El nuevo Vicario Apostólico de Tierradentro ha condensado en su escudo episcopal una vida atravesada por la misión: las montañas del Cauca, el mar de Papúa Nueva Guinea, la Eucaristía, María y el llamado de san Vicente de Paúl a evangelizar a los pobres. Su llegada abre, además, un nuevo capítulo en una historia eclesial que tiene más de cuatro siglos.
El 12 de mayo de 2026, el papa León XIV nombró al sacerdote vicentino Homero Marín Arboleda, C.M., nuevo Vicario Apostólico de Tierradentro. La noticia tenía un significado especial para esta porción de la Iglesia colombiana: quien regresaba como pastor no era un desconocido, sino un misionero que había comenzado allí buena parte de su ministerio sacerdotal y que, después de más de dos décadas en Papúa Nueva Guinea, volvía al territorio donde aprendió a caminar entre comunidades indígenas y campesinas.
Con su ordenación episcopal, monseñor Homero presentó también el escudo que acompañará su nuevo ministerio. Más que un elemento protocolario o heráldico, se trata de una síntesis espiritual de su historia: del mar a las montañas, de Tierradentro a Oceanía y nuevamente a Tierradentro; de la misión recibida a la misión que continúa.
Un misionero formado en la escuela de san Vicente
Homero Marín Arboleda nació el 17 de noviembre de 1959 en Circasia, Quindío. Ingresó a la Congregación de la Misión en Medellín y realizó allí su proceso de formación inicial entre 1980 y 1983. Estudió Filosofía en el Seminario La Milagrosa de Medellín y Teología en el Seminario Villa Paúl de Funza, Cundinamarca. Hizo su primera profesión el 2 de febrero de 1982, la profesión perpetua el 24 de noviembre de 1984 y recibió la ordenación sacerdotal el 21 de noviembre de 1987. Estos datos aparecen también consignados en el programa oficial preparado para su ordenación episcopal.
Sus primeros años como sacerdote quedaron profundamente vinculados a Tierradentro. Fue vicario parroquial y posteriormente párroco en Vitoncó; vicerrector y profesor del Seminario Indígena Páez; párroco de Willa; rector del Seminario Menor de Páez y profesor del Seminario Mayor. En 1996 obtuvo la licenciatura en Misionología en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma. Posteriormente fue consejero provincial de la Congregación de la Misión en Colombia, formador y rector del Seminario Mayor La Milagrosa de Medellín.
En 2001 comenzó una nueva etapa que marcaría decisivamente su vida. Fue enviado a Papúa Nueva Guinea, donde permaneció durante cerca de veinticinco años. Allí sirvió como vicerrector del seminario de Bomana, párroco de Holy Name of Jesus, superior de la Misión Lazarista y posteriormente misionero en las islas de Kiriwina y Woodlark, ejerciendo como párroco de San Antonio de Padua y del Beato Juan Mazzucconi.
Así, cuando León XIV lo llamó para regresar a Colombia como Vicario Apostólico, el Papa no enviaba simplemente un nuevo obispo a Tierradentro: hacía regresar a un misionero a una tierra que ya había sido parte de su propia historia sacerdotal.
Un escudo que se convierte en autobiografía espiritual
El escudo episcopal de monseñor Homero está dividido en tres campos. Según el blasón presentado en el programa oficial, aparecen un monte de tres peñas sobre campo azul, la Sagrada Forma con las letras IHS, una estrella dorada de ocho puntas sobre campo rojo y, en la parte inferior, las aguas y una barca. Todo el conjunto está acompañado por su lema episcopal: “Evangelizare pauperibus misit me”.
Su interpretación permite prácticamente recorrer la vida del nuevo obispo.
El propio texto explicativo señala que su itinerario misionero se expresa como “un camino que va desde el mar hasta las montañas nevadas”. No es difícil reconocer allí la geografía espiritual de su vida: el mar y las islas de Papúa Nueva Guinea, donde pasó gran parte de su ministerio, y las montañas de Colombia y de Tierradentro, hacia donde ahora regresa como pastor.
Ese recorrido está iluminado por las palabras de Jesús: “He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!” (Lc 12,49). El programa explica que ese fuego representa el ardor misionero y la fuerza renovadora del Espíritu Santo. La misión episcopal, por tanto, no aparece entendida como administración o dignidad, sino como prolongación del envío recibido desde el Evangelio.
