentar a Vicente como fundador de la Congregación de la Misión y, junto con santa Luisa de Marillac, de las Hijas de la Caridad, en orden a la formación del clero y al servicio de los pobres. 

El proceso fue largo y documentado. La memoria de santidad se afianzó desde 1660 con la oración fúnebre de Henri de Maupas du Tour y con las sucesivas biografías de Louis Abelly; la decisión institucional de promover la causa fue tomada por la Congregación de la Misión en 1697; el proceso informativo ordinario comenzó en París en 1705; la fase romana quedó formalmente abierta en 1709; y, después del examen de virtudes y milagros, Vicente fue beatificado en 1729 y canonizado en 1737. Los sumarios consultados indican que se reunieron testimonios sobre veintiún milagros y que, para la canonización, se aceptaron finalmente dos: la curación de una religiosa con úlceras y la de una seglar con parálisis; los nombres de ambas beneficiarias aparecen como no especificado en las síntesis oficiales y secundarias accesibles aquí. 

Las repercusiones fueron amplias. La canonización universalizó el culto litúrgico de Vicente, impulsó peregrinaciones a su sepulcro parisino, generó una intensa iconografía devocionaly consolidó el prestigio eclesial de las dos instituciones fundadas por él. Más tarde, en 1885, León XIII lo proclamó patrono de todas las asociaciones católicas de caridad, prolongando en la Iglesia universal la lectura de Vicente como figura paradigmática de la caridad organizada. 

Vicente de Paúl en su contexto histórico y biográfico

Según la ficha oficial del Dicasterio, Vicente de Paúl nació en Pouy, en la Gascuña francesa, el 24 de abril de 1581, fue ordenado sacerdote en 1600, obtuvo el grado en teología en 1604, sufrió cautiverio en Túnez tras un ataque de piratas, y, tras su regreso a Francia, fue configurando progresivamente una vocación centrada en los pobres, la misión popular y la reforma eclesial. La misma fuente sitúa como hitos decisivos la parroquia de Clichy, el contacto con la familia de Gondi, la experiencia de Châtillon-les-Dombes y el nacimiento de la primera célula de la Caridad vicenciana en 1617

La importancia histórica de Vicente se entiende mejor a la luz de la Francia posterior al Concilio de Trento. La reforma católica exigía un clero mejor formado, una disciplina pastoral más estable y una respuesta concreta a la pobreza rural y urbana. John E. Rybolt subraya que Vicente actuó justamente en ese frente: formación del clero, retiros, conferencias sacerdotales, seminarios y combate pastoral contra abusos y contra el jansenismo. En ese sentido, su santidad histórica no fue solo ascética, sino también institucional y reformadora

La Congregación de la Misión fue fundada en 1625, y sus constituciones modernas —que citan los documentos fundacionales aprobados por la Santa Sede— siguen definiendo su fin específico como “evangelizar a los pobres y promover la formación del clero”. Esa fórmula no es una reinterpretación tardía: el texto constitucional remite a la bula Salvatoris Nostri de Urbano VIII, de 12 de enero de 1633, donde se precisaba la finalidad misional y formativa de la Congregación. 

La otra gran fundación, las Hijas de la Caridad, surgió en 1633 junto con santa Luisa de Marillac. La memoria oficial de la congregación insiste en su novedad: mujeres no encerradas en clausura, sino insertas en el mundo de los pobres, de los enfermos y de la ciudad. La formulación clásica atribuida a Vicente resume ese giro apostólico: “for a convent, the houses of the sick; … for cloister, the streets of the city”. Esa innovación resulta decisiva para comprender por qué la canonización de Vicente tuvo efectos tan profundos en la vida religiosa femenina y en la praxis caritativa católica. 

