La VI Asamblea General Internacional de JMV reúne del 17 al 23 de agosto a jóvenes, asesores, Hijas de la Caridad y misioneros vicentinos de diversos continentes para discernir el futuro de una de las principales expresiones juveniles de la Familia Vicentina.
Salamanca, España. Jóvenes llegados desde distintos continentes han vuelto a encontrarse cara a cara para compartir una misma fe, una misma espiritualidad y una misión que nació hace casi dos siglos al amparo de la Virgen María.
Del 17 al 23 de agosto de 2026, Salamanca acoge la VI Asamblea General Internacional de Juventud Mariana Vicenciana (JMV), uno de los acontecimientos más importantes para esta Asociación internacional de jóvenes católicos vinculada a la Familia Vicentina.
Bajo el lema «Con María sirviendo hoy, transformamos el mañana», la Asamblea no pretende ser solamente un encuentro de convivencia. Durante estos días se evalúa el camino recorrido en los últimos cinco años, se revisan estructuras, se disciernen nuevas prioridades pastorales, se estudian los Estatutos Internacionales y se prepara la elección del nuevo Consejo Internacional que acompañará a JMV durante el próximo quinquenio.
Una Asamblea que vuelve a ser presencial
La Asamblea General constituye el máximo espacio internacional de participación y toma de decisiones de JMV. Ordinariamente se celebra cada cinco años y reúne a representantes de las asociaciones nacionales con estatutos aprobados.
La anterior Asamblea tuvo lugar en 2021 y, debido a las circunstancias provocadas por la pandemia, debió realizarse de manera virtual. Por eso, el encuentro de Salamanca tiene un significado especial: después de varios años, representantes de numerosos países vuelven a encontrarse físicamente para rezar, dialogar, conocerse y discernir juntos.
No es la primera vez que Salamanca recibe una Asamblea internacional de JMV. La ciudad española ya fue sede de la IV Asamblea General, celebrada en 2015, bajo el lema «Evangelizados para evangelizar». Las anteriores tuvieron lugar en Roma en 2000, París en 2005 y Lisboa en 2010; la quinta correspondió a Bydgoszcz, Polonia, en 2021, aunque se desarrolló en modalidad virtual.
Esta sexta edición se desarrolla en el entorno vicentino de Santa Marta de Tormes, Salamanca, en una casa que durante décadas ha servido para la formación, la acogida y la misión de la Congregación de la Misión.
Una familia con muchos idiomas y culturas
La fotografía de estos primeros días expresa buena parte de lo que significa JMV: jóvenes de rasgos, idiomas y culturas diferentes caminando juntos.
La crónica oficial de apertura menciona participantes procedentes de lugares tan diversos como Filipinas, Líbano, Madagascar, Francia, Colombia y España, entre otros países y continentes.
Español, inglés, francés, portugués, tagalo y muchas otras lenguas se escuchan durante estos días en Salamanca. La diversidad, sin embargo, no aparece como una barrera, sino como uno de los grandes signos de la universalidad de la Asociación.
JMV Internacional se presenta actualmente como una asociación de jóvenes laicos presente en decenas de países de los cinco continentes, con más de 30.000 miembros, comprometidos con los jóvenes, la Iglesia, el mundo y especialmente con los pobres. Su identidad está marcada por cuatro dimensiones inseparables: eclesial, laical, mariana y vicenciana.
«Con María»
La primera expresión del lema de la Asamblea define su espiritualidad.
Para JMV, María no es únicamente una referencia devocional. Es modelo de discípula, mujer de escucha, disponibilidad y servicio.
Durante la apertura, sor Anna Wiwiek, Hija de la Caridad y consejera general, presentó precisamente a María como una joven valiente, llena de preguntas y sueños, que no esperó tener todas las respuestas antes de pronunciar su «sí» y ponerse en camino para servir a Isabel.
Su intervención dejó una de las ideas centrales de estos días: «Los jóvenes son el ahora de Dios».
La transformación, por tanto, no comienza cuando los jóvenes alcancen determinada edad o posición dentro de la Iglesia. Empieza con las decisiones, gestos de servicio y compromisos que asumen hoy.
Esta idea conecta directamente con el origen de la propia Asociación.
Un sueño nacido en 1830
Juventud Mariana Vicenciana hunde sus raíces en las apariciones de la Virgen María a santa Catalina Labouré, entonces una joven Hija de la Caridad, en París.