La Eucaristía en el centro
En la parte superior izquierda del escudo aparece la Sagrada Forma con las letras IHS. Su significado es profundamente eclesial: la Eucaristía es presentada como centro de la comunión y de la unidad de la Iglesia.
El texto elegido por monseñor Homero recuerda tanto el misterio de la Encarnación —“El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14)— como la promesa de Jesús: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Para el nuevo Vicario Apostólico, la comunidad encuentra alrededor de la mesa eucarística su fuente y su culminación.
Es una elección especialmente significativa para un territorio como Tierradentro, compuesto por comunidades separadas muchas veces por grandes distancias y una geografía compleja. La Eucaristía aparece en el escudo como aquello que reúne lo diverso y hace de muchos pueblos un solo Pueblo de Dios.
María, Estrella de la Evangelización
Sobre el campo rojo resplandece una estrella de ocho puntas. Representa la dimensión mariana del ministerio de monseñor Homero y su compromiso con la nueva evangelización.
María es contemplada como Estrella de la Evangelización, aquella que acompaña el camino de la Iglesia y conduce siempre hacia Cristo. La referencia escogida para interpretar este símbolo procede de las bodas de Caná: “Hagan todo lo que Él les diga” (Jn 2,5).
Que la ordenación episcopal haya tenido lugar precisamente el 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen María, añade una hermosa resonancia a este aspecto de su espiritualidad episcopal: el comienzo de su ministerio queda colocado bajo la mirada de aquella que señala siempre a Cristo.
Una barca que ha cruzado mares
En la parte inferior aparece una barca sobre las aguas. Es quizá uno de los elementos más expresivos del conjunto.
La barca remite inmediatamente a la misión, al desplazamiento, a la disponibilidad y a la Iglesia que navega. Pero en la vida concreta de monseñor Homero posee además una resonancia profundamente autobiográfica. Durante años su ministerio transcurrió entre comunidades insulares de Papúa Nueva Guinea, especialmente en Kiriwina y Woodlark. Allí el mar no era una metáfora, sino parte cotidiana de la misión.
La barca del escudo parece entonces unir dos mundos que han marcado su existencia: las islas del Pacífico y las montañas del Cauca. El mismo Evangelio que lo llevó mar adentro es el que ahora lo conduce nuevamente a Tierradentro.
Amarillo, azul y rojo: la unidad en medio de la diversidad
El programa episcopal explica además que los colores amarillo, azul y rojo evocan la riqueza multicultural del Pueblo de Dios y su llamado a vivir la unidad en la diversidad.
Para expresar esta convicción aparecen dos referencias paulinas: “Todos ustedes son uno en Cristo Jesús” (Ga 3,28) y “Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu” (1 Co 12,4).
El mensaje posee una fuerza particular en Tierradentro, donde la Iglesia desarrolla su misión en medio de comunidades indígenas, campesinas y otros grupos humanos con identidades, lenguas, tradiciones y procesos históricos propios. La unidad cristiana que propone el escudo no elimina esa riqueza: la recibe y la orienta hacia la comunión.
“Evangelizare pauperibus misit me”: un obispo que sigue siendo misionero vicentino
Debajo del escudo aparece una frase que para cualquier miembro de la Congregación de la Misión resulta inmediatamente familiar:
EVANGELIZARE PAUPERIBUS MISIT ME.
“Me ha enviado a evangelizar a los pobres” (Lc 4,18).
No se trata solamente de un lema episcopal. Es el lema de la propia Congregación de la Misión y una de las expresiones que mejor sintetizan la intuición espiritual recibida de san Vicente de Paúl.
El programa de la ordenación lo explica de manera directa: este lema expresa el corazón del carisma vicentino, que consiste en anunciar la Buena Noticia a los pobres, servirlos con amor y reconocer en ellos el rostro misericordioso de Cristo.
Monseñor Homero no abandona, pues, su identidad misionera al recibir el episcopado. Al contrario: la coloca en el centro de su nueva misión.
Tierradentro: una evangelización que comenzó hace más de cuatro siglos
Para comprender el significado de este regreso hay que mirar la larga historia de la Iglesia en Tierradentro.
Las primeras incursiones evangelizadoras documentadas se remontan a 1613, con los misioneros jesuitas. En 1629 establecieron una residencia en la región y permanecieron allí hasta 1647. Posteriormente, hacia 1657, llegaron los franciscanos, que desarrollaron su misión durante aproximadamente dieciséis años. Tras estas primeras experiencias, sacerdotes enviados desde la Arquidiócesis de Popayán continuaron durante cerca de dos siglos el acompañamiento pastoral de aquellas comunidades.