Del prestigio de santidad al proceso canónico

Antes de entrar en la cronología concreta conviene hacer una precisión institucional. En 1737 no existía todavía la actual Congregación o Dicasterio para las Causas de los Santos. Las causas eran competencia de la Sacra Congregación de Ritos, creada por Sixto V en 1588. El actual Dicasterio reconoce expresamente esa continuidad histórica y explica que solo en 1969 se separaron los asuntos litúrgicos de las causas de santos, mientras que la gran reforma procedimental contemporánea llegó con Divinus perfectionis Magister en 1983. Por eso, hablar hoy de “procedimiento de la Congregación para las Causas de los Santos” respecto de Vicente exige distinguir entre el marco histórico original y su análogo institucional actual

El actual Dicasterio resume el camino a la santidad así: fama de santidad, fase diocesana, fase romana, beatificación, reconocimiento de un milagro posterior y canonización. En sus propias palabras, la canonización “avviene se dopo la beatificazione è riconosciuto un miracolo” y es el acto por el cual el Papa declara solemnemente que un fiel puede ser venerado por toda la Iglesia. Ese esquema contemporáneo no es idéntico al del siglo XVIII, pero ayuda a leer la causa de Vicente: fama de santidad temprana, pesquisa local, revisión romana, declaración de heroicidad, beatificación, examen de milagros post beatificationem y canonización. 

En el caso de Vicente, la construcción documental de la causa comenzó muy pronto. La oración fúnebre pronunciada por Henri de Maupas du Tour el 23 de noviembre de 1660fue, según la investigación vicenciana contemporánea, la primera gran reflexión pública sobre su vida y una pieza pensada ya con horizonte canonizable. A ello siguieron las biografías de Louis Abelly, publicadas en varias ediciones a partir de 1664 y ampliadas en 16681684 y 1698, que sistematizaron testimonios, virtudes y obras. 

La causa, además, se desarrolló bajo la disciplina de Urbano VIII, decisiva para las beatificaciones y canonizaciones modernas. Un estudio de DePaul resume que la causa de Vicente, de 1697 a 1737, siguió esos requisitos reformados, mientras que el actual Dicasterio recuerda que los decretos de Urbano VIII —recogidos en Caelestis Hierusalem Cives de 1634— prohibieron los cultos indebidos y exigieron procesos como el de non cultu. Los inventarios archivísticos de la Congregación de la Misión muestran precisamente que para Vicente existieron, entre otros, un proceso super non cultu de 1705, volúmenes de procesos ante la Sagrada Congregación de Ritos, cartas postulatorias y sumarios sobre virtudes. 

La cronología interna del expediente puede sintetizarse así:

FechaEventoObservación analítica
1660-11-23Oración fúnebre de Maupas du TourPrimer gran texto público que fijó la memoria de santidad de Vicente
1664, 1668, 1684, 1698Biografías de Louis AbellyBase narrativa y testimonial de la reputación de santidad
1697La Asamblea General de la Congregación de la Misión decide promover la causaInicio institucional del impulso vicenciano a la beatificación
1705Comienza en París el proceso ordinario informativoFase diocesana / ordinaria
1709-10-04Apertura formal en RomaInicio efectivo de la fase romana
1712Exhumación del cuerpoSe documentó el estado del cadáver en el curso de la causa
1713La causa es declarada válida para continuarEntra en fase de examen formal de virtudes y pruebas
1729-08-13Breve de beatificaciónFecha del documento pontificio en varias referencias bibliográficas
1729-08-21Celebración oficial de beatificaciónFecha de la página celebrativa oficial del Dicasterio
1736-06-24Aprobación de dos milagros para la canonizaciónCuración de una religiosa con úlceras y de una seglar con parálisis; nombres: no especificado en las síntesis consultadas
1737-06-16Canonización por Clemente XIIFecha confirmada por la bula y por la ficha oficial actual

El papel de Prospero Lambertini, futuro Benedicto XIV, fue decisivo. La propia línea editorial vinculada al actual Dicasterio recuerda que actuó como Promotor de la Fe ante la Congregación de Ritos entre 1708 y 1728, y que su tratado De servorum Dei beatificatione et beatorum canonizatione se convirtió después en la gran síntesis clásica del derecho y la práctica de estas causas. En la causa de Vicente, la tradición vicenciana y la bibliografía reciente le atribuyen objeciones sobre la ortodoxia de Vicente —por su cercanía pasada a Saint-Cyran—, sobre abandonos de beneficios y sobre su conocimiento de mezclas medicinales, objeciones que finalmente no prosperaron. 