Según la tradición de la Asociación, el 18 de julio de 1830 Catalina comunicó al padre Juan María Aladel, C.M., el deseo de la Virgen de que comenzara una asociación dedicada especialmente a los jóvenes.
De aquellos primeros grupos de Hijos e Hijas de María surgiría, después de un largo proceso histórico y de renovación eclesial, la actual Juventud Mariana Vicenciana.
Los nuevos Estatutos Internacionales fueron aprobados por la Santa Sede el 2 de febrero de 1999, consolidando la dimensión internacional de la Asociación y su renovada identidad. Poco después se estableció en Madrid el Secretariado Internacional.
La Asamblea de Salamanca de 2026 es, por tanto, un nuevo capítulo de una historia que comenzó hace 196 años.
«Sirviendo hoy»
La segunda expresión del lema lleva directamente al corazón del carisma vicentino.
No basta reunirse, formarse o elaborar documentos. La identidad de JMV encuentra su sentido en el seguimiento de Cristo y particularmente en la evangelización y el servicio de los pobres, heredados de la espiritualidad de san Vicente de Paúl.
El padre Tomaž Mavrič, C.M., Superior General de la Congregación de la Misión y Director General de JMV, invitó durante la apertura a mirar también hacia quienes anteriormente hicieron parte de la Asociación y a encontrar nuevas formas de mantenerlos vinculados.
Asimismo, propuso una mayor implicación de las familias en los procesos de acompañamiento de los grupos infantiles y juveniles.
Su invitación quedó condensada en una expresión pronunciada durante la apertura: «Si soñamos juntos, el sueño se convierte en realidad».
No se trata únicamente de conservar lo ya construido, sino de crear estructuras capaces de acompañar a las nuevas generaciones.
Evaluar el camino recorrido
La Asamblea viene precedida de meses de trabajo en cada país.
Entre febrero y junio de 2026, las asociaciones nacionales fueron invitadas a evaluar las líneas de acción emanadas de la Asamblea de 2021.
El discernimiento se concentró especialmente en cuatro ámbitos:
- la dimensión eclesial;
- la dimensión mariana y vicenciana;
- la dimensión laical;
- y los desafíos relacionados con la solidaridad y la sostenibilidad financiera.
Los aportes enviados desde los distintos países sirven ahora de material para la reflexión de los delegados reunidos en Salamanca.
La Asamblea deberá preguntarse no solamente qué funcionó durante estos años, sino qué necesita cambiar para responder a las nuevas realidades juveniles.
Migración, pobreza, nuevas formas de comunicación digital, secularización, crisis vocacionales, salud mental de los jóvenes, formación, misión y sostenibilidad son realidades que atraviesan de distintas maneras la vida de las asociaciones juveniles en cada continente.
Una Iglesia donde los jóvenes toman decisiones
Uno de los aspectos más significativos de JMV es su carácter eminentemente laical.
La Asociación no está pensada únicamente para los jóvenes: buena parte de su estructura está confiada a los propios jóvenes.
Los Estatutos establecen que, durante la Asamblea General, los representantes eligen a un presidente internacional y cuatro consejeros laicos. Junto con otros responsables de la Familia Vicentina, ellos conforman el Consejo Internacional encargado de acompañar y poner en práctica las decisiones de la Asamblea durante los siguientes años.
Por ello, uno de los momentos más importantes de esta semana será precisamente la elección del nuevo Consejo Internacional.
Los Consejos Nacionales realizaron previamente procesos de oración, consulta y discernimiento para presentar candidatos. Durante la Asamblea, los delegados podrán conocer sus historias, motivaciones y experiencia dentro de JMV antes de proceder a las votaciones.
La elección no es entendida simplemente como el reparto de cargos administrativos. JMV la presenta como un auténtico servicio misionero internacional que exige disponibilidad, escucha, formación y capacidad para promover la comunión entre culturas y países.
Patricia Roppa: escuchar también lo que otros pueden enseñarnos
La presidenta internacional de JMV, Patricia Roppa, destacó durante la apertura la riqueza representada por las distintas delegaciones.
Cada participante ha dejado temporalmente su familia, su comunidad y sus responsabilidades y ha recorrido, en muchos casos, miles de kilómetros para llegar a Salamanca.
