AL SEÑOR DE COMET
Así pues. mi estado en una palabra es tal que estoy en esta ciudad de Roma, donde continúo mis estudios, mantenido por monseñor el vicelegado que era de Aviñón 3, que me concede el honor de estimarse y de desear mi ascenso, por haberle enseñado muy bellas cosas curiosas que aprendí durante mi esclavitud con aquel viejo turco a quien, como ya le escribí, había sido vendido; entre las cuales curiosidades está el comienzo, aunque no la total…