El esquema de secuencia institucional puede visualizarse así, combinando el marco histórico del siglo XVIII y la articulación que hoy usa el Dicasterio para explicar una causa de santos. 

Fama de santidad y memoria públicaRecopilación de testimonios y escritosProceso ordinario en París 1705Apertura romana 1709Examen de virtudes y validez 1713Breve de beatificación 13 ago 1729Celebración de beatificación 21 ago 1729Examen de milagros post beatificationemAprobación de dos milagros 24 jun 1736Canonización 16 jun 1737Mostrar código

La ceremonia de canonización celebrada un 16 de junio

La página celebrativa oficial del Dicasterio para las Causas de los Santos registra una canonización el 16-06-1737 bajo Clemente XII, en la que aparecen juntos Giuliana Falconieri, Giovanni Francesco Régis, Vincenzo de’ Paoli y Caterina Fieschi Adorno. La causa de Vicente, por tanto, no culminó en una canonización aislada, sino en una solemne ceremonia colectiva, práctica frecuente en la Roma moderna para distribuir costos y dar un marco litúrgico más grandioso al acto. 

La bula de canonización confirma de manera inequívoca el acto jurídico. En el pasaje decisivo, Clemente XII declara: “Beatum Vincentium a Paulo Sanctum esse decernimus, definimus, ac Sanctorum Catalogo adscribimus”; en traducción: “decretamos y definimos que el beato Vicente de Paúl es santo y lo inscribimos en el catálogo de los santos.” El mismo impreso pontificio termina con la datación en San Juan de Letrán el 16 de junio de 1737

Sobre el lugar exacto de la ceremonia hay que distinguir entre metadatos y fuentes históricas de procedimiento. La ficha biográfica actual del Dicasterio dice “Basilica Vaticana”; sin embargo, Benedicto XIV, al discutir las canonizaciones de su tiempo, afirma expresamente que la canonización de San Vicente de Paúl y otros fue realizada “in Lateranensi” por Clemente XII “ob valetudinem tuendam”, esto es, para preservar la salud del pontífice. Un estudio académico de DePaul coincide y sitúa el acto en la basílica de San Juan de Letrán el 16 de junio de 1737, fiesta de la Santísima Trinidad. Mi juicio crítico, basado en la especificidad de estas fuentes, es que el Laterano debe preferirse como localización histórica de la ceremonia, dejando anotada la discordancia con la base actual del Dicasterio. 

La misma literatura sobre ceremonial aporta detalles concretos. Según la síntesis histórica difundida en el entorno vicenciano a partir de Luigi Mezzadri, la procesión comenzó a las seis de la mañana y duró más de tres horas por la afluencia de público; participaron veintiséis cardenales, obispos, patriarcas y otros clérigos; y, durante la ceremonia, se presentaron al Papa dos cirios decorados de sesenta libras cada uno, dos tórtolas, dos panes dorados, dos palomas y dos barriles de vino, ofrendas realizadas por nobles, cardenales y amigos de la Congregación. 

Benedicto XIV añade dos observaciones relevantes para entender la liturgia de ese día. Primero, recuerda que Clemente XII había confirmado el 17 de abril de 1737 un decreto sobre el orden de precedencia de los canonizados cuando en una misma ceremonia hubiera varios santos, cuestión suscitada precisamente por la canonización de Vicente y de los demás candidatos de ese año. Segundo, precisa que, por consejo de los médicos, el Papa no participó en la procesión, y que en su lugar intervino el cardenal Ruffo, quien celebró además la misa solemne. Eso subraya que la salud del pontífice no fue un detalle marginal, sino un factor organizador de la ceremonia misma. 