Un momento decisivo llegó en 1903, cuando Tierradentro fue establecido como “Misión” dentro de la Arquidiócesis de Popayán, en el marco de los acuerdos entre el Estado colombiano y la Santa Sede.
Dos años después, el 16 de julio de 1905, el arzobispo de Popayán confió formalmente aquella misión a la Congregación de la Misión. El convenio fue suscrito entre el arzobispo Manuel José Caicedo y el provincial de los vicentinos, padre Juan Floro Bret. Desde entonces, la historia de Tierradentro y la presencia vicentina quedaron profundamente vinculadas.
De misión a Prefectura Apostólica
El 13 de mayo de 1921, la Santa Sede erigió la Prefectura Apostólica de Tierradentro, manteniendo su atención misionera confiada a la Congregación de la Misión.
En 1923 fue nombrado prefecto apostólico monseñor Emilio Larquère, C.M., quien tomó posesión el 28 de febrero de 1924 y permaneció al frente de la misión hasta su muerte en Belalcázar en 1948. Le siguieron otros misioneros vicentinos: monseñor Enrique Vallejo, C.M.; monseñor Germán García Isaza, C.M.; y monseñor Jorge García Isaza, C.M.
Aquella sucesión de pastores expresa hasta qué punto el crecimiento de esta Iglesia local quedó ligado durante buena parte del siglo XX al esfuerzo de los hijos de san Vicente de Paúl.
1994: la tragedia que cambió Tierradentro
Uno de los capítulos más dolorosos de esta historia ocurrió el 6 de junio de 1994. Un fuerte terremoto y las posteriores avalanchas golpearon dramáticamente la región.
Según la historia oficial recogida por la Conferencia Episcopal de Colombia, cerca de 1.150 personas murieron y alrededor del 60 % de la infraestructura eclesial resultó destruida. La tragedia alteró profundamente la vida social, territorial y pastoral de Tierradentro.
La Iglesia acompañó entonces procesos de reconstrucción que no se limitaron a levantar edificios. Fue necesario reconstruir comunidades, acompañar el duelo, defender la vida, afrontar desplazamientos y continuar anunciando esperanza en un territorio que posteriormente sufriría también los efectos prolongados del conflicto armado.
Del Prefecto al Vicario Apostólico
El 17 de febrero de 2000, san Juan Pablo II elevó la Prefectura Apostólica al rango de Vicariato Apostólico de Tierradentro, mediante la bula Sollicitam curam. Monseñor Jorge García Isaza, C.M., pasó a ser su primer Vicario Apostólico y recibió la ordenación episcopal el 26 de marzo de aquel año en la Catedral de Belalcázar.
Después vendrían monseñor Edgar Hernando Tirado Mazo, M.X.Y., nombrado en 2004, y monseñor Óscar Augusto Múnera Ochoa, designado en 2015. Tras la renuncia de este último, aceptada en julio de 2024, monseñor Marco Antonio Merchán Ladino, obispo de Neiva, asumió la administración apostólica mientras se esperaba el nombramiento del nuevo pastor.
Finalmente, el 12 de mayo de 2026, León XIV puso sus ojos nuevamente en un misionero de la Congregación de la Misión: Homero Marín Arboleda, C.M.
Un regreso cargado de historia
El regreso de un vicentino a la conducción pastoral de Tierradentro tiene, por tanto, un profundo valor histórico.
No significa volver al pasado, sino recibir una herencia para proyectarla hacia el futuro. El propio nombramiento pontificio destaca en monseñor Homero su experiencia misionera y pastoral, su firmeza de ánimo y sus cualidades humanas, confiándole los ministerios de santificar, enseñar y gobernar esta Iglesia. El documento pontificio, fechado en Roma el 12 de mayo de 2026, lo constituye formalmente Vicario Apostólico de Tierradentro y encomienda su misión a la intercesión de la Virgen María y de san Antonio.
Quizá por eso su escudo pueda comprenderse como mucho más que un emblema personal.
En él está el mar que atravesó, la montaña a la que vuelve, la barca de la misión, María que señala a Cristo, la Eucaristía que construye comunión y una frase de san Lucas que lo acompaña desde que escogió seguir a san Vicente de Paúl:
“Me ha enviado a evangelizar a los pobres”.
Tierradentro recibe ahora a un nuevo pastor. Pero, de algún modo, también recibe de regreso a uno de sus antiguos misioneros.
El camino continúa.

