Tierradentro recibe a su nuevo pastor: histórica ordenación episcopal y posesión canónica de Mons. Homero Marín Arboleda, C.M.

Tierradentro recibe a su nuevo pastor: histórica ordenación episcopal y posesión canónica de Mons. Homero Marín Arboleda, C.M.

Belalcázar vivió este sábado 15 de agosto una jornada que quedará grabada en la historia del Vicariato Apostólico de Tierradentro. En una multitudinaria celebración, el misionero vicentino Homero Marín Arboleda, C.M., recibió la ordenación episcopal e inició oficialmente su ministerio como Vicario Apostólico de esta Iglesia del Cauca.

Las montañas de Tierradentro fueron escenario este 15 de agosto de 2026 de uno de los acontecimientos eclesiales más significativos de los últimos años para la región.

Desde primeras horas de la mañana, comunidades provenientes de distintos lugares comenzaron a llegar a Belalcázar, municipio de Páez, para participar en la celebración realizada en la Catedral San Antonio de Padua, sede del Vicariato Apostólico. La Arquidiócesis de Popayán había convocado oficialmente a los fieles para acompañar tanto la ordenación episcopal como la posesión canónica del nuevo Vicario Apostólico.

De acuerdo con la información local difundida tras la celebración, más de 2.000 fieles participaron en la jornada. La presencia de comunidades, sacerdotes, religiosos, autoridades, delegaciones y obispos convirtió las calles y los alrededores de la Catedral en una verdadera manifestación de fe.

No era simplemente la llegada de un nuevo obispo.

Era el regreso de un misionero.

El misionero que volvió convertido en pastor

Monseñor Homero Marín Arboleda conoce Tierradentro desde mucho antes de haber sido llamado al episcopado.

Su relación pastoral con esta región se remonta a los comienzos mismos de su sacerdocio. Sirvió en Vitoncó, Willa y los seminarios indígenas de Páez; fue párroco, profesor, formador y rector. Aquellos años le permitieron entrar en contacto directo con las comunidades indígenas y campesinas, comprender la complejidad geográfica del territorio y conocer los desafíos culturales y sociales que han acompañado históricamente la evangelización de la región.

Después vendrían Roma, Medellín y finalmente Papúa Nueva Guinea, adonde llegó en 2001. Durante cerca de veinticinco años desempeñó allí diversos servicios como formador, párroco, superior de misión y evangelizador en territorios insulares.

Por eso su llegada a Belalcázar tuvo un significado particular: quien alguna vez caminó estas montañas como joven sacerdote regresaba ahora para asumir el cuidado pastoral de toda la jurisdicción.

Una celebración en la solemnidad de la Asunción

La fecha elegida añadió un profundo tono espiritual a la jornada.

La ordenación tuvo lugar el 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, una de las principales celebraciones marianas del calendario litúrgico.

La coincidencia resulta especialmente significativa al conocer el nuevo escudo episcopal de monseñor Homero: en él aparece una estrella dorada que representa precisamente la dimensión mariana de su ministerio y a María como Estrella de la Evangelización, aquella que continúa diciendo a la Iglesia: “Hagan todo lo que Él les diga” (Jn 2,5).

Así, su ministerio episcopal comenzó litúrgicamente bajo una fiesta que proclama la esperanza cristiana y dirige la mirada hacia María.

Monseñor Omar Alberto Sánchez presidió la ordenación

La celebración eucarística fue presidida por monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, O.P., arzobispo metropolitano de Popayán, quien actuó como obispo ordenante principal.

Junto a él participaron obispos provenientes de diferentes jurisdicciones eclesiásticas, además de numerosos sacerdotes, miembros de la vida consagrada y representantes del Pueblo de Dios. Publicaciones realizadas durante la jornada confirmaron la presidencia del arzobispo de Popayán y el carácter solemne de la ordenación.

La presencia de distintos pastores tuvo un significado que va mucho más allá de lo protocolario: una ordenación episcopal manifiesta visiblemente la sucesión apostólica y la comunión del Colegio Episcopal. El nuevo obispo no comienza una misión aislada, sino que es incorporado sacramentalmente al servicio apostólico de la Iglesia.

El mandato de León XIV fue proclamado ante la Iglesia

Uno de los momentos esenciales de la celebración fue la presentación del elegido y la lectura del mandato apostólicomediante el cual el papa León XIV lo había designado Vicario Apostólico de Tierradentro.

El documento comienza dirigiéndose a Homero Marín Arboleda como miembro de la Congregación de la Misión y recuerda que, tras la renuncia de monseñor Óscar Augusto Múnera Ochoa, Tierradentro esperaba un nuevo pastor que condujera su vida eclesial.