La comparación de las fechas y lugares transmitidos por las distintas tradiciones documentales ayuda a resolver confusiones habituales:

Punto discutidoDato mejor respaldadoVariante encontradaAclaración crítica
Fecha de beatificación21 de agosto de 1729 como celebración oficial13 de agosto de 1729 como fecha del breve pontificioNo son necesariamente incompatibles: parece distinguirse entre la fecha documental y la fecha litúrgico-celebrativa
Fecha de canonización16 de junio de 173713 de junio de 1737 en alguna síntesis secundaria recienteLa bula y la ficha oficial de canonización sostienen el 16 de junio; el 13 de junio debe considerarse, con la evidencia disponible, una errata o confusión secundaria. 
Lugar de la canonizaciónSan Juan de Letránsegún la fuente histórica más específicaBasílica Vaticanaen la ficha oficial actualLa evidencia histórica explícita favorece el Laterano; la referencia vaticana actual puede reflejar costumbre general, simplificación catalográfica o inconsistencia de base de datos. 

Repercusiones e impacto en la Iglesia y en las congregaciones fundadas

La canonización tuvo un efecto inmediato sobre el culto universal de Vicente. Un estudio de Vincentian Heritage subraya que beatificación y canonización implicaron la sanción oficial de su veneración pública en toda la Iglesia, con inserción de su fiesta —entonces el 19 de julio— en el calendario romano y con textos propios para la misa y el oficio. Un impreso litúrgico del siglo XVIII confirma precisamente la celebración de “Die XIX. Julii. In Festo S. Vincentii à Paulo Confes.”; más tarde, la memoria pasaría al 27 de septiembre, fecha de su muerte, que es la que hoy recoge la ficha oficial del Dicasterio. 

En París, las consecuencias fueron devocionales y espaciales. La capilla de San Lázaro, casa madre de los lazaristas, se convirtió en un foco de peregrinación reforzado. El estudio de DePaul sobre la arquitectura y el culto vicenciano recuerda que, tras la canonización, las reliquias de Vicente fueron presentadas en una figura de cera y colocadas en un relicario de plata y vidrio; además, la bula concedía indulgencias a los peregrinos que visitaran su tumba. La actual presentación de la capilla por la provincia francesa confirma el dato físico básico: en 1712 el cuerpo fue hallado prácticamente intacto salvo ojos y nariz; en 1737subsistía ya el esqueleto, sobre el que se modelaron rostro y manos de cera. 

La iconografía de la canonización fue también un instrumento de difusión del nuevo santo. La Universidad de Limoges ha mostrado que, en junio de 1737, el Mercure de Franceanunciaba la aparición de once estampas nuevas sobre la vida de Vicente a partir de los cuadros de San Lázaro; y otro estudio del mismo proyecto propone que estas estampas deben leerse dentro de un verdadero “arte de canonización”, destinado a acompañar, promover y ampliar la recepción pública de la santidad. Es un indicio claro de que la canonización de Vicente fue no solo un acto litúrgico y jurídico, sino también una operación de comunicación visual a escala europea. 

Para la Congregación de la Misión, la canonización consolidó pública y eclesialmente un carisma ya definido: evangelización de los pobres, formación del clero y disponibilidad misionera. Las constituciones actuales de la Congregación retoman exactamente ese núcleo, mostrándolo no como una lectura piadosa posterior, sino como la continuidad del proyecto aprobado desde el siglo XVII. En otras palabras, la canonización no inventó el carisma vicenciano, pero sí lo selló con autoridad universal y lo convirtió en una referencia autorizada para la identidad futura de la Congregación. 

Para las Hijas de la Caridad, la canonización confirmó la legitimidad eclesial de una forma de vida que ya era innovadora desde su origen: servicio directo a los pobres sin clausura monástica estricta. La propia historia oficial de la congregación insiste en su continuidad hasta hoy, con más de 13.000 Hijas de la Caridad trabajando en más de 96 países, siempre dentro del patrón de servicio que heredaron de Vicente y Luisa. La canonización del cofundador reforzó así una espiritualidad femenina activa que acabaría siendo una de las formas más influyentes de vida apostólica en la Iglesia moderna y contemporánea. 

