CONFERENCIA DEL 2 DE JUNIO DE 1658
— ¡Bendito sea Dios, hijas mías! Me alegro de ver que lo entendéis bien; en adelante tenéis que ejercitaros en esto y, cuando una hermana tenga que hablar con otra, que se acerque a ella con un rostro gracioso, pero respetuoso; y la otra, lo mismo. Para que lo hagáis mejor, os ruego, hijas mías, que toméis un mes entero para hacer sobre esto el examen de conciencia, para ver si os excedéis en la cordialidad o si…