Recreación artística de Mario Valenzuela Pieschacón con una bandera de san Vicente de Paúl sobre Bogotá

Mario Valenzuela Pieschacón: el joven laico que abrió el primer camino institucional del carisma vicentino en Colombia

Sí hay fundamento histórico sólido para afirmar que Mario Valenzuela Pieschacón fue el primero en introducir de manera organizada e institucional el carisma vicentino en Colombia. Pero vale la pena formular la afirmación con precisión: no fue él quien trajo a Colombia a los sacerdotes de la Congregación de la Misión, pues los primeros misioneros vicentinos llegaron en 1870. Lo que hizo Valenzuela, trece años antes, fue impulsar en Bogotá la primera Sociedad o Conferencia de San Vicente de Paúl de la que existe constancia en Colombia, el 18 de octubre de 1857, trasladando al país aquella espiritualidad laical de encuentro personal con los pobres que había nacido en París en torno a Federico Ozanam y que había adoptado a san Vicente de Paúl como patrono e inspiración. [1]

La afirmación adquiere todavía más fuerza porque no procede solamente de la memoria actual de la Sociedad de San Vicente de Paúl. Un estudio publicado por la Pontificia Universidad Javeriana sobre la vida del posteriormente jesuita Mario Valenzuela afirma expresamente: “Ese mismo 1857 trajo a Colombia la Sociedad de San Vicente de Paúl”. El mismo estudio señala que Valenzuela quiso que en su tumba quedara inscrito: “Fundador de la Sociedad de San Vicente de Paúl”. [2]

Por eso, si Corazón de Paúl desea recuperar su figura para la memoria de la Familia Vicentina colombiana, estamos ante una historia extraordinaria: la primera implantación documentada de una obra específicamente vicentina en Colombia no llegó inicialmente de la mano de un sacerdote de la Congregación de la Misión, sino de un joven laico colombiano de apenas veintiún años. [3]

Antes de ser sacerdote jesuita, Mario Valenzuela era un joven laico

Este punto es fundamental porque algunas semblanzas modernas pueden llevar a pensar que fue “el padre Mario Valenzuela” quien fundó la Sociedad en 1857. Históricamente, eso es incorrecto.

Mario Valenzuela Pieschacón nació en Bogotá el 19 de enero de 1836, hijo de Menandro Valenzuela Ortega y Sanz de Santamaría y Florentina Pieschacón y Calvo. Desde pequeño estuvo muy cerca del ambiente jesuita: ingresó al Seminario Menor y posteriormente recibió formación de la Compañía de Jesús. Cuando los jesuitas tuvieron que salir del país en el contexto de las medidas del gobierno liberal, Valenzuela estudió en el colegio que estos establecieron en Kingston, Jamaica, pasó también por Guatemala y regresó a Bogotá en 1852. [4]

La Colombia que encontró era una nación atravesada por profundos enfrentamientos sobre el papel de la Iglesia, la educación y el Estado. El gobierno de José Hilario López había decretado en mayo de 1850 la expulsión de los jesuitas extranjeros, en medio de una época de reformas liberales y fuertes tensiones entre distintas maneras de entender la relación entre religión y sociedad. [5]

Valenzuela continuó sus estudios de filosofía y ciencias jurídicas. Participó además activamente en la agitada vida intelectual y política de su tiempo: escribió en publicaciones como La Guirnalda, El Porvenir y El Liceo Granadino, combatió contra la dictadura de José María Melo y en 1857 fue diputado y secretario de la Asamblea Constituyente de Cundinamarca. Tenía apenas veintiún años. [2]

Y es precisamente en ese mismo año, 1857, cuando aparece el acontecimiento que nos interesa.

Lo sorprendente es que todavía no había ingresado a la Compañía de Jesús. El estudio de Vniversitas sitúa su ingreso al noviciado jesuita después de haber sido profesor en Tunja durante 1858. Es decir: cuando nació la primera Sociedad de San Vicente de Paúl en Colombia, Mario Valenzuela era un laico joven, intelectual, universitario y comprometido con la vida pública. [6]

Este detalle lo aproxima de una manera extraordinaria a Federico Ozanam.