Por eso animó a vivir la Asamblea con apertura, paciencia y fraternidad, evitando convertir las discusiones en una simple defensa de posiciones nacionales.
Su mensaje fue una invitación a reconocer que la diversidad también evangeliza: los participantes no llegan solamente a enseñar su propia experiencia, sino a descubrir lo que las comunidades de otros países pueden aportarles.
Salamanca, un puente entre países y generaciones
La imagen del puente apareció también durante los saludos inaugurales.
Sor Carmen B. Machado Sacramento, visitadora de la Provincia España-Sur de las Hijas de la Caridad, tomó como símbolo el histórico puente romano sobre el río Tormes.
La Asamblea, señaló, está llamada a convertirse también en un puente: entre países, culturas y generaciones; entre la riqueza de la historia de JMV y los desafíos actuales; y entre las necesidades concretas de los jóvenes y la respuesta evangelizadora que la Asociación puede ofrecer.
Su invitación fue a valorar cada decisión a partir de una pregunta esencial: cómo ser una Asociación más fiel a Jesucristo, más mariana, más cercana a los jóvenes y más comprometida con los pobres.
Un «Mercado Misionero» para compartir la riqueza de cada país
La Asamblea incluye igualmente espacios de fraternidad y encuentro cultural.
Uno de ellos es el denominado Mercado Misionero, iniciativa en la que las Asociaciones Nacionales pueden presentar productos, artesanías, recuerdos y otros elementos vinculados con su cultura y su experiencia misionera.
La finalidad va mucho más allá de una feria comercial.
Cada objeto permite contar una historia y mostrar cómo el carisma mariano y vicentino se encarna de manera distinta en África, América, Asia y Europa. Los recursos obtenidos mediante las ventas pueden, además, contribuir al sostenimiento de proyectos y actividades misioneras desarrolladas por las asociaciones nacionales.
Es quizá una de las mejores imágenes de la Asamblea: culturas profundamente distintas que no necesitan renunciar a su identidad para reconocerse parte de una misma familia.
También una Asamblea digital
La preparación del encuentro ha incorporado además una fuerte dimensión tecnológica.
La Comisión Organizadora desarrolló una aplicación oficial disponible en los cuatro idiomas de la Asociación, utilizada desde meses antes del encuentro para realizar inscripciones, distribuir cartas circulares y compartir los documentos preparatorios.
Durante estos días sirve también para acceder a documentos de trabajo, actas, materiales de las sesiones, cantos y subsidios litúrgicos, además de facilitar algunos procesos relacionados con el conocimiento de los candidatos y las votaciones.
Es una forma concreta de mostrar cómo una Asociación nacida en 1830 continúa adaptándose a las formas de comunicación de las nuevas generaciones.
«Transformamos el mañana»
La última parte del lema contiene quizá el desafío más grande.
La Asamblea terminará el 23 de agosto, pero sus frutos deberán comenzar a verse cuando cada delegado regrese a su país.
Las prioridades que sean aprobadas, las modificaciones de los Estatutos, la elección del nuevo Consejo Internacional y las decisiones pastorales solo tendrán sentido si consiguen llegar hasta las comunidades locales y traducirse en una renovación de la evangelización y el servicio.
Desde Salamanca, JMV se pregunta cómo acompañar a los jóvenes en un mundo profundamente diferente al que vio nacer la Asociación.
La respuesta que atraviesa estos días parece sencilla, pero exigente: volver a Jesús siguiendo el camino de María y hacerlo desde la creatividad propia del carisma vicentino.
No esperar a mañana para comenzar.
Servir hoy para transformar el mañana.
Mientras continúan las sesiones de esta VI Asamblea General Internacional, miles de jóvenes marianos vicencianos en diferentes lugares del mundo acompañan con su oración un acontecimiento que definirá buena parte del camino de la Asociación durante los próximos cinco años.
Salamanca es esta semana mucho más que la sede de una reunión.
Por unos días se ha convertido en el corazón de una juventud vicenciana internacional que vuelve a encontrarse para preguntarse, junto a María, cómo servir mejor a Cristo en los jóvenes y en los pobres de nuestro tiempo.


Felicitaciones a la Asociación. Me llenan de Esperanza
Quisiera saber cuántos están participando en la Asamblea? Gracias