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mente con lo que Dios ordene. No me dan ninguna señal de impaciencia ni de murmuración; al contrario, parece como si estuvieran dispuestos a sufrir todavía más. ¿Es ésa nuestra disposición, padres y hermanos míos? ¿Estamos dispuestos a padecer las penas que Dios nos envíe, y a ahogar los movimientos de la naturaleza para no vivir más que la vida de Jesucristo? ¿Estamos preparados para ir a Polonia, a Berbería, a las Indias, para sacrificar allí nuestros gustos…
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Pero si, por el contrario, hay algunos que tienen miedo de abandonar sus comodidades, que son tan blandos que se quejan de la más pequeña cosa que les falta, tan delicados que quieren cambiar de casa y de ocupación, porque el aire no es bueno y el alimento pobre, o porque no tienen suficiente libertad para ir y para venir; en una palabra, padres, si hay alguno entre nosotros que siga siendo esclavo de la naturaleza, entregado a…
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¡Y nosotros estamos aquí tan tranquilos, sin corazón y sin celo! ¡Vemos cómo los demás se exponen a los peligros por amor a Dios y nosotros somos tan tímidos como pollos mojados! ¡Qué miseria! ¡Qué ruindad! Allá van dos mil soldados a la guerra a soportar toda clase de males, donde uno perderá un brazo, otro la pierna, y muchos la vida, por un poco de viento y por esperanzas muy inciertas; sin embargo, no tienen miedo alguno…
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no hay casi nadie que se mueva; muchas veces, los que han acometido la empresa de conquistarlo llevan una vida tan cobarde y tan sensual, que es indigna no solamente de un sacerdote y de un cristiano, sino hasta de un hombre razonable; y si hubiese entre nosotros personas semejantes, no serían más que cadáveres de misioneros. Bien, Dios mío; ¡bendito seas y glorificado para siempre por las gracias que concedes a los que se abandonan a ti!…
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La salvación de los pueblos y nuestra propia salvación son un beneficio tan grande que merece cualquier esfuerzo, a cualquier precio que sea; no importa que muramos antes, con tal que muramos con las armas en la mano; seremos entonces más felices, y la compañía no será por ello más pobre, ya que sanguis martyrum semen est christianorum 5. Por un misionero que haya dado su vida por caridad, la bondad de Dios suscitará otros muchos que harán…
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Sí, Dios mío, todos queremos responder a los designios que tienes sobre nosotros. Es lo que nos proponemos todos en general, y cada uno en particular, mediante tu san________ 5 Cita completa de Tertuliano: «Pluries efficimur quoties metimur a vobis; semen est sanguis christianorum» (Apologeticus: PL 1.535). 290
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Y creo que él entonces entregó la tercera parte, y además no vendió a ninguno. Ya veis la fuerza y la generosidad del hijo de una madre tan buena. Así pues, se los ofreceremos a todos ellos al Señor, junto con los esclavos con quienes trabajan y consumen su vida estos dos hijos suyos tan bendecidos por Dios. 102 [179, XI, 447-449] C ONFERENCIA DE [1658]. 1 ABNEGACIÓN DE JUAN LE VACHER CON LOS ESCLAVOS Misión de Juan…
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He recibido una carta del padre Le Vacher, que está en Túnez, en la que me indica que, habiendo llegado una galera de Argel a Bizerta, que está a diez o doce leguas de allí, no sabía qué hacer para ir hasta allá, ya que ordinariamente los visita para atenderlos, no sólo espiritual, sino corporalmente; y como se veía privado de dinero, estaba muy preocupado, sin saber si debería ir o no, ya que esas pobres gentes tienen…
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VII, p. 105) cuando san Vicente se enteró de los compromisos económicos contraídos por Juan Le Vacher para socorrer al hermano Juan Barreau, cónsul en Argel. 319
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visto desde la galera y reconocido por el hábito, aquellas pobres gentes empezaron a dar señales de júbilo con grandes gritos y a decir: «Allí está nuestro libertador, nuestro pastor, nuestro padre»; y habiendo subido a la galera, todos aquellos pobres esclavos se echaron sobre él, llorando de cariño y de alegría al ver a su libertador espiritual y corporal; se echaban de rodillas a sus pies y le cogían, uno por la sotana, otro por el manteo,…
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Luego el padre Le Vacher compró tres toros, los más cebados que pudo encontrar, los mandó matar y se los distribuyó; también hizo que cocieran mucho pan y de esta forma trató a aquellos pobres esclavos corporalmente, mientras que hacía todo lo posible por darles el alimento espiritual, que es mucho más necesario para la gloria de Dios, catequizándoles e instruyéndoles en los misterios de nuestra santa fe, y finalmente confortándoles con mucha caridad. Esto duró ocho días,…
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¡Oh Salvador, cuánto bien hace un sacerdote! Ya veis cómo es el motivo de que hasta los infieles respeten nuestra religión. Esto me lo ha confirmado igualmente el padre Felipe Le Vacher, su hermano, cuando le pregunté cómo se portaban los turcos frente a nuestra religión; me dijo que, en lo referente a las cosas espirituales. eran de320