Ozanam tampoco era sacerdote. La Sociedad de San Vicente de Paúl había nacido en París el 23 de abril de 1833, cuando un grupo de jóvenes universitarios decidió responder a las desigualdades sociales pasando de las discusiones sobre el cristianismo a la acción concreta. La propia Confederación Internacional de la Sociedad señala que aquellos jóvenes comenzaron a visitar a los pobres y fueron acompañados por sor Rosalía Rendu, Hija de la Caridad, quien los introdujo en las enseñanzas de san Vicente de Paúl. En 1834 las Conferencias adoptaron a san Vicente como patrono. [7]

La semejanza es llamativa: Ozanam tenía veinte años cuando comenzó la Conferencia de Caridad en París; Valenzuela tenía veintiuno cuando participó en el nacimiento de la obra vicentina en Bogotá. Las dos historias muestran a jóvenes laicos convencidos de que la fe debía hacerse visible mediante el encuentro concreto con quienes sufrían. [8]

De París a Bogotá: cómo llegó la intuición vicentina

Para comprender lo ocurrido en Bogotá no basta con decir que Mario Valenzuela “conoció a Ozanam y decidió copiar su obra”. La historia es más interesante.

La Sociedad de San Vicente de Paúl se había expandido rápidamente desde Francia. Su característica distintiva era unir vida espiritual, amistad cristiana y servicio personal a los pobres. No se limitaba a entregar una limosna: los socios debían salir al encuentro de las familias necesitadas, visitarlas en sus hogares y establecer con ellas una relación humana y cristiana. Esa dimensión de proximidad estaba profundamente vinculada con el ejemplo de san Vicente de Paúl y con la experiencia transmitida a los jóvenes por sor Rosalía Rendu. [9]

El historiador Gilberto Loaiza Cano, en su estudio sobre sociabilidad, religión y política en Colombia durante el siglo XIX, ofrece una pista decisiva para reconstruir cómo esa experiencia llegó a Bogotá. Según su investigación, el conocimiento de la experiencia de la Sociedad de San Vicente de Paúl en Chile influyó en los católicos bogotanos que organizaron la primera Conferencia colombiana. [10]

Existía entonces en Bogotá un círculo de escritores y católicos denominado Academia Religiosa, cuyos integrantes se reunían regularmente. Ese ambiente intelectual y religioso terminó convirtiéndose en el núcleo de la primera Conferencia de San Vicente de Paúl de Bogotá en octubre de 1857. La historiografía señala además la influencia y asesoría del sacerdote chileno José Ignacio Víctor Eyzaguirre, figura importante del catolicismo latinoamericano de aquella época. [10]

Por tanto, la fundación no debe imaginarse como un acto individual en el que Valenzuela creó una institución completamente solo. Se trató de una pequeña red de católicos laicos, con conexiones internacionales y un profundo interés por responder desde la fe a la realidad social. Sin embargo, las fuentes biográficas e institucionales coinciden en reservar a Mario Valenzuela un lugar singular como fundador e impulsor de la obra en Colombia. [11]

La actual Sociedad de San Vicente de Paúl de Bogotá conserva expresamente esta memoria. Identifica a Mario Valenzuela como “Fundador de la Sociedad de San Vicente de Paúl en Colombia” y fecha el acontecimiento el 18 de octubre de 1857, junto a seis compañeros. También identifica aquella organización como la primera Conferencia en Colombia. [12]

Aquí aparece, sin embargo, una pequeña dificultad historiográfica que conviene aclarar. La página actual de la Sociedad bogotana menciona a un “doctor Jorge Víctor Eyzaguirre”, mientras la investigación histórica de Loaiza —basada, entre otras fuentes, en los Anales de la Sociedad de San Vicente de Paúl del siglo XIX— identifica la influencia de José Ignacio Eyzaguirre. Por eso, para un artículo histórico riguroso es preferible hablar de la influencia del sacerdote chileno José Ignacio Víctor Eyzaguirre sin reproducir acríticamente el nombre que aparece actualmente en la web institucional. [13]

El 18 de octubre de 1857: la primera Conferencia vicentina de Colombia

La fecha que conserva la tradición institucional es precisa: 18 de octubre de 1857. Ese día nació en Bogotá la Sociedad de San Vicente de Paúl que se considera la primera Conferencia establecida en territorio colombiano. [12]

La afirmación está respaldada por varias capas documentales.