En la Iglesia universal, la recepción posterior de Vicente culminó en 1885, cuando León XIIIlo proclamó patrono de todas las asociaciones católicas de caridad. La ficha oficial del Dicasterio recoge expresamente esa proclamación. Se trata de una recepción extremadamente significativa: la Iglesia no leyó retrospectivamente a Vicente solo como fundador de dos institutos, sino como patrono del tejido católico de la caridad organizada

Fuentes primarias, debates historiográficos e imágenes disponibles en línea

Las fuentes primarias más importantes para estudiar esta canonización son de tres tipos. Primero, los actos pontificios: la bula de canonización de Clemente XII de 1737, conservada y descrita en repertorios bibliográficos y en ejemplares digitalizados; y el breve de beatificación de 1729, igualmente registrado en catálogos. Segundo, la literatura testimonial y hagiográfica temprana: la oración fúnebre de Maupas du Tour y las biografías de Abelly. Tercero, los archivos de la causa: procesos de la Sagrada Congregación de Ritos, sumarios de virtudes y milagros, cartas postulatorias y proceso de non cultu, hoy identificables en inventarios de archivos vicencianos. 

Entre las fuentes secundarias de mejor nivel para interpretar el expediente destacan los estudios históricos vicencianos de DePaul University, la revista Studia Vincentiana, el trabajo clásico de Luigi Mezzadri sobre la historia de los vicencianos y las explicaciones institucionales del actual Dicasterio sobre historia y procedimiento de las causas. En conjunto, estas fuentes permiten reconstruir no solo las fechas, sino la lógica jurídica, pastoral y representacional del proceso. 

En cuanto a los debates historiográficos, sí existen algunos puntos dignos de mención. El primero es documental: la oscilación entre 13 y 16 de junio de 1737, y entre Basílica Vaticana y San Juan de Letrán, muestra que incluso en obras recientes y en bases institucionales pueden deslizarse simplificaciones o inconsistencias. El segundo es interpretativo: algunos historiadores han observado que el dossier de Vicente subraya con especial fuerza su obra social y caritativa, hasta el punto de que podría leerse casi como un “tratado de caridad”, diferencia notable respecto de otros expedientes de santidad más centrados en fenómenos místicos o milagrosos. El tercero es confesional-político: las objeciones de Lambertini y la resistencia vinculada a ambientes jansenistas muestran que la canonización de Vicente también se jugó en el terreno de la ortodoxia y de las polémicas eclesiales francesas. 

Respecto de las imágenes y facsímiles disponibles en línea, sí existen materiales valiosos, aunque no he localizado en los repositorios consultados una representación inequívoca de la liturgia misma del 16 de junio. Lo que sí está claramente accesible es lo siguiente: un facsímil de la bula de canonización en la biblioteca de Paderborn; el registro bibliográfico de ejemplares originales en Berkeley y la Biblioteca Nacional de Francia; y un rico conjunto de estampas de 1737 vinculadas a la recepción de la canonización en la Universidad de Limoges, especialmente la serie anunciada por el Mercure de France y las imágenes sobre milagros atribuidos a la intercesión de Vicente. Para el investigador, estas imágenes son tan importantes como el texto de la bula, porque muestran cómo la canonización fue visualizada, difundida y consumida devocionalmente. 

Como balance final, la canonización de San Vicente de Paúl del 16 de junio de 1737aparece, a la luz de las fuentes, como un acontecimiento donde confluyen derecho canónico, política eclesiástica, ceremonial romano, comunicación visual y consolidación carismática. Vicente fue canonizado no solo por lo que hizo individualmente, sino porque su figura ofrecía a la Iglesia moderna una síntesis particularmente poderosa de ortodoxia, misión y caridad organizada. Esa sigue siendo, en el fondo, la razón de su permanencia histórica. 

Imprimir o guardar en PDF
Deja un comentario

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *