En san Vicente de Paúl, la devoción a la Santísima Virgen María no aparece como adorno sentimental, sino como camino práctico hacia Jesucristo, la humildad, la pureza, la obediencia y el servicio de los pobres. Su espiritualidad mariana es sobria, eclesial y misionera: honrar a María, imitarla y enseñar a otros a venerarla.
El núcleo más claro está en las Reglas comunes de la Congregación de la Misión. Allí san Vicente manda venerar “con particular culto a la Santísima Virgen María” y concreta esa devoción en tres actos: hacer cada día algún obsequio a María, imitar sus virtudes —“especialmente su humildad y su pureza”— y exhortar a otros a honrarla (Obras completas, Tomo X, p. 508). Esta triple fórmula resume muy bien su pensamiento: oración, imitación y apostolado.
Para san Vicente, María es sobre todo modelo de vida interior. A las Hijas de la Caridad les recuerda que la Santísima Virgen guardaba en su corazón las palabras de su Hijo; de ahí saca una enseñanza para escuchar, conservar y practicar la Palabra de Dios (Obras completas, Tomo IX/1, pp. 369-370). También la presenta como modelo de humildad: “Tú diste a la santísima Virgen gran abundancia de humildad; por ella te pedimos que a nosotros nos concedas alguna parte” (Conferencia del 25 de mayo de 1654, Obras completas, Tomo IX/1, p. 610).
La devoción vicentina a María está profundamente unida al servicio. En la conferencia sobre el rosario, san Vicente enseña a las Hijas de la Caridad que el Rosario debe rezarse con atención, devoción y reverencia, para pedir las gracias que necesita la Compañía en el servicio del prójimo. Lo llama incluso “vuestro breviario” (Conferencia del 8 de diciembre de 1658, Obras completas, Tomo IX/2, pp. 1145-1147). Pero al mismo tiempo organiza su rezo “para que no estéis mucho tiempo ocupadas en él y no faltéis al servicio de los pobres” (Obras completas, Tomo IX/2, p. 1146). Así se ve el equilibrio vicentino: la oración mariana no aparta de los pobres, sino que sostiene el servicio.
San Vicente invoca a María como intercesora de la pequeña Compañía. Después de preguntar a las hermanas si aceptaban los reglamentos, les dice: “Recemos a la santísima Virgen para que ella pida a su Hijo por nosotros”, y luego ora: “Santísima Virgen… te suplicamos… que asistas a esta pequeña Compañía. Continúa y acaba una obra que es la mayor del mundo” (Conferencia del 29 de septiembre de 1655, Obras completas, Tomo IX/2, pp. 732-733).
En sus cartas también aparece esta devoción. San Vicente despide algunas cartas con la fórmula “en el amor de nuestro Señor y de su santísima Madre” (Carta 785, Obras completas, Tomo II, p. 439; Carta 786, Tomo II, p. 443). En otra carta, al enviar al padre Dehorgny, desea que los destinatarios tengan las disposiciones de san Zacarías y santa Isabel “para recibir las gracias que les trajo la visita de la santísima Virgen” (Carta 604, Obras completas, Tomo II, pp. 207-208).
También enseña el sentido del Ángelus: es una oración para dar gracias a Dios por la Encarnación; recuerda que el ángel anunció a la Virgen que concebiría al Hijo de Dios y que María respondió: “Yo soy la esclava del Señor; ¡que se haga en mí según su palabra!” (Conferencia sobre la distribución del día, Obras completas, Tomo IX/2, p. 1104).
Finalmente, el testimonio biográfico de Abelly confirma que san Vicente recomendaba una devoción especial a la Reina del cielo, llevaba rosario, rezaba el Ángelus con reverencia, visitaba iglesias dedicadas a la Virgen y promovía peregrinaciones para pedir por las necesidades públicas (Vida de san Vicente de Paúl, pp. 611-612).
Cartas y conferencias principales donde la menciona
| Texto | Mención mariana | Referencia |
| Reglas comunes de la Congregación de la misión | Culto especial a María; obsequio diario; imitación de humildad y pureza; exhortar a otros | (Obras completas, Tomo X, p. 508) |
| Carta 604 a Santiago Chiroye | Visita de la santísima Virgen a Isabel como modelo para recibir gracias | (Obras completas, Tomo II, pp. 207-208) |
| Carta 785 | Fórmula final: “en el amor de nuestro Señor y de su santísima Madre” | (Obras completas, Tomo II, p. 439) |
| Carta 786 a Santiago Chiroye | Rosario por un difunto y fórmula final mariana | (Obras completas, Tomo II, p. 443) |
| Carta 830 a Luisa de Marillac | Pregunta por el “el rosario de catorce cuentas” unido a una imagen de la Santísima Virgen | (Obras completas, Tomo II, pp. 491-492) |
| Conferencia del 25 de mayo de 1654 | María como modelo e intercesora de humildad | (Obras completas, Tomo IX/1, p. 610) |
| Conferencia del 29 de septiembre de 1655 | Oración a la Virgen por la perseverancia de la Compañía | (Obras completas, Tomo IX/2, pp. 732-733) |
| Conferencia sobre la obediencia | María en el Magníficat como modelo de humildad | (Obras completas, Tomo IX/2, pp. 964-965) |
| Conferencia sobre la oración | Meditar con una imagen de la Virgen para aprender modestia, escucha y pureza de sentidos | (Obras completas, Tomo IX/2, pp. 1108-1109) |
| Conferencia sobre el ángelus | Sentido de la Encarnación y del fiat de María | (Obras completas, Tomo IX/2, pp. 1103-1104) |
| Conferencia del 8 de diciembre de 1658 | El Rosario como oración eficaz y “breviario” de las Hijas de la Caridad | (Obras completas, Tomo IX/2, pp. 1145-1147) |
En síntesis, san Vicente contempla a María como Madre de Dios, Madre cercana de la Compañía, modelo de humildad y pureza, maestra de oración, intercesora en las necesidades y guía para servir mejor a Jesucristo en los pobres.