La Sociedad de San Vicente de Paúl de Bogotá lo afirma en su historia institucional y señala a Mario Valenzuela como fundador. [14]

La investigación biográfica publicada por la Pontificia Universidad Javeriana afirma, de manera particularmente contundente, que Valenzuela “trajo a Colombia” la Sociedad en 1857. [15]

Y la investigación histórica de Gilberto Loaiza Cano, que consulta prensa y documentación decimonónica de la propia Sociedad, sitúa igualmente en Bogotá, en 1857, la primera Conferencia colombiana. Su cuadro de expansión comienza precisamente con Bogotá en 1857 y continúa con Pasto y Tunja en 1860, Socorro y Chiquinquirá en 1866, Ibagué y Zapatoca en 1868, San Gil en 1869 y numerosas fundaciones posteriores. [10]

Esto significa que Bogotá funcionó como la conferencia madre desde la cual el modelo se propagó por Colombia. Loaiza señala que las nuevas conferencias del país tomaron como referencia el reglamento de la organización bogotana. [10]

La expansión fue notable. La historiografía documenta conferencias en:

Bogotá en 1857; Pasto y Tunja en 1860; Socorro y Chiquinquirá en 1866; Ibagué y Zapatoca en 1868; San Gil, Nemocón y Sopetrán hacia finales de esa década; posteriormente Sonsón, Cali, Vélez, Girón, Puente Nacional, Neiva, La Mesa y Barranquilla, entre otras localidades; Popayán en 1872; Sogamoso y Guasca en 1873; y Medellín en 1882. [16]

Aquello ya no era solamente una iniciativa bogotana. Se estaba formando una red nacional de caridad de inspiración vicentina.

Y aquí puede sostenerse la tesis central: la semilla institucional vicentina había sido plantada en Colombia antes de la llegada de la Congregación de la Misión.

Qué significaba realmente traer el carisma vicentino

Decir que Mario Valenzuela “trajo el carisma vicentino” no significa que introdujera todas las ramas de la Familia Vicentina ni que antes de 1857 ningún colombiano hubiese conocido o venerado a san Vicente de Paúl. Las fuentes consultadas no permiten probar una afirmación tan absoluta.

Lo que sí puede demostrarse es algo mucho más concreto: en 1857 aparece la primera implantación organizada y documentada en Colombia de una institución internacional explícitamente inspirada en san Vicente de Paúl: la Sociedad de San Vicente de Paúl. [17]

Y esa distinción es muy importante.

La Sociedad había nacido en París como una organización de laicos católicos que buscaban crecer espiritualmente mediante el servicio a las personas necesitadas. Desde sus orígenes, la oración se acompañaba de la visita personal a los pobres; sor Rosalía Rendu introdujo a los jóvenes en las enseñanzas de san Vicente y, desde 1834, las Conferencias adoptaron al santo como patrono. [7]

Por eso, aunque Federico Ozanam y sus compañeros no pertenecían a la Congregación de la Misión, su modo de practicar la caridad se insertó explícitamente dentro de la tradición espiritual de san Vicente de Paúl. La pobreza no debía contemplarse desde lejos: había que acercarse, visitar, escuchar, acompañar y servir. [9]

Eso es exactamente lo que comenzó a ocurrir en Bogotá.

La investigación histórica muestra que entre los primeros objetivos de la Sociedad colombiana estaban el contacto directo con los pobres, la recolección de recursos y la organización estable de distintas áreas de servicio. Su reglamento llegó a contemplar secciones hospitalaria, limosnera y docente, a las que más tarde se agregó una sección de propaganda. Había socios activos, responsables de la relación directa con los pobres, y colaboradores que sostenían económicamente las obras. [10]

En 1860, apenas tres años después de la fundación, la Sociedad organizó su primer gran bazar, abrió un hospital y una escuela dominical de artes y oficios, y estableció en Bogotá una iniciativa de alimentación popular conocida como la “sopa de San Vicente”. [10]

Durante la guerra civil de 1860-1861, la Sociedad llegó a convertirse, según la investigación de Loaiza basada en sus propios Anales, en una de las principales entidades de beneficencia de Bogotá, atendiendo especialmente a mujeres y niños afectados por la movilización militar de sus familiares. [10]

Esto ayuda a comprender qué estaba introduciendo Valenzuela.