En un pasaje especialmente significativo, León XIV destaca la entrega de monseñor Homero a la actividad misionera y pastoral, junto con su firmeza y sus cualidades humanas, considerándolo apto para ejercer los ministerios de santificar, enseñar y gobernar en la Iglesia.

Posteriormente, el documento establece expresamente:

“Te constituimos Vicario Apostólico de Tierradentro”.

Con estas palabras, el Sucesor de Pedro le confía los derechos y responsabilidades propios de su nuevo oficio y pide al clero y al pueblo del Vicariato que caminen bajo su guía procurando cumplir la voluntad de Cristo en la vida cotidiana.

La bula concluye invocando para el nuevo pastor la intercesión de la Bienaventurada Virgen María y de san Antonio, patrono de la Catedral de Belalcázar. Fue dada en Roma, junto a San Pedro, el 12 de mayo de 2026, segundo año del pontificado de León XIV.

“¿Quieres anunciar con fidelidad el Evangelio de Cristo?”

Tras la homilía comenzó propiamente el rito de la ordenación.

Como establece la liturgia de la Iglesia, el elegido manifestó públicamente su disposición para asumir las responsabilidades del episcopado: anunciar fielmente el Evangelio, conservar íntegro el depósito de la fe, edificar la Iglesia, permanecer en comunión con el Sucesor de Pedro, cuidar al Pueblo de Dios y mostrarse cercano especialmente a quienes más necesitan la misericordia del Señor.

El propio programa preparado para la celebración introduce este momento recordando que ser obispo supone estar dispuesto a cumplir fielmente las tareas confiadas por la Iglesia.

No se trata de una formalidad. Antes de recibir los signos externos del episcopado, el elegido pronuncia públicamente su  a una vida puesta al servicio del Evangelio.

Postrado en tierra mientras el pueblo oraba

Uno de los momentos más intensos de toda ordenación episcopal llegó cuando monseñor Homero se postró en tierra.

Mientras permanecía tendido ante el altar, signo de humildad y total entrega a Dios, la asamblea elevó las Letanías de los Santos, invocando la intercesión de la Iglesia celestial sobre quien estaba a punto de ser incorporado al orden episcopal. Publicaciones de la celebración registraron este momento de oración acompañado por las respuestas del pueblo.

Fue una imagen profundamente expresiva: delante de una multitud, quien iba a convertirse en pastor comenzó su ministerio no de pie, sino postrado.

Antes del báculo, estuvo la entrega.

Antes de la autoridad, la oración.

Antes de conducir al pueblo, se puso él mismo en manos de Dios.

La imposición de las manos: el corazón de la ordenación

Llegó después el momento central del sacramento.

Monseñor Omar Alberto Sánchez impuso las manos sobre la cabeza del elegido. Tras él, los demás obispos presentes realizaron el mismo gesto.

Es uno de los signos más antiguos de la tradición apostólica: la misión recibida por los apóstoles continúa transmitiéndose sacramentalmente mediante la oración de la Iglesia y la imposición de las manos.

A continuación fue pronunciada la oración de ordenación, mientras el Libro de los Evangelios ocupaba un lugar central en el rito, expresando que la vida del nuevo obispo deberá permanecer siempre bajo la autoridad de la Palabra que está llamado a anunciar.

Desde aquel momento, el padre Homero Marín Arboleda era ya monseñor Homero Marín Arboleda, obispo y Vicario Apostólico de Tierradentro.

Crisma, Evangelio, anillo, mitra y báculo

La liturgia continuó con los signos que manifiestan la misión recibida.

La unción con el santo crisma recordó que el nuevo obispo ha sido configurado de manera particular para participar de la misión de Cristo Pastor.

La entrega del Evangelio manifestó que su primera responsabilidad será anunciar la Palabra de Dios con fidelidad.

El anillo episcopal expresó su fidelidad y unión con la Iglesia que le ha sido confiada.

La mitra recordó su llamada a la santidad y su responsabilidad de enseñar.

Finalmente, recibió el báculo pastoral: el signo visible del pastor llamado a reunir, acompañar, proteger y conducir al rebaño.

Publicaciones realizadas durante la celebración registraron especialmente la entrega del báculo y el anillo, en medio de la emoción de quienes acompañaban al nuevo obispo.

No fueron adornos de una nueva dignidad. Cada uno señaló una responsabilidad.

El báculo no significa poder: significa pastorear.

El anillo no significa privilegio: significa fidelidad.

La mitra no significa superioridad: significa servicio a la verdad.

