CONFERENCIA DEL 25 DE NOVIEMBRE DE 1658
¡Salvador mío! Quien pudiera ver el amor que tienes a las almas buenas sería imposible que no se viera arrastrado por el amor a un Esposo que quiere con tanto cariño a sus esposas. Es un fuego que hace arder a todos cuantos se le acercan como es debido. Pero las que no son vigilantes, que se despierten y que no esperen a mañana, no sea que venga el Esposo y las rechace. Hijas mías, afiancémonos en esta…