No simplemente el nombre de san Vicente.

No solamente una nueva asociación piadosa.

Sino un método de caridad organizada, estable y personal: laicos que salían de sus propios ambientes para encontrarse directamente con la pobreza y transformar la fe en obras concretas. [18]

Loaiza destaca precisamente que uno de los elementos novedosos de la tradición vicentina había sido invertir el movimiento acostumbrado de la limosna: en vez de esperar que los pobres fueran a buscar al benefactor, los miembros de la Sociedad debían ir a encontrarlos. [10]

Desde una lectura vicentina, ese cambio es profundamente significativo: el pobre deja de ser simplemente receptor de asistencia y se convierte en alguien a quien hay que buscar, visitar y acompañar.

¿Por qué Mario Valenzuela lo hizo?

No poseemos, entre las fuentes digitales consultadas, una especie de diario personal de 1857 en el que Valenzuela explique con sus propias palabras todos sus motivos. Por eso es necesario separar la documentación de la interpretación histórica.

Hay, sin embargo, suficientes elementos para identificar al menos tres motivaciones convergentes.

La primera fue religiosa. La memoria institucional de la Sociedad presenta a Valenzuela como un joven inspirado por la experiencia de Federico Ozanam y movido por la atención a quienes sufrían. Su propia trayectoria confirma que la fe católica no era para él un aspecto marginal: había recibido formación jesuita desde niño y más tarde acabaría entrando en la Compañía de Jesús. [19]

La segunda fue social. La propuesta de la Sociedad obligaba a pasar de la reflexión a la presencia concreta entre los pobres. En Bogotá sus integrantes organizaron visitas, asistencia económica, educación, atención hospitalaria y alimentación, lo que permite ver que la fundación respondía a necesidades reales y no únicamente a una preocupación doctrinal. [20]

La tercera fue eclesial y cultural. El historiador Loaiza interpreta el nacimiento de la Sociedad dentro de un movimiento más amplio del laicado católico conservador, que buscaba preservar y extender la presencia social del catolicismo en un período de profundas reformas políticas y de incertidumbre respecto de la presencia de los jesuitas. La Sociedad ofrecía algo novedoso: una estructura estable en la que los propios laicos podían asumir responsabilidades directas de evangelización mediante la caridad. [21]

Esta última dimensión es particularmente interesante.

Los jesuitas habían sufrido expulsiones y restricciones. Pero la Sociedad de San Vicente de Paúl no dependía de que una comunidad religiosa permaneciera establemente en Colombia. Era una asociación fundamentalmente laical. La iniciativa podía sobrevivir, reproducirse y extenderse mediante hombres y mujeres insertos en la sociedad civil. [18]

Así, la obra de Valenzuela parece haberse situado en el encuentro entre fe, inteligencia, compromiso social y protagonismo laical.

Trece años antes de que llegaran los Misioneros Vicentinos

Este es quizá el dato más importante para sostener que Mario Valenzuela ocupa un lugar especial en la historia vicentina de Colombia.

La Congregación de la Misión, fundada por san Vicente de Paúl en 1625 y conocida también como los Lazaristas o Padres Vicentinos, no se estableció en Colombia en 1857.