Tierradentro volvió a tener pastor propio

La celebración tuvo además una dimensión canónica de particular importancia.

Desde que el papa Francisco aceptó, el 20 de julio de 2024, la renuncia de monseñor Óscar Augusto Múnera Ochoa, el Vicariato había quedado bajo la administración apostólica de monseñor Marco Antonio Merchán Ladino, obispo de Neiva.

Con la posesión canónica de monseñor Homero terminó ese periodo de administración y comenzó formalmente una nueva etapa pastoral.

Tierradentro volvió a tener un Vicario Apostólico propio.

Y, de una manera especialmente significativa para su historia, volvió a recibir al frente de la jurisdicción a un miembro de la Congregación de la Misión, comunidad a la que la evangelización sistemática del territorio fue confiada a comienzos del siglo XX.

Una multitud que representaba la diversidad de Tierradentro

Al interior y alrededor de la Catedral, la celebración desbordó cualquier dimensión puramente institucional.

Más de dos mil fieles, según el balance local compartido tras la ceremonia, acompañaron la jornada. Llegaron comunidades de diferentes lugares de Páez y de la región de Tierradentro; participaron indígenas, campesinos, familias, adultos mayores, jóvenes y niños.

Los cantos, los abrazos y las expresiones de bienvenida mostraron algo que las cifras por sí solas no pueden explicar: un pueblo quería encontrarse con su nuevo pastor.

Tierradentro es una realidad profundamente diversa. Su geografía difícil, sus comunidades indígenas, su población campesina, sus tradiciones y las heridas que ha dejado la violencia convierten el ministerio episcopal en este territorio en una auténtica misión de cercanía.

La Conferencia Episcopal ha recordado precisamente que la jurisdicción ha debido afrontar durante décadas desafíos relacionados con la diversidad cultural, el aislamiento geográfico, la violencia y grandes tragedias naturales, manteniendo una presencia eclesial comprometida con la vida, la reconciliación y la construcción de paz.

Una Iglesia marcada por la resistencia y la esperanza

Quienes llenaron Belalcázar no pertenecen a una Iglesia ajena al sufrimiento.

Tierradentro conserva todavía la memoria del terremoto y la avalancha del 6 de junio de 1994, que dejaron cerca de 1.150 muertos y destruyeron buena parte de la infraestructura de la región. También ha padecido durante años las consecuencias del conflicto armado y las dificultades propias de un territorio de montaña.

Por eso la llegada de un nuevo pastor posee también un significado de esperanza.

No llega a una Iglesia sin historia.

Llega a una Iglesia que ha enterrado a sus muertos, levantado nuevamente sus templos, reconstruido comunidades y continuado celebrando la fe aun en las circunstancias más difíciles.

“Me ha enviado a evangelizar a los pobres”

Al asumir su nueva misión, monseñor Homero no escogió un lema extraño a su historia.

Eligió las mismas palabras que han acompañado durante siglos a los hijos de san Vicente de Paúl:

“Evangelizare pauperibus misit me” — “Me ha enviado a evangelizar a los pobres” (Lc 4,18).

El programa de la ordenación señala que este lema expresa el corazón del carisma vicentino: anunciar la Buena Noticia a los pobres, servirlos con amor y descubrir en ellos el rostro misericordioso de Cristo.

Después de Tierradentro, Roma, Medellín y casi veinticinco años en Papúa Nueva Guinea, la misma frase continúa acompañándolo.

Cambió el continente.

Cambió la responsabilidad.

Cambió el báculo.

Pero no cambió la misión.

Un nuevo capítulo comienza

Al concluir la celebración, Belalcázar tenía ya un nuevo obispo y Tierradentro un nuevo Vicario Apostólico.

Para monseñor Homero, comenzaba también una etapa inesperada de la misma historia que inició cuando llegó como joven sacerdote a aquellas montañas.

Entonces llegó para aprender a ser misionero.

Hoy regresa para ser pastor.

La barca que aparece en su escudo parece haber alcanzado nuevamente estas montañas. Después de cruzar el Pacífico y servir durante décadas en territorios lejanos, su camino misionero vuelve a encontrarse con las comunidades que conoció en los primeros años de su sacerdocio.

El 15 de agosto de 2026 quedará así en la memoria eclesial de Tierradentro: el día en que una multitud recibió a su nuevo pastor y un antiguo misionero volvió a casa para continuar anunciando el Evangelio.

Comienza ahora una nueva página.

Y sobre ella permanece escrita la frase que resume toda una vida:

“Me ha enviado a evangelizar a los pobres”.

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