Su llegada documentada se produjo en 1870. [22]

La reconstrucción histórica de la propia Familia Vicentina colombiana indica que el 15 de junio de 1870, por recomendación de Pío IX, el superior general de la Congregación de la Misión, P. Jean-Baptiste Étienne, firmó un acuerdo con Carlos Bermúdez, obispo de Popayán, para confiar a los misioneros la dirección del seminario diocesano. [22]

Los padres Gustave Foing y Auguste Rieux salieron de Francia el 8 de julio. Llegaron a Buenaventura el 9 de noviembre de 1870 y finalmente a Popayán el 24 de noviembre, donde comenzaron su servicio en la formación del clero y en la educación. Desde allí se desarrollaría progresivamente la presencia de la Congregación de la Misión en Colombia. [22]

La comparación cronológica habla por sí misma:

1857: Mario Valenzuela y el grupo bogotano establecen la primera Sociedad de San Vicente de Paúl de Colombia. [23]

1870: llegan físicamente a Colombia los primeros sacerdotes de la Congregación de la Misión para establecer la misión vicentina. [22]

Entre un acontecimiento y otro transcurren aproximadamente trece años.

Por eso es perfectamente legítimo hablar de una especie de “primera llegada laical” del espíritu vicentino a Colombia.

Antes de que un sacerdote vicentino francés desembarcara en Buenaventura, ya había colombianos visitando a los pobres, reuniéndose bajo el nombre de san Vicente de Paúl y organizando obras de caridad inspiradas en la tradición de Ozanam y del santo de la caridad. [24]

Y al frente de aquella memoria fundacional aparece Mario Valenzuela.

Existe incluso una bella paradoja histórica: quien abrió aquel primer camino vicentino no terminó siendo sacerdote vicentino, sino jesuita. [15]

Su vinculación con san Vicente de Paúl precedió a su propia vida religiosa.

Una precisión necesaria: Bogotá no fue la primera Conferencia de Sudamérica

Aquí la investigación obliga a corregir un dato que hoy aparece en la página de la propia Sociedad de San Vicente de Paúl de Bogotá.

La web institucional afirma que la fundación de Valenzuela en 1857 habría sido la “primera conferencia vicentina del continente sudamericano”. [25]

Sin embargo, la historiografía académica consultada no permite mantener esa afirmación.

Gilberto Loaiza Cano señala que la conferencia bogotana fue la tercera establecida en Hispanoamérica, después de una fundación en México en 1845 y otra en Santiago de Chile en 1854. De hecho, el historiador considera precisamente que el conocimiento de la experiencia chilena influyó en la decisión de los católicos bogotanos de crear su propia Conferencia. [10]

Por tanto, Colombia no fue la primera nación sudamericana en tener una Sociedad de San Vicente de Paúl.

Esto no disminuye en absoluto la importancia de Mario Valenzuela. Al contrario, precisar este dato fortalece la credibilidad de la afirmación que realmente puede demostrarse:

Mario Valenzuela Pieschacón fue el principal fundador asociado por las fuentes a la primera Conferencia de la Sociedad de San Vicente de Paúl establecida en Colombia, en Bogotá en 1857, y con ella introdujo de manera institucional en el país una forma explícitamente vicentina de espiritualidad y caridad laical. [26]

Esa formulación puede defenderse históricamente con mucha mayor seguridad que la afirmación de que Colombia tuvo la primera Sociedad del continente.

Mario Valenzuela, una figura que la Familia Vicentina colombiana debería recuperar

Después de 1857 la vida de Mario Valenzuela tomó otro camino institucional, aunque no abandonó el recuerdo de la obra que había ayudado a sembrar.

Tras ejercer como profesor en Tunja, regresó a Bogotá e ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús. A causa de nuevos destierros de los jesuitas, pasó por Guatemala y otros países de Centroamérica. Desarrolló una amplia trayectoria como educador, escritor, teólogo, jurista y misionero. Con el tiempo desempeñó importantes responsabilidades dentro de la Compañía y participó en la restauración de la presencia jesuita en Colombia durante la década de 1880. [15]

Fue rector de San Bartolomé, superior jesuita y profesor; desarrolló además una notable producción intelectual. La Pontificia Universidad Javeriana conserva su nombre en la Biblioteca de Filosofía y Teología Mario Valenzuela, S.J., testimonio de la memoria que dejó dentro de la tradición jesuita colombiana. [27]

Pero lo más revelador para nuestra historia es que, casi al final de su vida, la Sociedad de San Vicente de Paúl seguía vinculándolo con aquella obra de juventud.

Cuando el 24 de diciembre de 1921 celebró sus bodas de oro sacerdotales, las Conferencias de San Vicente de Paúl existentes en Colombia se asociaron al homenaje. [28]

Mario Valenzuela murió en Panamá el 7 de abril de 1922. El Congreso colombiano aprobó poco después la Ley 16 del 9 de mayo de 1922, rindiendo homenaje a su memoria, y distintas asambleas departamentales emitieron también reconocimientos. [28]

Pero quizá ningún título resume mejor el modo en que él mismo quería ser recordado que aquel que, según la biografía citada por la investigación de la Javeriana, quiso para su lápida:

“Fundador de la Sociedad de San Vicente de Paúl”. [2]

No “jurista”.

No “escritor”.

No “diputado”.

No “rector”.

Entre tantas actividades de una vida de más de ocho décadas, quiso que permaneciera el recuerdo de aquella obra emprendida cuando tenía solo veintiún años. [29]

Y eso permite mirar su historia desde una perspectiva diferente.

Mario Valenzuela puede ser recordado como uno de los grandes pioneros del movimiento vicentino colombiano. Más aún: atendiendo a la cronología disponible, puede ser presentado con rigor como el hombre asociado documentalmente a la primera implantación organizada del carisma vicentino en Colombia, siempre que expliquemos que se trató específicamente de su introducción a través de la Sociedad de San Vicente de Paúl, no de la llegada de la Congregación de la Misión. [30]

La secuencia histórica resulta poderosa:

París, 1833: jóvenes laicos encabezados por Federico Ozanam convierten la fe en visita y amistad con los pobres, bajo la orientación de sor Rosalía Rendu y la inspiración de san Vicente. [7]

Bogotá, 1857: Mario Valenzuela, también joven laico, participa decisivamente en la fundación de la primera Conferencia colombiana y traslada ese modelo de caridad organizada a nuestro país. [31]

Buenaventura y Popayán, 1870: llegan los primeros sacerdotes de la Congregación de la Misión, que comienzan otra dimensión fundamental de la historia vicentina colombiana: formación del clero, misiones y evangelización de los pobres. [22]

Por eso, quizá la frase más bella y a la vez históricamente responsable para contar esta historia sea:

Antes de que llegaran a Colombia los primeros Misioneros Vicentinos, el carisma de san Vicente ya había encontrado aquí un joven corazón laico. Se llamaba Mario Valenzuela Pieschacón. Tenía veintiún años y, en 1857, ayudó a fundar en Bogotá la primera Sociedad de San Vicente de Paúl del país. [30]

Así, 1857 debería ocupar un lugar especial dentro de la memoria vicentina colombiana. No sustituye 1870, año de la llegada de la Congregación de la Misión; lo precede y lo complementa. Una fecha habla de la primera organización laical explícitamente vicentina documentada en Colombia y la otra de la llegada de los hijos de san Vicente de Paúl, la Congregación de la Misión. [24]

Y entre ambas fechas aparece una figura que merece ser redescubierta: Mario Valenzuela Pieschacón, primero laico vicentino en la acción y después sacerdote jesuita; un joven que, mucho antes de que Colombia conociera a los Padres Vicentinos, ya había comenzado a hacer presente entre nosotros algo esencial de la intuición de san Vicente: buscar a Cristo saliendo al encuentro de los pobres. [8]

Referencias y fuentes

[1] [2] [3] [4] [6] [8] [11] [15] [17] [26] [27] [28] [29] [30] [31] revistas.javeriana.edu.co Consultar fuente

[5] La educación y las relaciones con la iglesia en el siglo XIX Consultar fuente

[7] [9] Sobre nosotros – SSVP Global Consultar fuente

[10] [16] [18] [20] [21] [24] (PDF) Libro Sociabilidad-G. LOAIZA CANO.pdf Consultar fuente

[12] [13] [14] [19] [23] [25] Sociedad San Vicente de Paúl – Bogotá Consultar fuente

[22] 150 años de presencia de la Congregación de la Misión en Colombia – FAMVIN NoticiasES Consultar fuente

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